26 de Feb de 2020

Deportes

Icono del fútbol y figura de paz

PANAMÁ. Además de cautivar a los amantes del fútbol con sus goles, asistencias y jugadas, Roberto Baggio llegó al corazón de mucha gente...

PANAMÁ. Además de cautivar a los amantes del fútbol con sus goles, asistencias y jugadas, Roberto Baggio llegó al corazón de mucha gente a nivel mundial por su espíritu pacífico y su trabajo filantrópico.

En varias entrevistas cuando se le cuestionó sobre religión, ‘Il Divino’ reconoció que siempre necesitó ‘algo más profundo que el cristianismo’. Por diversas razones en su vida, hoy es un fiel practicante del budismo Nichiren con varios años de experiencia, y pertenece al grupo Soka Gakkai.

Durante sus 22 años como futbolista profesional, en los que ganó dos títulos de Serie A, una Copa Italia y una Copa UEFA y fue segundo con la selección azzurra en el Mundial de 1994, Baggio realizó trabajos comunitarios y beneficios de alto calibre.

En noviembre de 2010 fue distinguido con el Premio Cumbre de la Paz 2010, que otorgan anualmente los galardonados con el Premio Nobel de la Paz.

Esta distinción al jugador nacido en Caldogno reconoce los esfuerzos del deportista en diversas obras de beneficencia y campañas de bien común.

Los fundamentos por los que Baggio recibió esta distinción son por su trabajo en la financiación y equipamiento de hospitales, el socorro de los damnificados por el terremoto de Haití, la campaña para lograr la libertad de la dirigente opositora birmana Aung San Suu Kyi, y su cooperación con los programas de las Naciones Unidas.

LA LLEGADA AL BUDISMO

Baggio nunca estuvo cómodo con ser una figura de adoración pública. Varios sucesos lo llevaron a cuestionarse sobre el budismo, pero hubo dos que definitivamente aceleraron su adopción de esta religión.

El primer trauma se remonta a 1990, cuando un forzado traspaso de la Fiorentina, club donde debutó en Serie A y fue el primer gran ídolo, al poderoso Juventus. Esto desencadenó en que los admiradores provocaran graves incidentes en las calles de Florencia, donde se registraron 50 heridos, y el jugador tuvo que dejar la ciudad en el baúl de un carro.

El segundo, y probablemente uno de los momentos más memorables del fútbol, fue en la final del Mundial de Estados Unidos 1994 ante Brasil.

A pesar de que era el experto en patear penales, Baggio falló en su turno y Brasil se coronó campeón.

La repercusión mundial que generaba el jugador italiano, hoy de 44 años, por ser futbolista, llevó a que se replanteara muchas cosas en su vida, sobre todo en el aspecto espiritual.

Gracias a su riqueza y a su condición, Baggio, considerado uno de los mejores futbolistas italianos de todos los tiempos, logró ayudar a miles de personas y transmitió paz desde sus gritos de gol.