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Benjamín Oglivie: el panameño que conquistó Milwaukee a punta de cuadrangulares
- 02/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Nacido un 11 de febrero de 1949, su nombre con el paso de los años, se convertiría en sinónimo de elegancia en el cajón de bateo y en uno de los bateadores zurdos más respetados en la historia de las Grandes Ligas.
Oglivie creció en una época compleja para el pelotero panameño. A finales de los años 60, abrirse paso en el béisbol profesional estadounidense no dependía solo del talento, sino de mucha fortaleza mental.
Su calidad lo llevó primero al béisbol universitario de los Estados Unidos con la Wayne State University, en Detroit, una vitrina que le permitió ser visto por los cazatalentos. Fue así como los Medias Rojas de Boston le echaron el ojo y lo seleccionaron en el Draft de 1968 en la ronda 11, con la selección general 247.
El camino no fue un jardín de rosas. Oglivie tuvo que madurar su juego, perfeccionar su disciplina en el plato y adaptarse a la vida lejos de Colón. Tras varias temporadas en ligas menores con Boston, por fin le llegó el ansiado llamado. El 4 de septiembre de 1971, Ben hizo su debut oficial en las Grandes Ligas con los Medias Rojas. En aquellos tiempos, ver a un panameño en el máximo nivel de la Gran Carpa era un auténtico acontecimiento nacional. Cada turno de Oglivie se sentía como un logro colectivo de todo el pueblo panameño.
Su paso por Boston estuvo lleno de aprendizaje, compartiendo equipo con figuras de la talla de Carl Yastrzemski. Sin embargo, la organización de los Medias Rojas contaba con jardineros elites, lo que limitaba las oportunidades de Ben para jugar todos los días. En 1974 pasó a los Tigres de Detroit, donde empezó a demostrar con mayor regularidad la fuerza de sus muñecas, conectando dobles y cuadrangulares con más frecuencia. Pero el destino le tenía reservado su mejor capítulo en otra ciudad del joven circuito.
Es en 1978 cuando Oglivie llega a los Cerveceros de Milwaukee, y fue allí donde su carrera despegó hacia el estrellato. Ben se transformó en una auténtica pesadilla para los lanzadores de la Liga Americana. No solo era un bateador de poder, sino que poseía una de las mecánicas más singulares de la época: antes de que el lanzador soltara la bola, movía y agitaba el bate en círculos de una manera que parecía casi hipnótica. Ese movimiento, parecí darle el balance perfecto para descargar toda la fuerza de su swing.
Fue la época dorada de los Cerveceros, un equipo que se ganó el apodo de “Harvey’s Wallbangers” (los rompecercas de Harvey) debido a su estilo de juego agresivo y su ofensiva demoledora. En ese dogout compartía alineación con leyendas del calibre de la talla de Robin Yount, Paul Molitor, Cecil Cooper y Gorman Thomas. Aquella alineación daba miedo, y Oglivie era el motor zurdo que equilibraba todo el ataque.
La temporada de 1980 fue, sin duda, la mejor de su carrera. Estuvo intratable durante todo el año, desatando una batalla por el liderato de cuadrangulares de la Liga Americana contra nada más y nada menos que el histórico Reggie Jackson, la gran estrella de los Yankees de Nueva York. Ese año terminó empatado con Jackson en la cima de los jonroneros con 41. Con este hito, Oglivie hizo historia al convirtiese en el primer jugador no nacido en los Estados Unidos en comandar el departamento de jonrones en la Liga Americana.
Dos años más tarde, en 1982, esa poderosa artillería de Milwaukee dio sus mejores frutos. Oglivie, bateando para .244 con 34 jonrones y 102 carreras empujadas en la temporada regular, comandó a los Cerveceros a ganar el banderín de la Liga Americana y a clasificar a la Serie Mundial. Aquel Clásico de Otoño contra los Cardenales de San Luis fue una batalla épica que se extendió hasta los siete compromisos. Aunque Milwaukee se quedó a las puertas de la gloria, aquel equipo de 1982 se ganó el respeto eterno de todo el béisbol y un lugar muy especial en la nostalgia de los fanáticos.
Cuando uno se sienta a revisar la hoja de vida de Benjamín Oglivie en las Grandes Ligas tras 16 temporadas, las estadísticas adquieren una dimensión tremenda:
Disputó 1,754 partidos en el mejor béisbol del mundo. Acumuló 5,913 turnos oficiales al bate, conectando 1,615 imparables para un sólido promedio de por vida de .273. Conectó 235 cuadrangulares, remolcó 901 carreras y anotó en 784 ocasiones.
Su rendimiento lo llevó a ser seleccionado en tres ocasiones al Juego de Estrellas (1980, 1982 y 1983) y a ganar el prestigioso premio Bate de Plata en 1980 como el jardinero izquierdo más ofensivo de su liga.
El 5 de octubre de 1986, vistiendo los colores de Milwaukee, saltó al terreno para disputar su último juego en las Grandes Ligas. Pero a Ben todavía le quedaba mucha pólvora en el bate y el retiro definitivo no estaba en sus planes. En una época donde todavía era muy raro y poco común que los peloteros consolidados de Grandes Ligas se marcharan a jugar a Asia, Oglivie armó sus maletas, cruzó el charco y aceptó el reto de unirse a los Kintetsu Buffaloes de la Liga Profesional de Béisbol de Japón (NPB) para las temporadas de 1987 y 1988.
Muchos pensaban que el cambio cultural y el estricto sistema de entrenamiento japonés mermarían su rendimiento, pero no fue así. Se adaptó de forma espectacular y destrozó los picheos nipones durante su estancia de dos años. En la NPB participó en 224 juegos, dejando un impresionante promedio de bateo de .306, con 246 hits y 46 jonrones, demostrando que la calidad de su swing no conocía de fronteras ni de zonas horarias.
Tras su exitosa aventura en el béisbol asiático, intentó un último regreso a las Grandes Ligas jugando en los ligas menores, pero el tiempo no perdona y decidió colgar los spikes de manera definitiva. Sin embargo, su mente brillante y su profundo conocimiento de las situaciones de juego hicieron que fuera imposible para él alejarse de los terrenos de juego.
Casi de inmediato inició su carrera como instructor y coach de bateo, trabajando con varias organizaciones de Grandes Ligas, trabajando en diferentes niveles para los Padres de San Diego, los Rays de Tampa Bay, los Cerveceros de Milwaukee y los Tigres de Detroit.
En febrero de 2012 fue exaltado al Salón de la Fama del Béisbol Latino en una emotiva ceremonia en la República Dominicana. Este reconocimiento internacional no hizo más que certificar lo que en Panamá ya se sabía desde hacía décadas: Ben Oglivie pertenece a la aristocracia del Rey de los deporte.
Hoy en día, las gradas del American Family Field en Milwaukee todavía recuerdan con profunda nostalgia aquel característico movimiento de bate y los kilométricos jonrones que salían de su bate.
Ben Oglivie no fue simplemente un jonronero más en las estadísticas de MLB; fue uno de esos valientes pioneros que, a base de puro talento, disciplina y orgullo colonense, derribó barreras y le abrió de par en par las puertas del éxito a las futuras generaciones de peloteros panameños que hoy en día brillan con luz propia en las Grandes Ligas.