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- 05/02/2015 01:00
Cuba llegó a la Serie del Caribe con un objetivo muy específico: borrar la imagen que dejó el año pasado, cuando terminó en último lugar.
Las cosas no han resultado como se esperaba. Los Vegueros de Pinar del Río no han sido muy diferentes al equipo de Villa Clara, que el año pasado solo ganó un partido en la serie.
Reforzado con lo que tiene a mano, los pinareños han caído dos veces (sin contar lo sucedido anoche ante Puerto Rico), anotando solo dos carreras en 18 episodios.
‘Nos ha fallado en bate a la hora buena’, reconoció el técnico Alfonso Urquiola, un hombre con mucha experiencia como pelotero y como director.
El equipo tampoco ha respondido con sus brazos; aunque los abridores Freddy Álvarez y Norge Ruiz, uno de los observados por los buscadores de talento, hicieron un trabajo aceptable ante México y República Dominicana, los relevos no han sido efectivos.
¿GUARDANDO ESTRELLAS?
Después de apreciar los dos primeros encuentros de Cuba, algunos escuchas sostienen que el mánager Urquiola no ha querido presentar algunos de sus jugadores jóvenes, razón por la que un crecido número de caza talentos de equipos de Estados Unidos y Japón, principalmente, están presentes.
La ficha principal es Lourdes Gourriel, un chico de solo 20 años en el que todos tienen sus ojos puestos.
Es considerada como la gran joya del béisbol cubano, de lo que se ha quedado en la isla, una prenda codiciada entre los equipos profesionales, que no escatimarían en ofrecerle una buena suma de dinero.
El otro pelotero es el lanzador Liván Moinelo, de apenas 19 años, uno de los dos zurdos que Pinar del Río trajo a esta serie.
Ya le vieron en acción como relevo ante México, a los que solo les permitió un imparable en 1.2 episodios.
En cambio, Urquiola ha usado como relevo en los dos partidos a Jonder Martínez, un veterano de 36 años, que parece haber dejado todo en la serie local.
CONSECUENCIAS
Un nuevo descalabro supondría el cierre de un ciclo en el béisbol cubano.
No pasar al menos a semifinales del torneo representaría un duro golpe al resurgimiento internacional del béisbol en la isla, y posiblemente, su última aparición en la Serie del Caribe, a la que regresó después de más de 50 años de ausencia, aunque con muy poco suerte.