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- 18/11/2012 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️PANAMÁ. Como parte y conocedor de la historia de la hípica nacional, citaré una réplica exacta de un artículo de la revista titulada ‘50 años de Hípica en Panamá (1922-1972)’, publicada el 12 de noviembre de 1972, en celebración de una fecha importante para este deporte a nivel nacional. Fue hecha en memoria del panameño José Pablo Paredes.
Pero antes, haré referencia a dos personajes que con solo mencionar sus nombres, es posible asociarlos con la hípica panameña: Temístocles Díaz y Felipe Motta. Todo esto, sin restar méritos a otras personalidades como Roberto Reid, quien fue jinete y actualmente se destaca como médico urólogo y Leroy Husband, quien fungió como gerente del hipódromo.
Felipe Motta, quien fue deportista hípico y filántropo de padres jamaiquinos, al referirse a los importantes aportes hechos por los anglo-caribeños (afrodescendientes) a la hípica nacional, expresó: ‘aunque algo tardío, no visualizo otro conglomerado con mayores méritos que las Antillas para merecer un homenaje, ya que sin el concurso de sus familiares y apoyo consistente y el conocimiento, la hípica no hubiese logrado despegar.’
En la misma revista, Temístocles Díaz enfatizó: ‘A parte de Raúl Espinoza (como pioneros de la hípica nacional) está las colonia antillana. Debo mencionar a Henrry ‘Takeaway’ White, porque su participación en aquellos días, primero como jinete, y luego como preparador fue sumamente interesante.
En cuanto a la colonia antillana, diría que su presencia y participación en la vida hípica fue también sumamente notoria, ya que la gran mayoría venían de Jamaica, donde se celebraban carreras y sentían gran pasión por esta actividad’.
‘LA COLONIA ANTILLANA CONTRIBUYÓ AL ÉXITO DE LA HIPICA PANAMEÑA’
‘Si bien es verdad que nuestro país no tendría hípica sin el espíritu emprendedor de un enamorado del caballo de carreras cono Raúl Espinosa, que arriesgó su fortuna en la empresa de fundación del hipódromo, también es cierto que la hípica no habría calado en nuestro ambiente con tanta rapidez de no haber existido una gran colonia antillana.
Fueron los inmigrantes procedentes de la Antillas Británicas, dueños de una tradición hípica, heredada de los colonizadores ingleses, quienes brindaron a la incipiente hípica panameña las dos fuerzas que le eran indispensables: la de trabajo y la de apoyo.
CONOCIMIENTOS
La de trabajo, porque viniendo de regiones donde ya existían las carreras de caballos, tenían los conocimientos sobre el trato y el acondicionamiento de los de los jamelgos para presentarlos en competencia.
Y la fuerza de apoyo, la más importante, sin duda alguna, porque ya habían asistido antes a funciones hípicas en sus tierras natales de allende el Mar Caribe y su sangre hervía con deseos de apostar unos cuantos pesos a burros, cosa que no podía decirse de los panameños que nunca antes habían contemplado espectáculos de esa naturaleza.
FUERZA LABORAL
De esta manera la colonia antillana produjo la fuerza laboral de los establos, desde los humildes peones hasta los entrenadores y los jinetes. Y también suministró el gran volumen de los apostadores iníciales, que permitieron al Hipódromo cubrir gastos desde sus comienzos.
Desde entonces, la influencia de los antillanos y sus descendientes habría de ser decisiva en el hipismo nacional.
ANTILLANOS FAMOSOS
Entre los mas famosos acondicionadores y dueños de caballos habrían de estar Jim Towey, todo un caballero en el amplio sentido de la palabra; y Henry ‘Takeaway’ White, una verdadera catedral de conocimientos hípicos.
Es bueno recordar también entre los primeros dueños Mister John Walker y a Arthur ‘Poquito Poquito’ Davis a David Barnes, Edward Gittens, un gran sastre y un excelente acondicionador de pencos de carreras; a Charlie Archambeau e Iván Grace, que además fueron jinetes en sus faenas de asistente del juez de partidas con las de dueño y criador de caballos.
La pareja que formaron Fitz Myers y Cyril Marrett, vinculados profesionalmente a una imprenta, pero cuya satisfacción era correr jamelgos en el viejo hipódromo de Juan Franco.
Y asi podemos seguir mencionando a Pee Wee Brown, quien alegaba haber ganado la primera carrera pública que se celebró en Juan Franco y después fue excelente acondicionador; a Doc Brown; Alberto Bloomfield, John Doyle, uno de cuyos hijos fue jinete; a Oscar James, cuyo hijo fue jinete estelar que llegó a ganar seis carreras en una tarde.
OTROS EXPONENTES
Más adelante la hípica panameña contaría con el patrocinio de la familia Comrie y de la familia Alvaranga, de Oliver ‘Tunney’ Bernal; los jinetes Kirten, Ferguson, Woosley Johnson, Rudy McNeil, Freddie Rose, el inolvidable Bobby Reid, que ganaba carreras a expuertas para costearse sus estudios universitarios y hoy día es un profesional de la medicina en el Estado de Nueva York.
La familia Surgeon, de Bocas del Toro, fue una de las primeras en dedicarse a la cría de caballos. Los programas de carreras de hoy día todavía lucen muchos nombres de descendientes de aquellos antillanos que vinieron a construir el canal y que ayudaron a fomentar el hipismo en nuestro medio. Otro pionero de la hípica y criador del fina sangre de carrera fue John J. Harrison, padre.
En la crónica hípica también tomaron parte importante capacitados e inteligentes descendientes de antillanos como Hugo Wood, Víctor Gray, Chino Williams, Alberto Montilla, David Constable, J.J. Harrison, Conrado Sargeant y muchísimos otros que no recordamos’.