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26 de Nov de 2020

Fútbol

Barcelona le saca una leve ventaja al Atlético Madrid

Primero en su conducción, medida mal por su compatriota Diego Godín; después en su auto-pase, que doblegó con rotundidad al montenegrino

Dos golazos del uruguayo Luis Suárez y el argentino Lionel Messi en media hora encarrilaron las semifinales de la Copa del Rey para el Barcelona, ganador contra el Atlético de Madrid por las genialidades de su ataque y por su resistencia en el segundo tiempo frente a la reacción, la insistencia y el 1-2 local.

DATOS RELEVANTES

El jugador brasileño Neymar no podrá jugar el partido de vuelta.

Encendido el Calderón, rehecho el Atlético, llegó el 1-2 en una jugada de estrategia.

Si el primer tiempo fue azulgrana por goles, contragolpe y pegada, el segundo fue rojiblanco, con convicción, con entusiasmo, con intensidad y con un tanto, del francés Antoine Griezmann, que aún deja entreabierta la puerta de la final para el Atlético, con todas las dificultades que supone vencer en seis días en el Camp Nou.

El Barcelona fue poderoso en ataque en el Vicente Calderón.

Al contragolpe, la destreza que manejó durante muchos tramos en el Calderón, con desborde y determinación, toda la que demostró Luis Suárez en el 0-1 y Lionel Messi en el 0-2, dos goles distintos, pero los dos demoledores para el conjunto rojiblanco en sólo 33 minutos.

Porque son dos condicionantes de dimensiones enormes para cualquier equipo, también para el Atlético, más aún cuando enfrente está el Barcelona, pero sobre todo su ataque, por encima de todos dos futbolistas como Luis Suárez y Messi, que no necesitan apenas nada, sólo disponer del balón para generar oportunidades y goles.

De la nada surgió el 0-1 del atacante charrúa, prácticamente desde el centro del campo, cuando agarró un despeje del argentino Javier Mascherano, la apuesta de Luis Enrique para el medio campo junto a Iván Rakitic y André Gomes, y se plantó en la portería de Miguel Ángel Moyá, al que superó con el exterior, con sutileza.

Tan simple y tan difícil, porque entre el inicio y la finalización de la jugada, Luis Suárez fue imparable.

Primero en su conducción, medida mal por su compatriota Diego Godín; después en su auto-pase, que doblegó con rotundidad al montenegrino Stefan Savic; y luego en la definición ante Moyá.

El primer golpe. Un golazo.

También lo fue el 0-2 de Messi.

Si Suárez necesita poco para crear un gol, el argentino necesita menos.