Temas Especiales

25 de Oct de 2020

Fútbol

Vuelve la Champions, pero la pandemia no se ha ido

La UEFA Champions League está a punto de regresar. Este viernes y sábado se completarán las series de octavos de final, y a partir del 12 de agosto arrancan los cuartos de final en Lisboa. Es un mundo que conocemos muy bien, aunque viene plagado de novedades.

Retorna la Champions League y lo hace con un toque de queda vigente en Lisboa. Es en la capital portuguesa donde van a disputarse los encuentros de cuartos, semifinales y la gran final, todo en un formato que responde a las emergencias suscitadas por la pandemia.

Atlético de Madrid, durante su entrenamiento.EFE

El retorno arranca este viernes con dos de los partidos que quedaron pendientes de la ronda de octavos de final: el Manchester City - Real Madrid, y el Juventus - O. Lyon. Un día después se enfrentarán Barcelona-Nápoli y Bayern-Chelsea. Estos partidos de vuelta de octavos, no se jugarán en Lisboa, sino en las canchas que corresponden a cada equipo. Así se completarán los ocho clubes que accederán a cuartos de final (ahora sí en Lisboa, y a puertas cerradas).

La capital portuguesa se prepara para la gran cita futbolera de la pandemia, guardando estrictas medidas de seguridad. Prestarán una atención muy celosa a todos los protocolos sanitarios, y permanecerán muy atentos ante el posible desbordamiento de público en las calles lisboetas. Hay que tomar en cuenta que a los partidos solo podrá acceder un máximo de 1,000 personas, incluyendo deportistas, trabajadores, periodistas, dirigentes e invitados.

Pero eso no evitará la presencia de asistentes sin invitación. La UEFA calcula la llegada de unos 16,000 aficionados a la capital portuguesa en los días de partidos. Estamos hablando de personas sin entrada, que ocuparán los espacios públicos de la ciudad, desafiando las medidas sanitarias portuguesas.

Si nos fiamos de un informe de la propia UEFA, el impacto económico para la ciudad ascenderá a unos 50 millones de euros, una mitad de esta cantidad surgiría del consumo callejero de los aficionados sin invitación. Es cierto que la Lisboa que verán estos aficionados, dista mucho de parecerse a una anfitriona ideal. La capital portuguesa está inmersa en una suerte de toque de queda para disminuir los efectos y contagios del coronavirus. Una gran cantidad de establecimientos comerciales deberá cerrar a las 8:00 p.m. Los locales que abren hasta más tarde, deben cerrarse a las 11:00 p.m. como mucho.

Estas medidas obedecen a que Lisboa ha sido una de las regiones más afectadas por la pandemia en Portugal, llegando a reunir en el mes de mayo el 80% de los contagios portugueses. Pero en las últimas semanas los números se han estabilizado, tranquilizando levemente a los organizadores del evento.

Hoy por hoy, la mayor preocupación de la UEFA reside en que no se produzcan casos positivos en los planteles participantes. Lo último que quiere ver el organismo regente del fútbol europeo es el surgimiento de contagios entre los propios equipos participantes, lo que pondría en extremo peligro el eficaz desarrollo del torneo en sus última etapas.

Si no ocurre lo impensable, este jueves y viernes retornará la Champions, aunque con mayor incertidumbre que nunca.

El enfrentamiento estelar de los remanentes de octavos de final pondrá cara a cara al Manchester City contra el Real Madrid. Un choque de lujo. La victoria de los Citizens conseguida en el Bernabéu es sólida, pero con estadios vacíos resulta mucho más incierto pronosticar un ganador. Juventus, contra el Olympique de Lyon, Barcelona conta Nápoli y Bayern contra Chelsea parecen encaminados a sus respectivas clasificaciones, sea porque gozan de ventajas en los partidos de ida que los colocan como favoritos en sus series, o por los recientes rendimientos que los colocan como favoritos.

La incertidumbre iniciará cuando arranquen los cuartos de final en Lisboa. Entonces, el 12 de agosto, el sorprendente Atalanta de Bérgamo se enfrentará con el PSG de Neymar; y un día después el Atlético de Madrid medirá fuerzas con otra sorpresa: el Leipzig dirigido por Nagelsmann. Todos los partidos a vida o muerte, con poquísimas posibilidades de especulación o cálculo. Además, sin público, en una aventura probablemente irrepetible para los equipos de élite del fútbol europeo.

Esta fase final de la Champions parece inevitablemente marcada por lo sorprendente, lo indescifrado, lo no calculado, lo imprevisible.

Los primeros fichajes de un mercado en crisis

Ya las distintas ligas europeas encontraron su desenlace. Inclusive alguna, como la escocesa, está iniciando su nueva temporada.

Y pese a que aún los mercados no abren plenamente, ya hay equipos que van haciendo los primeros tanteos, las compras algo tímidas e inaugurales de un mercado indudablemente dominado por la cautela, que se desprende de la pandemia.

Dos clubes ingleses, ambos con sobrados recursos, el Chelsea y el Manchester City se están adelantando en la búsqueda de jugadores a precios muy convenientes; es decir a precios de pandemia.

Cualquier planificación económica dentro de las circunstancias actuales, es mucho más que complicada. Hablamos de fuentes de ingresos severamente limitadas (las taquillas de los diferentes estadios, para empezar), pero que por ahora no están restringiendo las aspiraciones de algunos clubes para incorporar talentos renovados a sus filas.

El Chelsea partió por delante. Poco antes del estallido del covid-19 había adquirido al zurdo mediocampista del Ajax, Ziyech. Ya en plena pandemia adquirió al delantero Timo Werner (Leipzig) por unos 53 millones de euros. Ahora, buscan un portero, ante las decepcionantes actuaciones del español Kepa. Los Blues sueñan con Jan Oblak, extraordinario portero del Atlético de Madrid, con una cláusula de rescisión de 120 millones de euros. También persiguen a Kai Havertz, uno de los tesoros más preciados del fútbol europeo, que por ahora sigue perteneciendo al Bayer Leverkusen.

El otro club británico que está operando activamente en el mercado es el Manchester City. Ya consiguieron al atacante español del Valencia Ferrán Torres, a un precio muy cómodo, y al defensa zurdo holandés Nathan Aké, del Bournemouth, equipo recién descendido en la Premier League inglesa.

Pero el signo dominante es la cautela. Incluso en clubes con amplia chequera, como el City o el Chelsea, los gastos están siendo respaldados por ingresos previos. Por ejemplo, las inversiones realizadas del City por Ferrán y Aké, están en parte siendo amortizadas por la venta de Sané al Bayern Munich. Lo que gastó el Chelsea por Timo Werner fue amortizado por la venta reciente de Álvaro Morata al Atlético de Madrid.

Equipos muy grandes, como el Barcelona o el Real Madrid, aún extreman más las maniobras cautelares. El Barça cambió a Arhur por Pjanic (obteniendo una módica ventaja financiera de 12 millones de euros) y sus otras adquisiciones son modestas en comparación a otras temporadas. Tanto así, que en días recientes el presidente Bartomeu dice haber abandonado la lucha por llevar a Lautaro al Camp Nou y también renunció a la recuperación de Neymar.