- 09/07/2014 02:00
El 9 de Julio, pero de 1816, se firmaba la declaración de independencia de Argentina de la Corona Española. El destino no pudo encontrar una fecha más que apropiada para que se dispute el partido más importante de la selección de Argentina, en los últimos 24 años.
Se presenta la ocasión no sólo de enaltecer el orgullo de un país, de recuperar la otrora grandeza perdida, sino de romper con el estigma maradoniano, de que los argentinos consagren un nuevo ídolo, el repatriado rosarino Messi.
Este escenario acoge a una fría Buenos Aires. Los 13 grados Celsius pronosticados para la hora en que empiece a rodar la pelota ante Holanda no serán obstáculo para que todas aquellas ‘Provincias Unidas del Río de la Plata’ se arropen con el manto albiceleste y se fundan en un solo corazón.
Gorros, vinchas, camisetas de todos los valores, se pueden apreciar en cada esquina. Los famosos ‘buscas’ –buhoneros para nosotros- encontraron su diciembre en julio, lo cual aprovechan al máximo para llevar algún dinero extra a sus casas. En el microcentro porteño, los remixados temas gardelianos son dedicados al equipo de Sabella. Huele a Navidad en Buenos Aires… Es increíble lo que el fútbol le puede dar a un pueblo. Inclusive, la esperanza de mejores días.
Los argentinos disfrutan de este mágico presente y desean con todas sus fuerzas que el aire navideño se prolongue hasta el domingo. Y ojalá ese día, insisten, puedan seguir haciendo historia. Sin embargo, delante se encuentra un equipo naranja, que ya los dejó afuera de un mundial: Francia 1998. No obstante, ese recuerdo es el motor que propulsa al cuadro celeste y blanco en pos de una final, que está a la vuelta de la esquina.