Países Bajos provoca una revolución, Alemania avala el pragmatismo

  • 15/04/2026 00:00
La Copa Mundial en Alemania 1974 supuso un paso adelante en la forma de interpretar el juego con el denominado “fútbol total”. Una Alemania Occidental disciplinada y rocosa se quedaría con el título

El Mundial en Alemania Occidental de 1974 se ofrecía como la edición que inauguraría la entrega de un nuevo trofeo al que ya no podría aspirarse a poseerlo en propiedad: sería entregado al ganador en la final devolviéndole luego (casi inmediatamente tras los festejos) y quedándose el campeón con una réplica. Llamado Trofeo de la Copa Mundial FIFA, representa a dos figuras humanas estilizadas sosteniendo al planeta Tierra, diseñado por el escultor italiano Silvio Gazzaniga; es una valiosa pieza artística en oro de 18 quilates con dos anillos de malaquita en la base.

Pero también, ante el retiro de Pelé de la Selección de Brasil, se recibía a 16 selecciones con el interrogante de quién se postularía para tomar la posta, proyectándose como la nueva figura global del balompié. El mundial no iba a defraudar, cerraría el ciclo del dominio brasileño abriendo las puertas, tanto a nombres que marcarían el torneo, como a una nueva interpretación del juego que lo cambiaría.

Tampoco iba a estar exento del entorno político internacional. Para completar los representantes suramericanos, aparte de Brasil clasificado automáticamente por ser el campeón defensor, con Argentina y Uruguay clasificados, se tenía que disputar un repechaje entre Chile y la Unión Soviética a dos partidos. El primero de ellos ocurrió el 26 de septiembre de 1973 en el Estadio Lenin, Moscú, quince días después del golpe militar encabezado por Augusto Pinochet que derrocó a Salvador Allende; igualaron 0-0.

El segundo se debía celebrar en el Estadio Nacional de Santiago, el 21 de noviembre. Los soviéticos se negaron a acudir esgrimiendo las violaciones a los derechos humanos y el hecho de ser un recinto deportivo señalado como sitio de torturas. El día del partido los chilenos se alinearon en el terreno de juego sin público ni rival, el árbitro dio la señal y marcaron un gol con la portería vacía. Clasificaron al Mundial; uno de sus jugadores más representativos, Carlos Caszely, diría después: “Fue el show futbolístico más burdo que me tocó vivir. El teatro del absurdo”. De la Concacaf el representante sería Haití.

El mundial se iba a disputar en un país dividido tras la culminación de la Segunda Guerra Mundial, separado por el llamado Muro de Berlín en dos partes territoriales: Alemania Occidental, la anfitriona del campeonato, y Alemania Oriental (comunista). Esta última también participaba.

Un nuevo formato

El formato fue novedoso al dividir a los 16 seleccionados en cuatro grupos de cuatro equipos en la primera fase, clasificando a los dos primeros de cada grupo a una segunda fase de dos grupos con cuatro equipos. Los primeros de cada grupo iban directamente a la final y los segundos, disputarían el partido por el tercer y cuarto puesto. Se eliminaban los cuartos de final y las semifinales de las anteriores ediciones. Este formato se repetiría en Argentina 78’.

Las dos Alemanias quedaron incluidas en el Grupo 1. Alemania Occidental inició su recorrido imponiéndose 1-0 a Chile, con un dato estadístico histórico: el chileno Carlos Caszely sería expulsado del partido mostrándole el árbitro la tarjeta roja, era la primera expulsión desde la implementación de las tarjetas en México 70’. Ambas Alemanias avanzaron, con Alemania Oriental de primera al derrotar sorpresivamente 1-0 a Alemania Occidental, lo que permitió a estos últimos (al ser segundos) conformar en la segunda fase el Grupo B, que se presentaba más accesible con Polonia, Suecia y Yugoslavia. Mientras el Grupo A lo integraron los Países Bajos (en ese entonces Holanda), Brasil, Argentina y Alemania Oriental.

La Selección de Polonia fue una de las que más llenó los ojos de los aficionados, se hizo presente con su mejor generación en la que sobresalían Szarmach, Deyna, Zmuda, Kasperczak, y sobre todo el delantero Grzegorz Lato quien terminaría siendo el goleador del torneo con 7 goles. Polonia derrotó en la primera fase 3-2 a Argentina, 7-0 a Haití y 2-1 a Italia; en la segunda fase se impondría 1-0 a Suecia, 2-1 a Yugoslavia, perdiendo únicamente con Alemania Occidental 0-1, resultado que le impidió llegar a la final. Se quedarían con el tercer puesto del mundial al vencer a Brasil 1-0.

El mundial se tiñe de naranja

Sin embargo, la mayor sensación de la Copa le correspondería a los Países Bajos que irrumpieron con la exposición de un fútbol colectivo brillante que dejaría huella. Dirigidos por el entrenador Rinus Michels, elegido por la FIFA como el Mejor Entrenador del Siglo XX, concibió un conjunto liderado por Johan Cruyff con un concepto al que se le denominó “fútbol total”.

Todo el equipo tenía la responsabilidad de atacar como de defender, ninguno de sus jugadores estaba exento de estas dos responsabilidades más allá de su rol principal. Tener la posición de la pelota la mayor parte del partido y activarse rápidamente para recuperarla cuando se perdía presionando fuertemente al rival, eran parte de las premisas. Krol, Neeskens, Rensenbrink, Rep, fueron algunos de los nombres que ganaron resonancia junto a Cruyff.

A Michels no le había costado trasmitir su idea pues la base del seleccionado estaba formada por jugadores provenientes del Ajax, el equipo de la primera división neerlandesa que ya en los torneos europeos había mostrado sus cualidades. Comenzaron derrotando a Uruguay 2-0, luego les frenaron los suecos empatándoles 0-0 y se impusieron en el cierre del grupo 4-1 a Bulgaria para terminar de líderes del grupo.

En la segunda fase, en el grupo A golearon a Argentina 4-0; el exjugador celeste Enrique Wolf diría años después: “Fue la única vez en mi vida que sentí impotencia en un campo. Nos pasaron por encima, literalmente”. Luego derrotarían 2-0 a Alemania Oriental y se meterían en la final cerrando de primeros del grupo al superar a Brasil 2-0.

A ese equipo que sorprendía no fue complicado encontrarle un apodo. En 1971 se había estrenado una película del director Stanley Kubrick, basada en el libro del escritor inglés Anthony Burgess, titulado A Clockwork Orange. El filme controversial por su contenido violento logró éxito en la taquilla y la nominación a cuatro categorías a los premios Óscar. En uno de sus pasajes, al protagonista principal se le ve en unas escenas de sexo con dos adolescentes a una velocidad fílmica inusual. Aunado el color naranja de la camiseta de los Países Bajos y su estilo de juego, se le terminó posicionando en el argot futbolístico como La naranja mecánica.

Alemania Occidental hace suya la Copa

Los alemanes occidentales se recuperaron de la derrota que le habían infligido sus hermanos orientales, imponiéndose al inicio de la segunda fase a Yugoslavia 2-0; luego vencieron 4-2 a Suecia para definir el líder del grupo en el cierre contra Polonia. En un partido equilibrado, los germanos encontrarían la llave para entrar a la final, a los 76’, cuando Müller anotó el 1-0 que sería el resultado definitivo frente a Polonia; estaban en su tercera final mundialista.

La selección alemana realizó un proceso largo manteniendo en la dirección al entrenador Helmut Schön, con el que habían ganado la Eurocopa en 1972. Poseían un equipo fuerte en defensa, orquestado en torno a su capitán Franz Beckenbauer en la posición inédita de libero; tenían un medio campo equilibrado y una ofensiva letal en la figura de Gerd Müller, al que solían llamar en los medios de comunicación el “Torpedo” o el “Bombardero de la Nación”.

En la final ante los Países Bajos, aunque estos se irían rápido arriba 1-0 con un gol de penal ejecutado por Neeskens a los 2’, Breitner empataría 1-1 a los 25’, anotando también de penal, y Müller antes de ir al descanso conseguiría el 2-1 para los teutones. Un marcador que no se movería en la segunda parte. Berti Vogts le haría una marca permanente a Cruyff, mermando su rendimiento. Alemania Occidental alcanzaba su segundo título alzando Beckenbauer la Copa en el Estadio Olímpico de Múnich, el 7 de julio de 1974. Eran bicampeones, aunque paradójicamente es el mundial al que muchos aficionados recuerdan más por el subcampeón, Países Bajos, que por el campeón, Alemania Occidental.

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