El IMHPA prevé menos lluvias en el Pacífico y alerta sobre impactos en agricultura, agua potable, energía y Canal de Panamá
- 22/12/2008 01:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️PANAMÁ. El 18 de agosto de este año, Panamá amaneció paralizado. Las radioemisoras y las televisoras estaban en cadena, como en las grandes épocas en que Roberto Durán arribaba al país después de conseguir alguna de sus hazañas. Pero esta vez no eran las "manos de piedra" de Durán las que obligaban a una pausa en las labores cotidianas, sino las piernas de acero de otro panameño que, con la fortaleza de sus extremidades, saltaba a la inmortalidad. Se trataba de Irving Saladino, quien con su desempeño en los Juegos Olímpicos mantenía a más de uno al borde del asiento. La espera se hacía tensa y a eso de las 10:30 a. m. Saladino tomó carrera para su cuarto salto y de repente sucedió. Panamá lograba su primera medalla de oro en 80 años de participación en los Juegos Olímpicos.
Irving Saladino nació el 23 de enero de 1983 en Colón, unos 80 kilómetros al norte de la capital. Es el segundo de tres hermanos. Sus padres, David Saladino, un humilde electricista, y Cristina, una abnegada maestra, pertenecen a una humilde familia colonense cuya principal meta ha sido alejar a sus hijos de las peligrosas calles de esta provincia.
Don David recuerda que Irving, de pequeño, era muy enfermizo. "Pasábamos más tiempo en el hospital que en la casa. Creíamos que se nos iba a morir", señala. Sin embargo, las enfermedades desaparecieron después de bautizar al niño. Superadas las enfermedades, Irving siempre andaba sonriente y haciendo travesuras. Sus cualidades para ser un gran atleta fueron evidentes desde muy pequeño.
Antes del atletismo, el béisbol era la pasión de Irving. Por su larga zancada y buena técnica al batear y jugar en los jardines, su padre pensó "tenemos un grandes ligas".
Pero la felicidad de Don David resultó efímera porque el béisbol no llenó las expectativas de Irving. Fue en la escuela primaria República Oriental de Uruguay, donde cambió el bate y las manillas por los zapatos de correr y la pista de atletismo. En cuarto grado cayó en manos de la maestra de educación física, Maritza Escalona, atleta de pista y campo. Esta educadora fue la llama que encendió el gusto de Irving por el atletismo.
A los diez años el reconocido entrenador Wilfredo Bartley, tomó las riendas del entrenamiento de Saladino. Bartley entrenó a Irving hasta los 13 años.
Las primeras pruebas y entrenamientos de Saladino fueron en el estadio Mariano Bula en Colón, un coliseo de béisbol, adaptado para el atletismo. Al principio era un corredor de velocidad. Rápido en la pista, nadie le podía ganar. De la mano de Bartley, Saladino dominó el atletismo infantil en Colón y en Panamá. A los 13 años, Irving estaba dedicado al atletismo. En ese entonces corría en la modalidad de velocidad, pero formar un atleta élite en Colón era, sin embargo, muy iluso. No había infraestructura para lograr el máximo nivel. Por eso, a los 13 años, Saladino tomó la decisión de dejar el atletismo. En Colón no había cómo entrenar y la única pista quedaba muy lejos de su casa.
Irving se alejó del atletismo, pero el divorcio solo duró cuatro años. Cuando se graduó de sexto grado decidió seguir con sus estudios secundarios en el IPT de Colón, donde se graduó como Bachiller Técnico en Electricidad. Este colegio, que fue una de las cunas del atletismo en Colón, trajo de vuelta a Saladino al atletismo nacional. A los 17 años, el atleta pisó el tartán para coronarse como campeón intercolegial y nacional de salto triple.
El regreso fue espectacular. Luego de los logros colegiales, en el año 2000 aparece Florencio Aguilar, quien al verlo competir, se dio cuenta de que el colonense tenía un gran potencial.
El comienzo de los entrenamientos, bajo la tutela de Aguilar, fue bastante irregular, "Irving iba a entrenar un día y se perdía dos o tres”, recuerda Aguilar. “Tenía una novia y en vez de venir a entrenar se iba para donde la novia".
El debut de Saladino en el salto de longitud a nivel internacional fue en los Juegos Centroamericanos de 2002.
Ganó en el salto de longitud con 7.51 metros y en el salto triple con 14.45 metros. El primer intento por ganar el boleto se dio en Venezuela, donde marcó 7.79 metros, primer intento fallido. Bogotá fue la segunda prueba, en el camino hacia Atenas.
Marcó 7.85, segundo intento fallido. El 10 de julio de 2004 nuevamente en Bogotá, Saladino ganó un Grand Prix con un impulso de 8.12 metros y logró la marca mínima los de Olímpicos de Atenas.
Pocas semanas antes había viajado por primera vez a entrenar a Brasil, con su entrenador, donde permaneció por un mes antes de emprende su largo viaje a Atenas.
A la capital griega, Irving llegó con un bajo perfil. Las miradas de los panameños estaban puestas en la nadadora Eileen Coparropa y el vallista Bayano Kamani. Saladino no consiguió en su primer intento un triunfo olímpico.
Luego de un 2005 de altas y bajas, el 2006 fue un año memorable. Saladino despegó como espuma. En el Grand Prix de Sao Paulo volvió a ponerle alas a sus pies para conseguir la mejor marca del año en el Salto Largo, con 8.65 metros.La hazaña triunfal se repitió el 2 de junio de 2006 al ganar en Noruega con 8.53 y luego el 3 de julio de 2006 en volvió a ratificar en ese país su majestuosidad al completar un salto de 8.65 metros.
Ya en la cima de los mejores saltadores del mundo, Saladino le pasó por encima a sus contrincantes en los Panamericanos de Brasil. Después, el campeón apuntó cañones hacia Osaka, donde sería el Campeón del Mundo de Atletismo.
En el lejano Oriente estaba el primer paso hacia la conquista del Olimpo. En Japón, Saladino batalló hasta el ultimo salto, pero el resultado fue el esperado: Saladino se convirtió en el campeón del Mundo en Salto Largo.
La revancha de Saladino llegó el 18 de agosto. La competencia se inició poco después de las 8 de la mañana.
ppLa expectativa crecía. En su primer intento, Saladino cometió una falta.
En el segundo salto marcó 8.17 metros que lo ubicaron en el segundo puesto, por debajo de Khotso Mokoena. Fue entonces cuando el campeón del mundo se puso su capa, sus zapatos dorados que siempre había considerado de suerte, y en el tercer salto se impulsó 8.21, para treparse al primer puesto.
Alrededor de las 10:30 de la mañana, en el cuarto salto, sucedió lo esperado: Irving Saladino logró saltar 8.34 metros para asegurar el oro.
Con este inmortal salto, Saladino obtuvo su revancha de Atenas 2004 y le demostró a todos los incrédulos que era el mejor del mundo.. y era panameño.