Los integrantes del Grupo USAR Panamá relatan a ‘La Decana’ sobre las jornadas de búsqueda junto a sus canes en la zona cero del terremoto, las historias...
- 17/05/2010 02:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Desde Estados Unidos a Japón; de Alemania a Emiratos Árabes, jinetes panameños visten los estridentes uniformes del circo de la hípica mundial formando parte de un espectáculo que mueve cientos de millones de dólares anualmente y necesita continuamente la llegada de sangre nueva y, sobre todo, liviana.
Jóvenes panameños de entre 16 y 20 años urgidos por la necesidad y con el peso peleado con la báscula acuden cada año a esa llamada confiados en que los caballos les alejarán de la pobreza y les permitirán dar a su familia una vida mejor en un futuro que para ellos pasa por Estados Unidos, la meca de las carreras de caballos.
Para ello acuden a la escuela Laffit Pincay Junior, un centro que lleva el nombre de uno de los mejores jinetes de la historia y un ídolo en Panamá, y que en apenas dos años convierte de un muchacho en un jockey.
Los requisitos para ingresar en la única escuela de jinetes de carreras de Centroamérica son simples: pesar menos de 104 libras (47 kilos), tener la educación elemental cumplida y no medir más allá de 1,52.
Los jóvenes saben que el aprendizaje es duro y que una caída de un caballo de carreras les puede suponer quedar postrados en una silla de ruedas para el resto de su vida, pero también son conscientes de que uno de los veinte primeros jinetes de Estados Unidos puede hacer entre 1 y 2 millones de dólares anuales y que, entre ellos, siempre hay cuatro o cinco panameños.
En la escuela no lo ocultan, los muchachos sienten el amor por el caballo, pero también la necesidad. “No hay hijos de ricos en la escuela”, dice a EFE-Reportajes David Fuentes, uno de los profesores del centro.
El gerente general del hipódromo Presidente Remón de la capital panameña, Carlos Salazar, no da rodeos al explicar la importancia de las carreras de caballos en Panamá: sólo en un año este espectáculo mueve alrededor de 55 millones de dólares de manera directa.
“En Panamá hay dos aficiones: el boxeo y los caballos”, explica Salazar al desglosar los renglones del dinero que generan los hipódromos: 50 millones de dólares en apuestas y otros 4 ó 5 millones en premios.
Panamá es uno de los países con mayor tradición hípica en América Latina y algunos de sus jockeys figuran con letras de oro en la historia de ese deporte en Estados Unidos, como Pincay Junior, que hoy tiene 62 años —hace apenas seis años se retiró— y llegó a ostentar un récord de más de 9.500 carreras ganadas.
Salazar recuerda que tras los años dorados de las décadas de 1970 y 1980, la actividad hípica sufrió un declive al no encontrar respuesta a otros espectáculos que comenzaron a proliferar y encontraron la forma de llegar a la juventud.
Las carreras de caballos se quedaron encerradas en un público que se alimentaba a sí mismo por la tradición familiar pero no por la llegada de, en palabras de Salazar, “sangre nueva”. Ahora “se buscan alicientes para que se acerque la juventud a este espectáculo, que es lo más bonito del mundo”, dice Salazar.
En Panamá se ven carreras todos los días de la semana, con una conexión de televisión a los circuitos de Estados Unidos y programa de espectáculo en vivo para “tres o cuatro días por semana”.
El resultado es simple, en Panamá hoy hay 5.000 familias que viven directa o indirectamente de las carreras y que se reparten a lo largo de una cadena que empieza en las fincas en que nacen los caballos y termina en el hipódromo, pero que pasa por veterinarios, casas de apuestas, industria farmacéutica, de complementos, bares, restaurantes y un largo etcétera.
La Escuela de Jinetes de Panamá arrancó en los años cuarenta de manera simultánea a la creación del primer hipódromo del país, el Juan Franco, que tras años de gestión estatal y privada, evolución y transmutación nominal, es gestionado desde 1998 bajo la forma de una concesión privada.
Hoy denominada Laffit Pincay Junior, en la escuela, la única de Centroamérica para adiestrar jockeys y una de las pocas que existen en el continente, hay veintisiete adolescentes que cursan el primero de los dos cursos que se necesitan para graduarse como jinete de carreras.
Los del segundo y último curso son quince, que en los próximos meses se subirán a un purasangre en una de las 84 cuadras que tiene su espacio en el hipódromo de Panamá.
“No hay escuelas de jinetes, no existen. Hay escuelas de equitación, de polo, pero no hay tantas de jockeys ”, indicó el jefe de la sección técnica del hipódromo, David Fuentes, que también cumple las veces de profesor de geografía e historia en el centro.
La jornada comienza a las 5:00 de la mañana en los establos y concluye a las 12:00 tras asistir a clases que van desde el inglés a la anatomía del caballo, y en las que de las nociones de veterinaria transitan por las matemáticas, la lengua o la historia, entre otras materias.
Los estudios del Pincay están homologados desde el año pasado por el Ministerio de Educación de Panamá y son considerados una enseñanza técnica media, y sus promotores destacan que los jóvenes salen preparados para evitar que ocurra como en el pasado, cuando “abusaban de ellos porque eran ignorantes”.
La directora del centro, Graciela Yung, destaca la labor de la escuela al abrir una puerta a jóvenes en situación de riesgo social y el aporte que hace el centro a una formación que, con caballo o sin él, va a servirles en la vida.
La matrícula cuesta 25 dólares y la tasa mensual otros 20 dólares, un precio más bajo que otros centros privados, aclara Yung, que asegura que la Fundación Codere, que forma parte del grupo español Codere, dedicado a los juegos recreativos y propietaria del hipódromo y sus instalaciones, financia parte de la enseñanza.
“El 50 por ciento de los estudiantes tienen éxito”, asegura Fuentes, al explicar que tras dos años comenzarán a recibir 10 dólares por monta y un 10 por ciento de los premios que consigan en las pistas de carreras.
“Cuando ganan 60 carreras pasan a ser profesionales”, agrega.
Los que no tengan éxito como jinetes quedarán capacitados para actuar como jueces, entrenadores, adiestradores y cualquiera otra de las tareas que rodean la disciplina.