Pueblos indígenas: medicina, espiritualidad y resistencia

  • 26/07/2026 00:00
La selva no es un recurso, es memoria viva. Los ríos no son simples cuerpos de agua; son entidades espirituales y rutas de conocimiento ancestral. Para los pueblos indígenas, la pérdida del bosque significa la desaparición progresiva de bibliotecas vivas de conocimiento medicinal

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El mapa de la sabiduría ancestral. En el imaginario urbano panameño, la medicina indígena ha sido reducida durante décadas a estereotipos simplistas: “curanderismo”, superstición o prácticas marginales asociadas al aislamiento rural. Sin embargo, en las montañas de la comarca Ngäbe-Buglé, en los bosques húmedos del Darién, en las riberas del río Teribe y en las islas de Guna Yala, persiste un sistema complejo de conocimiento que articula salud, espiritualidad, organización social y equilibrio ecológico.

Panamá reconoce oficialmente siete pueblos indígenas: Guna, Emberá, Wounaan, Ngäbe, Buglé, Naso Tjër Di y Bribri. Aunque distintos en lengua, cosmovisión y estructuras comunitarias, todos comparten una comprensión profunda: la salud humana no puede separarse de la salud del territorio.

Para estos pueblos, la selva no es un recurso; es memoria viva. Los ríos no son simples cuerpos de agua; son entidades espirituales y rutas de conocimiento ancestral. La enfermedad, por tanto, no se interpreta únicamente como una alteración biológica, sino también como una ruptura del equilibrio entre la persona, la comunidad, los espíritus y la naturaleza.

En tiempos de cambio climático, expansión extractiva y pérdida acelerada de biodiversidad, la medicina tradicional indígena emerge no como un vestigio del pasado, sino como uno de los últimos sistemas culturales capaces de sostener una relación armónica con el entorno.

Pueblo Guna. La palabra sagrada del Nele

En el pueblo Guna o Dule, “gente” la medicina tradicional constituye uno de los pilares de la vida comunitaria. El “Nele” ocupa un lugar central como médico espiritual y vidente. Su función trasciende la curación física: interpreta sueños, identifica desequilibrios espirituales y orienta decisiones colectivas dentro de la comunidad.

Junto al Nele actúa el “Inaduled”, especialista en plantas medicinales y conocimientos botánicos. El Inaduled conoce los ciclos de la selva, las propiedades terapéuticas de raíces, cortezas y resinas, y la forma correcta de recolectarlas sin alterar el equilibrio ecológico.

En la cosmovisión guna, el conocimiento medicinal se transmite mediante cantos, relatos y prácticas rituales vinculadas al territorio. La salud colectiva depende de la armonía entre el cuerpo humano y el mundo natural. Por ello, la defensa de Guna Yala frente a proyectos externos ha sido también una defensa de su farmacia viva: la selva tropical.

Pueblo Emberá. El Jaibaná y los espíritus del bosque

En las comunidades emberá del Darién y Panamá Este, el “Jaibaná” representa una figura de enorme autoridad espiritual. Es el mediador entre los humanos y los jais, espíritus que habitan animales, ríos, árboles y montañas.

Para el Jaibaná, las enfermedades pueden tener causas físicas, pero también espirituales o sociales. Un conflicto familiar, una transgresión comunitaria o la alteración de un espacio natural sagrado pueden desencadenar desequilibrios que se manifiestan en el cuerpo.

Los rituales del Jaibaná incluyen cantos ceremoniales, uso de plantas medicinales, baños espirituales y procesos de armonización con la naturaleza. Su rol también cumple una función sociológica esencial: mantener la cohesión comunitaria y preservar normas culturales ancestrales.

La desaparición del bosque tropical en territorios emberá implica algo más grave que la pérdida de biodiversidad: significa el silenciamiento progresivo de los espacios donde habitan los jais y donde se origina el conocimiento medicinal.

Pueblo Wounaan. El Benhuna y la memoria del agua

Entre el pueblo Wounaan, estrechamente vinculado a los ecosistemas fluviales del Darién, el “Benhuna” es reconocido como maestro espiritual y sanador tradicional.

Su práctica integra el conocimiento de plantas acuáticas, cortezas y técnicas rituales asociadas a los ríos. El agua posee un profundo valor cosmológico dentro de la cultura wounaan; purifica, comunica y conecta dimensiones espirituales.

El Benhuna no solo cura individuos. También actúa como consejero moral y guardián de la memoria oral. En muchas comunidades, los relatos asociados a ciertas plantas medicinales contienen enseñanzas éticas sobre convivencia, respeto ambiental y reciprocidad.

La contaminación de ríos por actividades extractivas y la presión sobre los bosques del Darién amenazan directamente esta estructura cultural, pues la medicina wounaan depende de ecosistemas intactos.

Pueblo Ngäbe. El Sukia y el Krägä bianga

El pueblo Ngäbe, el más numeroso de Panamá, conserva un amplio sistema de medicina tradicional articulado alrededor de dos figuras fundamentales: el “Sukia” y el “Krägä bianga”.

El Sukia es el especialista espiritual encargado de diagnosticar enfermedades vinculadas a fuerzas invisibles o desequilibrios espirituales. El “Krägä bianga”, por su parte, es el conocedor de plantas medicinales y remedios naturales.

En muchas comunidades ngäbe, el tratamiento de una enfermedad combina rezos, infusiones, dietas rituales y acompañamiento comunitario. La salud no es una experiencia individual; involucra a la familia extensa y a la red social del poblado.

La comarca Ngäbe-Buglé enfrenta hoy fuertes tensiones derivadas de proyectos extractivos, deforestación y variabilidad climática. Sequías prolongadas, pérdida de fuentes de agua y reducción de bosques afectan directamente la disponibilidad de especies medicinales utilizadas durante generaciones.

Pueblo Buglé. Memoria compartida y resistencia cultural

El pueblo Buglé comparte profundas raíces lingüísticas e históricas con el pueblo Ngäbe dentro de la comarca Ngäbe-Buglé. También conserva de un médico tradicional, el Magkambu y una extensa red de curanderos locales especializados en plantas medicinales y tratamientos tradicionales.

Las prácticas buglé muestran cómo la medicina tradicional funciona como mecanismo de resistencia cultural frente a procesos históricos de marginación. En muchas áreas rurales donde el acceso a centros de salud es limitado, los conocimientos tradicionales continúan siendo la primera línea de atención médica.

La transmisión oral de este conocimiento ocurre principalmente dentro del núcleo familiar y mediante aprendizaje comunitario. La pérdida de jóvenes que migran hacia zonas urbanas ha comenzado a fracturar esta cadena intergeneracional.

Pueblo Naso Tjër Di. Custodios del río Teribe

En el territorio Naso Tjër Di, enclavado en los bosques de Bocas del Toro, la medicina tradicional mantiene una estrecha relación con el río Teribe y con la estructura monárquica que caracteriza a este pueblo.

El herbolario tradicional naso actúa como consejero de la naturaleza y conocedor de especies medicinales del bosque húmedo tropical. Su autoridad está vinculada no solo al conocimiento curativo, sino también a la defensa territorial y espiritual del entorno natural.

Los naso consideran que los ríos poseen vida y voluntad propia. Alterar su curso o contaminar sus aguas rompe el equilibrio entre la comunidad y las fuerzas naturales.

La presión histórica sobre el río Teribe mediante proyectos hidroeléctricos y la expansión de actividades externas ha reforzado la percepción de que la defensa ambiental es inseparable de la supervivencia cultural naso.

Pueblo Bribri. El Awá y el equilibrio de los clanes

En las comunidades bribri de Bocas del Toro, el “Awá” representa una de las figuras más complejas de la medicina indígena centroamericana. Es médico, guía espiritual, narrador oral y consejero social de los clanes.

El Awá interpreta enfermedades físicas y espirituales mediante un sistema cosmológico profundamente ligado a la tierra, los animales y los ancestros. Sus conocimientos incluyen botánica medicinal, rituales de sanación y normas éticas sobre convivencia comunitaria.

Dentro de la cultura bribri, ciertos espacios naturales poseen carácter sagrado. La destrucción ambiental no solo afecta recursos materiales; altera sitios espirituales esenciales para la transmisión cultural.

El Awá también cumple funciones de mediación social, ayudando a resolver conflictos y reforzando valores colectivos. Su autoridad proviene tanto del conocimiento medicinal como de la confianza comunitaria.

Cuando desaparece el bosque, también desaparece la medicina

La crisis ambiental que enfrenta Panamá tiene implicaciones mucho más profundas que las estadísticas de deforestación. Para los pueblos indígenas, la pérdida del bosque significa la desaparición progresiva de bibliotecas vivas de conocimiento medicinal.

Cada árbol talado puede representar la pérdida de una planta utilizada para tratar infecciones, fiebres, problemas digestivos o afecciones espirituales. Cada río contaminado reduce el espacio simbólico donde se desarrollan rituales y prácticas comunitarias.

La erosión ambiental genera además una fractura sociológica. Cuando las nuevas generaciones dejan de aprender los nombres de las plantas, los cantos rituales o los ciclos de la naturaleza, también se debilitan los mecanismos de cohesión comunitaria e identidad cultural.

En este contexto, la relación entre el sistema público de salud y la medicina tradicional se ha convertido en uno de los grandes desafíos del país. El Ministerio de Salud (MINSA) ha desarrollado iniciativas de interculturalidad médica orientadas a reconocer prácticas ancestrales y mejorar el diálogo entre médicos occidentales y autoridades tradicionales indígenas.

Sin embargo, líderes indígenas y especialistas advierten que la interculturalidad no puede limitarse a discursos institucionales. Requiere proteger territorios, garantizar autonomía cultural y reconocer que estos sistemas de conocimiento poseen valor científico, histórico y social. La medicina tradicional indígena no sobrevive únicamente en los rituales; sobrevive en la existencia misma de los ecosistemas que la sostienen.

El autor es sociólogo. Se desempeñó como investigador cultural y posteriormente como Coordinador General del Proyecto de Salvaguardia y Protección de los Conocimientos Tradicionales del Patrimonio Cultural Inmaterial de Panamá (2011-2014)

Pensamiento Social (PESOC) está conformado por un grupo de profesionales de las Ciencias Sociales que, a través de sus aportes, buscan impulsar y satisfacer necesidades en el conocimiento de estas disciplinas.
Su propósito es presentar a la población temas de análisis sobre los principales problemas que la aquejan, y contribuir con las estrategias de programas de solución.
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