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18 de Sep de 2020

Economía

El fin de una era en Wall Street

THE NEW YORK TIMES. Wall Street. Dos palabras simples que —como Hollywood y Washington— conjuran un mundo. Un mundo de grandes egos. ...

THE NEW YORK TIMES. Wall Street. Dos palabras simples que —como Hollywood y Washington— conjuran un mundo. Un mundo de grandes egos. Un mundo donde a la gente le encanta lanzar los dados con dinero prestado. Un mundo de operaciones de compra-venta en la cuerda floja, accionadas por computadoras.

En la búsqueda de rendimientos cada vez más altos —y yates más grandes, autos más rápidos y colecciones de arte más caras para sus máximos ejecutivos— las firmas de Wall Street aumentaron el número de empleados en las oficinas de operaciones y contrataron a físicos cuánticos para desarrollar programas a prueba de tontos.

Los fondos compensatorios colocaban los marcadores en rojo (la corona danesa sube) o negro (el PIB de Tailandia cae). Y las firmas de capital privado amasaban fondos gigantescos y continuaban su derroche de compras, adquiriendo compañías como si fueran segundas esposas comprando zapatos Jimmy Choo en oferta.

Ese mundo ha llegado a su fin en gran medida.

CAÍDA DE LOS GRANDES

Firmas como Bear Stearns y Lehmand Brothers ya han desaparecido. Merrill Lynch, cuyo logo del toro simbolizaba a Wall Street para muchos estadounidenses, está siendo adquirido por Bank of America.

Para la mayoría de los financieros que quedan, con excepción de unas cuantas superestrellas, los días del dinero fácil y los bonos enormes han quedado atrás. El auge del crédito que impulsó el crecimiento explosivo de Wall Street ha terminado. Los reguladores que se mantuvieron al margen durante demasiado tiempo ahora están ansiosos de tirar de las riendas a los chicos malos de Wall Street y las prácticas que han proliferado en los últimos años.

“Los días de capa y espada de las operaciones de las firmas de Wall Street, esencialmente convirtiéndose en gigantescos fondos compensatorios, han terminado. Resulta que no eran buenos”, dijo Andrew Kessler, ex administrador de un fondo compensatorio. “Uno ya no va a ver a tipos de nivel medio manejando cantidades en dólares de siete cifras o múltiplos de siete con las que nadie puede determinar exactamente qué hicieron”.

BANQUEROS INTELIGENTES

El principio del fin se siente incluso en las salas de Goldman Sachs, que, entre sus similares de Wall Street, eran epítome y definían una cultura de alto riesgo y alto rendimiento.

Goldman es la firma a la que otras firmas de Wall Street les encantaba odiar. Alberga algunos de los fondos compensatorios y fondos de capital privado más grandes del mundo. Sus banqueros de inversión son los más inteligentes. Sus operadores, los mejores. Ganan más dinero en Wall Street, lo que hizo ganar a la firma el apodo de Goldmine Sachs. (Sus 30,522 empleados ganaron un promedio de 600 mil dólares el año pasado; un promedio que considera tanto a secretarias como operadores.)

Aunque los ejecutivos en otras firmas esperaban en secreto que Goldman alguna vez —sólo una vez— cometiera un gran error, al mismo tiempo, hacían su mejor esfuerzo por imitarla.

Aunque Goldman sigue ocupando el lugar número uno en ofrecer asesoría para fusiones o suscribir ofertas públicas, lo que hace mejor que cualquier otra firma en Wall Street es la compra-venta de propiedades.

Eso involucra usar sus propios fondos, así como un montón de dinero prestado, para hacer grandes e inteligentes ofertas globales.

Otras firmas intentaron seguir su ejemplo, apilando un riesgo tras otro, todo por tratar de capturar una pizca del polvo mágico de Goldman y sus estelares rendimientos trimestre tras trimestre.

EMPANTANADOS

Aunque la crisis del crédito empantanó a Wall Street el año pasado, causando que Merrill, Citigroup y Lehman Brothers sostuvieran fuertes pérdidas en grandes apuestas en valores relacionados con hipotecas, Goldman salió avante con relativamente golpes menores.

En 2007, el mismo año en que Citigroup y Merrill despidieron a sus directores ejecutivos, Goldman registró entradas e ingresos récord y pagó a su jefe, Lloyd C. Blankfein, 68.7 millones de dólares, la mayor cantidad jamás para un director ejecutivo en Wall Street

Incluso el niño dorado de Wall Street, Goldman, sin embargo, no pudo soportar la turbulencia que sacudió al sistema financiero en las últimas semanas. Después de que Lehman y American International Group terminaran patas arriba, y Merrill aceptara su incorporación rápidamente concertada con Bank of America, las acciones de Goldman han topado con pared.

La debacle de AIG fue particularmente inquietante. Goldman era el mayor socio comercial de AIG, según varias personas cercanas a AIG que solicitaron el anonimato debido a los acuerdos de confidencialidad. Goldman aseguró a los inversionistas que su exposición a AIG era inmaterial, pero los inversionistas y clientes nerviosos se retiraron de la firma, preocupados de que los bancos de inversión independientes —incluso uno tan estimado como Goldman— pudieran no sobrevivir. Por ello, Goldman Sachs se tragó una píldora amarga y se convirtió, entre todas las cosas, en algo más bien común y corriente: un banco de recepción de depósitos.