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05 de Dec de 2020

Economía

Nervios de acero, futuro de lana

ARGENTINA. Si quiere acabar con la industria siderúrgica de su país, y vive en Latinoamérica, simplemente compre bonos del Tesoro.

ARGENTINA. Si quiere acabar con la industria siderúrgica de su país, y vive en Latinoamérica, simplemente compre bonos del Tesoro.

En tiempos revueltos las conexiones entre los procesos económicos se hacen más visibles y retorcidas: en la crisis actual, por ejemplo, “la huída a la calidad” de los inversores financieros está deteriorando las cuentas externas de economías como la brasileña. La ironía es que los capitales huyen hacia instrumentos crediticios estatales de EEUU, Francia o China, los mismos países que ya no compran los bienes de la región. Como resultado, las industrias del hierro y el acero ven disminuir primero su demanda externa, luego la interna y, de paso, su acceso a líneas de financiamiento locales baratas.

Por si ello no fuera suficiente, algunas voces comienzan a advertir que la demanda de acero se alterará radicalmente cuando pase la recesión, debido a un cambio tecnológico no visto en el último siglo y medio dentro del sector.

Pero “el después de la crisis” es un futuro todavía demasiado lejano para las acerías. En Argentina la caída en la producción interanual de acero crudo, enero 2008 contra enero 2009, alcanzó a 31.9%. En México, Altos Hornos de México (AHMSA) tiene un 50% de pedidos menos y opera a la mitad de su capacidad.

En Brasil los gigantes Transpetro, Usiminas y Vale se enfrentaron en una dura querella verbal en febrero, con acusaciones de dumping, cuando la primera —una subsidiaria de Petrobras— compró acero a empresas chinas y ucranianas con un 30% de descuento frente al ofrecido por Usiminas.

En Perú, Aceros Arequipa paralizó su planta en noviembre pasado y recién la reactivó el 12 de enero, a la vez que anunció que ejecutaría sólo el 50% de su inversión para ampliar la producción de 650.000 a 1,2 millón de toneladas, porque ya eran compromisos indetenibles. Lo grave es que luz al final del túnel es, por ahora, puro espejismo. “No hay señal en ningún lugar del planeta de una recuperación”, dice Carlos Fernando Kochenborger, analista del sector de siderurgia de Geração Futuro Corretora de Valores, en São Paulo. “Se imaginaba que el cuarto trimestre de 2008 sería el peor”.

En ese momento la caída en las ventas de Usiminas y Gerdau fue de un 30%. “Ahora —continúa— todo indica que este primer trimestre será todavía peor: por los números que disponemos de diálogos con las empresas, la expectativa es de una caída del 15% ó 20% sobre el trimestre previo”. Sucede que se han desvanecido las expectativas de una recuperación de los stocks durante el primer semestre. Recién se daría en el segundo semestre “y en niveles inferiores a los precedentes”, anticipa Kochenborger.

El gran misterio es cuál será el impacto real de los planes de recuperación de EEUU, China, Brasil y México. Las grandes esperanzas iniciales se están reduciendo con rapidez.

Más allá de los días negros que vive el mundo del acero, el desafío más grande para la supervivencia de sus empresas está en otra parte.

Experto en economía industrial, Carlos Schwartzer dice que “vamos a asistir a un cambio dramático y estructural de la industria del acero que no se había dado desde 1870”. El acero está siendo reemplazado por el aluminio, el vidrio y el policarbonato.