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28 de Jan de 2021

Economía

Japón apuntala la recuperación

MADRID. Nadie ahorra más que los japoneses, nadie trabaja más, nadie tiene menos vacaciones en el mundo llamado desarrollado.

MADRID. Nadie ahorra más que los japoneses, nadie trabaja más, nadie tiene menos vacaciones en el mundo llamado desarrollado.

En ningún lugar hay más adictos al trabajo, lo que los norteamericanos llaman workaholics. Se supone que eso debería llevar a un país a un cierto éxito, al menos en el plano puramente económico. Y sin embargo, Japón lleva en crisis de forma prácticamente ininterrumpida desde 1990, y ninguna economía rica ha sufrido más que la japonesa los rigores de los dos últimos años.

Esa etapa sombría toca a su fin: una vez detectados los primeros signos de recuperación tras la sorprendente mejoría en Francia y Alemania, Japón se unió ayer al selecto club de países que han conseguido cerrar oficialmente el capítulo de la recesión: el PIB japonés creció el 0.9% en el segundo trimestre, lo que supone un avance interanual del 3.7%.

La recuperación parece pisar tierra firme de una vez por todas. Especialmente en Asia, con China creciendo al filo del 8% y un buen puñado de economías exhibiendo tasas incluso superiores.

EEUU y la mayor parte de las economías occidentales lidian aún con la peor crisis desde la II Guerra Mundial, pero la mejoría se ha extendido como una mancha de aceite por Malasia, Singapur, Corea del Sur, Hong Kong. Todos ellos grandes socios comerciales de Japón, que deja atrás cuatro trimestres de recesión, en los que el paro se ha encaramado a máximos de los últimos seis años y la deflación —la caída de precios, uno de los males endémicos del país asiático— se acerca peligrosamente al 2%.

EL EMPUJE

La clave de la recuperación japonesa es precisamente el empuje de sus vecinos. Eso ha permitido el crecimiento de las exportaciones en un país extremadamente dependiente de sus ventas al exterior, con un alza superior al 6% tras una larga temporada cayendo a plomo. Además de la mejoría del sector exterior, destacan tanto el avance del consumo privado —el talón de Aquiles de la economía nipona— como los efectos del plan de estímulo del Estado, que asciende al 4% del PIB y que ha llevado la deuda pública más allá del 150% del PIB, un nivel muy superior al de las grandes economías occidentales. Pero la recuperación está plagada de fragilidades. El alza del paro y las presiones deflacionistas persistirán en los próximos meses, con la industria produciendo al 70% de su capacidad. La confianza de los consumidores empieza a repuntar, pero desde niveles mínimos. Los estímulos anticrisis terminarán en marzo, y la extrema debilidad de las finanzas públicas dificulta planes similares en adelante. Y la inversión en bienes de equipo y en la construcción presentó en el segundo trimestre caídas pronunciadas.

“Puede que lo peor haya pasado, pero Japón no ahuyentará a sus fantasmas hasta que la recuperación sea de veras mundial”, aseguró Álvaro Lissón, de AFI. “El crecimiento en Japón pasó del 4% en la década de los ochenta a apenas el 1% en los noventa. Y al igual que el de Europa y EEUU se va a mantener bajo durante mucho tiempo”, explicó Keiichiro Kobayashi, del instituto de análisis Rieti.