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28 de Feb de 2020

Economía

Educad el niño para no castigar al hombre

COLUMNISTA. N o recuerdo dónde escuché este genial refrán, solo sé que hace dilatado sentido en nuestro globalizado mundo. El futuro de...

COLUMNISTA

N o recuerdo dónde escuché este genial refrán, solo sé que hace dilatado sentido en nuestro globalizado mundo. El futuro de una nación no se basa en sus particularidades, sino en la calidad de su gente. Cuando Leonardo Da Vinci fue invitado por el rey Francisco I de Francia a anidar sus últimos años en la mansión Clos Lucé al costado de su palacio en Amboise y Albert Einstein emigró de Alemania a Estados Unidos en 1933 para convertirse en el asesor clave del presidente Franklin Roosevelt, ambos grandes genios potenciaron enormemente a sus anfitriones.

Goza Panamá de envidiables atributos, majestuosa ecología y privilegiada posición que van más allá dimensionalmente de su extensión territorial, convirtiéndole en un panal donde industriosas abejas desarrollan estrategias para un excepcional futuro.

Para poder cincelar esa obra se hace indispensable perfeccionar su más valioso activo, su pueblo.

Fue así como la semana pasada me convidó mi excolega de IBM, multinacional donde juntos consagramos vigores hace treinta años, emulando a toda costa su particular rúbrica corporativa: ‘Think’, a participar en el II Foro de Innovación y Tecnología Educativa de las Américas.

Zapatero a tu zapato. Eduardo Jaén, más que administrador de Innovación, abriga esa visionaria pasión por la excelencia, rara en nuestro entorno e ilusoria en nuestros políticos. Para nada necesito embelesarle ya que lo único que compartimos son entrañables lazos de amistad pero sí me toca auscultar su valía en fraguar valientes giros en un escenario empañado hace décadas, en mediocridad.

Inicia el cónclave con la estupenda disertación de la Dra. Sungho Kwon, gestora del revolucionario sistema educativo coreano, fomentador garante de competitividad. Su mensaje abreviado se concentró en el aprendizaje creativo, herramienta clave para la revolución pedagógica, utilizando tecnología de información y comunicación (ICT).

El mayor reto de nuestro país en el siglo XXI es el desarrollo educativo integral que permita la erradicación de la inmoral pobreza en una nación que goza de una nefasta distribución en su creciente riqueza.

Paralelamente notaremos un refrescante cambio de actitud donde el papel del pedagogo será proveer a los estudiantes la inspiración por crear algo nuevo en el mundo, a resolver problemas que quizás ni siquiera existan, preparando alumnos para posiciones que aún no han sido creadas. El futuro es ahora, como lo es la urgencia por acción.