12 de Ago de 2022

Economía

Europa en el purgatorio

WASHINGTON. En este momento, ya es obvio que la adopción del euro fue una metedura de pata colosal. Podría calificarse como el peor erro...

WASHINGTON. En este momento, ya es obvio que la adopción del euro fue una metedura de pata colosal. Podría calificarse como el peor error de Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Las virtudes de la moneda común —redujo los costos de transacción y la incertidumbre de las cambiantes tasas de cambio entre las monedas nacionales— fueron temporarias. Sus perjuicios parecen ser permanentes o, al menos, semi-permanentes: los crecientes costos económicos de salvar el euro; el creciente nacionalismo que surge cuando se trata de hallar al culpable.

UNA SALIDA DIFÍCIL

No esperen una ‘solución’ mágica. Europa ha entrado en un purgatorio económico y político, del que no hay una salida fácil. En el papel, los países de la crisis (hasta ahora: Grecia, Portugal, Irlanda, Italia y España) podrían beneficiarse si abandonaran el euro y resucitaran las monedas nacionales. Podrían entonces devaluarlas, incentivando las exportaciones y el turismo. Pero en la práctica, esa decisión es peligrosa y, quizás, imposible.

Todo indicio de que un país fuera a deshacerse del euro podría desencadenar pánicos bancarios, cuando los ahorristas procuraran retirar sus euros. Los bancos se derrumbarían, lo que impondría más pérdidas para los bancos dentro y fuera del país que entrara en suspensión de pagos. Sin bancos viables, los prestatarios se verían hambrientos de crédito. Habría controles de capital, que restringirían el movimiento de fondos en el exterior. Si un país (por ejemplo, Grecia) abandonara el euro, podría precipitar pánicos y fugas de capital en otras partes. El economista jefe de Citigroup, Willem Buiter, presentó un panorama sombrío en el Financial Times:

‘El desorden de las suspensiones de pagos y los abandonos de la zona del euro ... hundiría no sólo al sistema bancario europeo sino también al sistema financiero de América del Norte. ... La crisis financiera resultante provocaría una depresión global que duraría años, con una caída del PBI probablemente del 10% y con una tasa de desempleo en el Occidente del 20 o más por ciento. Los mercados emergentes también serían arrastrados en la caída’. Dadas esas aterradoras posibilidades, casi nadie está ansioso por tentar al destino y ver si podrían, realmente, cumplirse. El mismo Buiter califica la probabilidad de este funesto resultado a no más de un 5%; la suposición es que los gobiernos europeos —o alguien— las evitará mediante rescates continuados (préstamos a los gobiernos débiles). Pero eso crea otros problemas. Impone austeridad en los países y desplaza el control de sus presupuestos a terceros: la Unión Europea o el Fondo Monetario Internacional (FMI).

POLÍTICAS DE RESCATE

La lógica es sencilla. Si los deudores necesitan ser rescatados, entonces los que los rescatan deben tener alguna incidencia en las políticas que podrían causar problemas. Según el último acuerdo entre líderes europeos, los países miembro deben presentar sus presupuestos a Bruselas para certificar que todo déficit no pase un techo de 0,5 por ciento del ingreso nacional. Habría una transición no especificada, porque la mayoría de los presupuestos violan ahora esa norma.

El potencial para inmiscuirse —y para el resentimiento— es obvio. Bruselas podría ordenar aumentos fiscales o recortes de gastos. Se estaría enviando al exterior la soberanía nacional sobre decisiones políticas esenciales. Se está centralizando demasiado poder que anteriormente estaba en manos de las naciones estado. Es posible y probable que se produzca una reacción negativa contra la idea de Europa.

Así pues, Europa está atrapada en el purgatorio. Lo que es económicamente sensato es políticamente traicionero. Además, la promesa del euro se ha dado vuelta.

Cuando se introdujo en 1999, su principal objetivo estaba claro. Como motor de una prosperidad compartida, fortalecería una conciencia común europea. El poder de Alemania estaría subordinado al proyecto mayor de una Europa unida. Ahora, todo se ha revertido: El euro está socavando la economía europea, creando conflictos (Reino Unido rechazó el último paquete) y elevando a Alemania —como el estado económicamente más fuerte— para establecer las condiciones apropiadas a fin de encarar la crisis.

Gran parte de todo esto era predecible y, en verdad, se predijo. He aquí un comentario mío de 1997: ‘Una moneda única (el dólar) funciona en Estados Unidos porque los salarios son flexibles y los trabajadores son móviles. Los trabajadores se mudan para encontrar trabajo. ... Europa carece de esas ventajas. ... Una forma en que los países pueden contrarrestar diferencias de competitividad es mediante tasas de cambio flexibles. ... La moneda única eliminaría esa posibilidad’. Otros, más eminentes, expresaron advertencias similares.

UNA VENTAJA INFLADA

Debido a que las ventajas económicas del euro se exageraron, éste se vio condenado también políticamente. ‘La gran tragedia potencial aquí es que ... generaría desunión’. Los europeos ‘se pelearían sobre quién tiene la culpa del fracaso de la moneda única en cumplir con sus infladas (y poco realistas) expectativas. Habría desilusión con la idea más amplia de Europa’.

Quizás Europa supere la crisis actual con alguna combinación de préstamos del banco Central Europeo y el FMI junto con normas para mejorar el crecimiento económico. Ése es el mejor resultado imaginable, y muchos otros —mucho peores— son posibles. Pero incluso el mejor resultado no sería muy bueno para los europeos ni para nosotros. Dejaría, como señalé entonces, ‘una Europa debilitada y resentida (que) no constituiría el socio que necesita Estados Unidos en el siglo XXI’.