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25 de Nov de 2020

Economía

Españoles buscan asistencia para comer

MADRID. Tras dejar a sus niños en la escuela en Barcelona, Esmeralda Inglés va a tomar el desayuno en Centro Caliu, un comedor social ub...

MADRID. Tras dejar a sus niños en la escuela en Barcelona, Esmeralda Inglés va a tomar el desayuno en Centro Caliu, un comedor social ubicado en el barrio de Horta, donde varios voluntarios empiezan a colocar los adornos de Navidad.

Con 31 años y tres hijos, Esmeralda pasará el invierno con los alimentos que le proporcionan entidades de beneficencia, ya que el alquiler y las facturas del hogar absorben casi la totalidad de su escaso presupuesto.

Tras tres años sin trabajo y agotado su subsidio por desempleo, Esmeralda recurrió a la caridad, pero ni su familia ni la de su marido conocen su situación.

‘Abro el buzón con miedo de encontrarme más facturas’, dice, antes de añadir que ‘hay veces que estamos una semana y media sin luz o sin gas porque no lo podemos pagar’.

En su hogar, con tres niños de 10, 8 y 3 años y su marido, las facturas de agua, gas y electricidad suben a unos 100 euros mensuales a los que hay que sumar otros 600 de alquiler, explica.

Una encuesta de la compañía Intrum Justitia reveló que un tercio de los españoles se quedan sin dinero tras pagar sus facturas.

Ante esta situación, el Gobierno de la región de Cataluña, donde vive Esmeralda Inglés, prohibirá cortar en invierno el suministro energético en los hogares más vulnerables. La misma medida fue rechazada en el Parlamento español por el partido conservador en el poder.

Tras salir de dos años en recesión, el Ejecutivo español de Mariano Rajoy celebra el inicio de la recuperación, aunque la tasa de desempleo es del 25.98% y una quinta parte de la población se encuentra en la pobreza.

‘Nuestro mayor éxito sería cerrar pero desgraciadamente cada día tenemos más trabajo’, afirma Josep Lluís Espunya, abogado de profesión y coordinador voluntario de la entidad.

Desde hace tres años, este centro ofrece comida, ropa e incluso ayuda económica para cubrir los gastos del hogar a cientos de personas necesitadas.

‘Me costó mucho venir aquí a pedir ayuda. Te ves muy inútil: con 35 años y sin encontrar trabajo’, explica Miquel Torrecillas, mientras sirve café en las diferentes mesas del centro.

Luego de perder su trabajo de pintor y verse durmiendo en un cajero con su mujer, volvió a casa de sus padres y pidió ayuda al Caliu, donde ahora también trabaja como voluntario.

Su esposa y su hijo viven con su suegra en Zaragoza, a 300 kilómetros, donde intenta viajar cuando consigue el dinero suficiente para el autobús. ‘Es difícil tenerlos lejos pero yo quería mantener el niño al margen’, confiesa.