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07 de Jun de 2020

Economía

Maniobra evasiva en inmigración

Hubo más prestidigitaciones de la Casa Blanca, recientemente, en el asunto de la inmigración

Hubo más prestidigitaciones de la Casa Blanca, recientemente, en el asunto de la inmigración.

Se postergó hasta fin del verano una revisión de la política de las deportaciones, que el secretario de seguridad del Territorio, Jeh Johnson, debía dar a conocer en los próximos días.

Eso es, si alguna vez llega a producirse. La intención de esa táctica de estancamiento es desplazar de primera página un asunto candente y pasar a otros temas. En lugar de liderazgo, la Casa Blanca nos ofrece más juegos y trucos de magia. ¿Revisión de las deportaciones? ¿Qué revisión? Ahora la ven, y ahora no.

Lo más probable es que el gobierno no revierta su posición en cuanto a las deportaciones. Una vez que un jefe ejecutivo hace lo que ha hecho el presidente Obama —es decir, poner en funcionamiento la maquinaria de las deportaciones a todo vapor— es casi imposible pararla. Las agencias del gobierno casi nunca se reducen; crecer es parte de su naturaleza. Por ese motivo, un presidente nunca debería utilizar las deportaciones para sus fines políticos. Obama siempre ha considerado la idea de expulsar a los inmigrantes ilegales como una manera lógica de proteger a los obreros, que apoyan el partido Demócrata, mientras al mismo tiempo se inocula contra la acusación de los republicanos de que tiene una mano blanda en la seguridad de las fronteras y la inmigración ilegal. El cálculo político básico no se ha modificado.

Ahora que a Obama le quedan sólo unos 950 días en el cargo, su plan de reforma migratoria parece consistir en parecer estar ocupado mientras no hace nada; fingir que los indocumentados le importan, cuando nunca lo han hecho; parecer desear su permanencia en el país, mientras continúa deportándolos en números récord; y utilizar el asunto para perjudicar a los republicanos con los latinos, pero sin presionar tanto como para lograr una ‘amnistía’, que dañe a los demócratas con los no-latinos.

Evaluemos los daños: dos millones de deportaciones en cinco años; cientos de miles de familias divididas; cientos de niños nacidos en Estados Unidos que están en hogares de acogida; acusaciones de abuso sexual y físico en los centros de detención de inmigración; afirmaciones de abogados de inmigración de que entre los deportados había cientos de menores no-acompañados; e innumerables promesas quebradas de mejorar las cosas de un presidente que las empeoró.

Además Obama nunca pierde la oportunidad de jugar con los ‘dreamers’, esos estudiantes indocumentados traídos al país cuando eran niños. Siempre se los presenta como Charlie Brown, mientras Obama desempeña el papel de Lucy con la pelota de fútbol. El presidente prometió esperanza y cambio y se los otorgó a estos jóvenes. Aumentó sus expectativas de que aflojaría las medidas de inmigración; y después cambió de idea.

Hace varias semanas, se anunció que Obama ordenó a Johnson revisar la política de las deportaciones e introducir cambios. Los observadores mediáticos especularon que podría haber una revisión de Comunidades Seguras —el programa por el que la policía local impone las leyes de inmigración y que el gobierno de Obama expandió a más de 1,000 jurisdicciones. Otros sugirieron que hasta podría haber una expansión del programa de Acción Diferida para los que Llegaron de Niños, que permite que estudiantes indocumentados eviten la deportación durante dos años y soliciten permiso de trabajo, permitiendo que los padres de esos estudiantes permanezcan en Estados Unidos.

Supuestamente, se retrasó la revisión porque un puñado de organizaciones de defensa de los inmigrantes pidió a Obama que suspendiera todo cambio hasta fines de agosto, a fin de que los republicanos de la Cámara pudieran tener una última oportunidad de hacer lo que se han negado siempre a hacer desde que tomaron el poder en enero de 2011: aprobar una ley migratoria.

Qué tontería. El ‘pedido’ de los grupos tuvo la intención de brindar a Obama una cobertura para hacer lo que en realidad quería hacer: evitar el tema antes de las elecciones de mitad de período. Todo este plan se inició en el Senado. Se informó que importantes demócratas del Senado instaron a los defensores de la inmigración, en una reciente sesión de estrategia, a dejar de criticar a la Casa Blanca y a aumentar la presión sobre los republicanos de la Cámara. Pero una fuente fidedigna que se reunió con personal del Senado después de ese encuentro, me informa que fueron los senadores demócratas los que instaron a los activistas a pedir el retraso.

¿Por qué? Es simple. Porque lo último que quieren los demócratas es ablandar la política de las deportaciones justo antes de las elecciones. Temen que los perjudique en los comicios.

Perdón. Aparte de las maniobras políticas, ¿recuerda alguien por qué estamos aquí? Tenemos lo que se calcula que son 11 millones de inmigrantes ilegales en los Estados Unidos, que a nadie importan ni con los cuales nadie sabe qué hacer. Y los que menos, nuestros funcionarios electos.

ECONOMISTA