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20 de Jan de 2021

Economía

Apologista de la Casa Blanca recibe críticas sobre la inmigración

Las pocas publicaciones que cubrieron el incidente hicieron ver como que Muñoz fue injustamente individualizada

La asesora de la Casa Blanca, Cecilia Muñoz, que cumple funciones dobles como directora del Consejo de Política Interior y principal funcionaria latina del gobierno de Obama encargada de relaciones públicas y propaganda en asuntos relativos a la inmigración, fue interrumpida y abucheada en una reunión reciente de abogados de inmigración.

Muchos de los medios no parecieron comprender el motivo. Las pocas publicaciones que cubrieron el incidente hicieron ver como que Muñoz fue injustamente individualizada, cuando no había culpa de su parte.

Como sigo el debate de la inmigración de cerca, considero que la reacción está vinculada con el hecho de que este gobierno ha creado el caos en las comunidades inmigrantes de Estados Unidos. Rompió la promesa de Barack Obama de convertir la reforma migratoria integral en prioridad máxima, deportó a más de 2 millones de personas, separó a cientos de miles de familias, propagó información incorrecta sobre a quién se estaba expulsando, estableció una cuota anual de 400,000 deportaciones, utilizó a la policía local para imponer la ley migratoria federal a fin de alcanzar ese objetivo, negó que Obama tuviera autoridad ejecutiva para detener las deportaciones y después revirtió ese curso y descubrió esa autoridad durante la campaña para su reelección, detuvo a mujeres y niños sin darles acceso a abogados, envió refugiados de América Central de vuelta a su país sin debido proceso aún cuando enfrentaban posibles sentencias de muerte, y politizó el tema de la inmigración en forma tal que ayuda a los demócratas y perjudica a los republicanos, de manera que ahora, en el Congreso, nadie quiere tocarlo.

Muñoz fue un personaje central en esa debacle que fue la política migratoria de Obama. No es meramente que la culpa de los errores del gobierno haya caído sobre su persona, sino que ella cometió sus propios errores--como cuando sobreestimó de lejos el porcentaje de deportados que tenían antecedentes penales.

Como hija de inmigrantes bolivianos y por haberse incorporado inicialmente a la Casa Blanca como directora de la Oficina de Asuntos Intergubernamentales, Muñoz fue lanzada casi inmediatamente a defender la zigzagueante política migratoria del gobierno. De hecho, en su primer período, se llamó tantas veces a Muñoz para explicar las prioridades del cumplimiento de la ley migratoria que podría habérsela confundido con el vocero oficial de los Servicios de Inmigración y Control de Aduanas.

Y como Muñoz habla español de corrido, fue especialmente útil en poner una venda en los ojos de los electores latinos e intentar desviar su cólera de un presidente demócrata y hacia los republicanos del Congreso. A veces, el mensaje bilingüe estuvo lleno de contradicciones. Durante una entrevista en la televisión angloparlante, adoptaba una línea dura afirmando que debía imponerse la ley y que era inevitable que hubiera cierta separación de las familias. Después, durante una entrevista en la televisión en español, se volvía cálida y suave y parecía ansiosa por acomodar a los mismos inmigrantes ilegales que, en el otro canal, acababa de decir que debían expulsarse del país.

Finalmente, Muñoz no dudará en imponer la ley. Durante la crisis fronteriza del año pasado, creada por los niños de América Central, el ex gobernador de Maryland, Martin O'Malley--que es ahora candidato para la nominación presidencial demócrata criticó los esfuerzos de repatriación del gobierno cuando dijo: ‘No somos un país que deba entregar niños y enviarlos de vuelta a una muerte cierta.' O'Malley recibió una colérica llamada de Muñoz y acabó en lo que CNN llamó una ‘discusión airada.'

Considerando ese terrible historial, uno pensaría que Muñoz no sería la más adecuada para dirigir la palabra en una reunión anual de una organización que, supuestamente, aboga por los inmigrantes--la Asociación Norteamericana de Abogados de Inmigración (AILA, por sus siglas en inglés).

¿Nunca oyeron hablar de ella? No me sorprende. Durante gran parte de los últimos seis años y medio, el grupo de tendencia demócrata, ha omitido criticar al presidente a quien muchos de sus miembros apoyan.

Eso comenzó a cambiar recientemente, pero es probable que se deba exclusivamente al hecho de que Obama no enfrenta una reelección. Con AILA, la política siempre parece interferir para que se haga lo correcto. Pero eso es lo que sucede cuando se es primero demócrata y segundo abogado.

En su mayor parte, el discurso de Muñoz al grupo se llevó a cabo sin complicaciones. Unos pocos abogados se pusieron de pie sosteniendo carteles con fotos de sus clientes, quienes están injustamente detenidos por el gobierno. Pero sólo unos pocos. La gran mayoría de la multitud pareció escuchar cortésmente y aplaudió cuando Muñoz terminó.

Quizás no fuera una elección tan extraña, después de todo. La ponente y la organización parecen cortadas con el mismo molde. Se merecen una a la otra.

THE WHASHINGTON POST