24 de Feb de 2020

Economía

¿Sufrirá China un colapso?

La economía china está debilitándose claramente y su crecimiento económico está probablemente por debajo del objetivo del gobierno

Las preguntas que China enfrenta ahora son si puede mantener su propia estabilidad interna y contribuir a la vitalidad de la economía global más amplia. Como muchos gigantes económicos anteriormente—Japón viene a la mente--China pareció incontenible. Su economía bullía a una tasa de crecimiento económico anual del 10 por ciento. Ningún obstáculo pareció ser insuperable. Después de la crisis financiera de 2008-09, China adoptó un enorme paquete de estímulo equivalente a alrededor del 13 por ciento de su producto bruto interno (PBI). El crecimiento económico se reanudó y los dirigentes chinos recibieron muchos elogios.

Ahora resulta que los chinos ‘como los japoneses—no son infalibles. En verdad, tras considerar las diferencias en las circunstancias históricas, China y Japón parecen haber cometido errores similares. Japón confió en las exportaciones e inversiones empresariales hasta que la tasa de cambio que iba en ascenso, a mediados de la década de 1980 socavó la competitividad de los precios de sus exportaciones. Después adoptó una política monetaria fácil, que condujo a burbujas en bienes raíces y en el mercado de valores. En forma similar, China dependía de un crecimiento impulsado por las exportaciones y, cuando la crisis financiera redujo el comercio, viró a una expansión masiva del crédito para financiar proyectos de infraestructura y más inversiones en industria pesada.

El problema tanto para los japoneses como para los chinos fue que esos auges impulsados por el crédito fueron temporarios. Las burbujas de Japón explotaron (el índice de la bolsa está aún por debajo de su pico de 1989). Las burbujas de China dejaron capacidad de producción excedente en las industrias pesadas, que están, en gran medida, vacías. Los dirigentes de China parecen haber aceptado la necesidad de un modelo económico nuevo—que descanse en los gastos del consumidor como principal motor de crecimiento económico. Pero cambiar en teoría y cambiar en la práctica no es la misma cosa.

La economía china está debilitándose claramente y su crecimiento económico está probablemente por debajo del objetivo del gobierno del 7 por ciento—quizás muy por debajo. En agosto, el índice de fabricaciones de China cayó a su punto más bajo en tres años. También es inquietante la debilitación de la producción eléctrica y los envíos por trenes de carga. Pero en un informe, las economistas Donna Kwo y Tao Wang de UBS descartan esos hechos. Alrededor del 70 por ciento del consumo eléctrico proviene de la industria, que ya no se destaca. En cuanto al tráfico de ferrovías, gran parte del mismo involucra movimientos de carbón para las plantas eléctricas; con un uso débil de la electricidad, también disminuyó ese tráfico.

La economía china no está cerca del colapso, escriben Kwok y Wang, aunque reconocen serios problemas. El mayor, radica en las inversiones excesivas en viviendas, que redujeron la construcción y la demanda de materiales de construcción (acero, cemento). La caída del mercado de valores también dejó un sabor amargo. Pero las buenas noticias no reciben suficiente atención, dicen. En julio, la venta de productos al por menor aumentó un 10,3 por ciento comparado con el año anterior; las ventas de teléfonos inteligentes se elevaron un 32 por ciento. El mercado laboral sigue fuerte y las acciones representaron, en su momento álgido, sólo el 12 por ciento de la riqueza familiar.

El economista Nicholas Lardy del Peterson Institute, experto en China, está de acuerdo. ‘Los salarios y los ingresos disponibles todavía están subiendo,' dice. ‘El consumo se está elevando.' Pero lo que lo impulsa son los servicios, que representan casi la mitad del PBI, y no los productos industriales, que dan cuenta de un poco más de un tercio. ‘Hubo muchos gastos en asistencia médica, educación, turismo y entretenimiento,' dice Lardy. Cita una cadena de cines cuyos ingresos se elevaron un 40 por ciento en la primera mitad de 2015.

A pesar de todo eso, la ralentización ya tuvo consecuencias globales. El voraz apetito del país por las materias primas (petróleo, granos, minerales) alimentó una burbuja de materias primas que explotó ahora. Los precios se elevaron y cayeron en forma pronunciada; hay un excedente de capacidad minera en muchos metales. Los productores de materias primas de Australia a Brasil y Arabia Saudí fueron afectados drásticamente. Ellos (y casi todos los demás) sobreestimaron las perspectivas chinas de crecimiento económico a largo plazo. Sus cálculos errados representan una gran carga para la economía global.

Más peliaguda es la conexión entre la economía y la política. ¿Se ajustará la mayoría de los chinos al crecimiento económico más lento pero aún rápido según estándares occidentales? ¿O el crecimiento económico más débil desacreditará al Partido Comunista? ¿Se volverá China más nacionalista y mercantilista en el exterior, como distracción para las decepciones internas? Lardy piensa que los dirigentes del régimen se sienten seguros en la medida que la creación de puestos de trabajo siga fuerte—como lo ha estado. En la primera mitad de 2015, informa, el impresionante número de puestos de trabajo no-agrícolas fue de 7,2 millones. El sector de servicios es el doble de intensivo en la contratación, comparado con el sector industrial, señala.

Aun así, la perturbadora analogía con Japón se mantiene. Tras el colapso del modelo económico liderado por las exportaciones, Japón nunca encontró realmente un reemplazo adecuado. Su economía tropezó de una ‘reforma' a otra. En muchos años, el crecimiento económico promedió menos de un 1 por ciento. Fue una ruptura radical con el pasado. Si China experimenta algo similar—incluso con el crecimiento económico excediendo un 1 por ciento—es difícil imaginar que sus dirigentes reaccionen con la pasividad de Japón.

THE WASHINGTON POST

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Las buenas noticias no reciben atención. En julio, la venta de productos al por menor aumentó un 10.3% comparado con el año anterior

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La economía china no está cerca del colapso según Kwok y Wang, aunque reconocen serios problemas, como las inversiones excesivas en viviendas