24 de Feb de 2020

Economía

Se busca: Liderazgo serio en inmigración

A menudo me preguntan cuál de los dos partidos políticos principales es mejor, en lo referido a la inmigración.

A menudo me preguntan cuál de los dos partidos políticos principales es mejor, en lo referido a la inmigración. Es una pregunta con trampa. Ambos son horribles.

Los legisladores dominan el juego de no hacer nada, excepto engañar a sus electores. Los demócratas hacen la campaña pintándose como los mejores amigos de los inmigrantes; una vez que ocupan sus cargos, construyen murallas, militarizan la frontera y deportan a la gente en números récord. Los republicanos hacen la campaña oponiéndose a una ‘amnistía' y elogiando el orden y la ley; una vez que ocupan sus cargos, crean exenciones en el cumplimiento de la ley a fin de estabilizar la fuerza laboral, silenciosamente presionan para que los indocumentados alcancen categoría legal y se niegan a tomar medidas severas contra los empleadores.

En este momento, es difícil decidir cuál está más desconectada de la realidad: la despiadada y obcecada política migratoria de Donald Trump; o la falsa indignación de los demócratas, liberales, latinos y reformistas, conmocionados porque Trump amenaza con deportar a millones y dividir familias. Durante casi siete años, esos grupos tuvieron poco que decir cuando el presidente Obama hizo exactamente lo mismo.

Como era de predecir, muchos de los demócratas que excusaron a Obama, o que se esforzaron por ignorar el hecho de que estaba aumentando el número de deportados por motivos políticos, apoyan ahora a Hillary Clinton para la pre sidencia.

Es la misma Clinton que—obviamente sin temer preguntas difíciles—se sentó, recientemente, con el conocido ‘periodista' hispano, Mario López, para declarar que le preocupaba mucho el tono duro con que Trump hablaba de los inmigrantes.

Saben, los demócratas sólo escogen el tema de la inmigración cuando pueden usarlo como un garrote con que pegar a los republicanos. Por lo menos, al contestar a las preguntas de López—conductor del programa noticiosos de entretenimiento ‘Extra'—Clinton no debió preocuparse de que le preguntaran por qué, mientras estaba en el Senado en 2003, sintió la necesidad de declarar, en una radio de Nueva York, que estaba ‘categóricamente [opuesta] a los inmigrantes ilegales.'

Tampoco debió preocuparse de que le preguntaran sobre su votación en el Senado a favor de la Ley de Cercas Seguras de 2006. La propuesta de ley pedía la construcción de una cerca a lo largo de la frontera mexicano-americana. En aquel momento, Clinton expresó al New York Daily News en un lenguaje Trumpesco, ‘Un país que no puede controlar sus fronteras falla en una de sus obligaciones fundamentales.'

Ni tampoco tuvo que explicar—mientras la crisis de los refugiados continúa en Europa—por qué le dijo a Christiane Amanpour, de CNN, el verano pasado, que los niños no-acompañados que huían de la violencia de América Central al venir a Estados Unidos por la frontera mexicano-americana, ‘debían ser enviados de vuelta.' En aquel momento, Clinton declaró fríamente: ‘Debemos enviar un mensaje claro: Sólo por el hecho de que su hijo cruce la frontera, no significa que ese chico se vaya a quedar.'

Y sólo porque sea un demócrata—o más precisamente, no republicano—no significa que puede contar con recibir los votos de los latinos, aun cuando no los merece. En otros aspectos de la campaña, Trump puede ser de miras estrechas, pero piensa a lo grande cuando se trata de deshacerse de los inmigrantes ilegales.

El puntero del Partido Republicano—quien esta semana recibió una ovación prolongada de una multitud de unas 15,000 personas en Dallas, cuando dijo debemos detener la inmigración ilegal—recientemente aseguró a sus seguidores, en una llamada, que, con su destreza administrativa él podría trasladar a 11 millones de inmigrantes ilegales fuera del país en dos años.

Qué vago. Si hablan con los inmigrantes ilegales, ellos pueden asegurarles que, si los deportan, con su destreza para sobrevivir, estarán de vuelta de este lado de la frontera en semanas.

En la cobertura mediática de la crisis de los refugiados en Europa, los expertos en migración nos dicen que inmigrantes que han viajado más de mil millas para trasladarse de Siria a Hungría, con la esperanza de ir a Alemania, Francia o Gran Bretaña, no se rendirán y volverán a casa por encontrar un alambre de púa o si los colocan a la fuerza en ómnibus. Seguirán intentando. Nunca se rendirán.

No me digan. Ese tipo de determinación no se limita a los refugiados que ingresan en Europa. En los Estados Unidos, un locutor de noticias de cable con sede en Nueva York recientemente me preguntó por qué no se podía ‘deportar permanentemente' a los inmigrantes ilegales. El motivo es la naturaleza humana. Ya los llamemos inmigrantes o refugiados, los que arriesgan su vida por la oportunidad de algo mejor son personas serias comprometidas en un esfuerzo serio. Qué lástima que no podamos decir lo mismo de nuestros funcionarios electos ni candidatos presidenciales.

THE WASHINGTON POST