Temas Especiales

07 de Feb de 2023

Economía

Responsabilidad social como inversión social

Las empresas también invierten en la sociedad y se van involucrando en las diferentes partes interesadas

Las empresas tienen un impacto mucho mayor del que imaginamos en la sociedad. Por un lado con los productos y servicios que ofrecen (sobre todo si satisfacen necesidades básicas), por otro lado generan millones de puestos de trabajo, contrataciones de cientos de miles de proveedores y aportan varios millones en impuestos que vuelven a la sociedad de manera concreta en educación, salud, seguridad, entre otros beneficios. Pero eso no es todo. Vemos que poco a poco las empresas también invierten en la sociedad y se van involucrando en las diferentes partes interesadas, principalmente con la comunidad de una forma cada vez más comprometida con lo social, sin descuidar lo ambiental o desenfocarse de lo económico.

Hace un tiempo atrás las buenas prácticas comenzaron a enmarcarse dentro de un espacio que año a año ganó su lugar, evolucionando bajo el nombre de Responsabilidad Social de la empresa (RSE). En ese momento se quería dar apoyo a la comunidad y se concentraban principalmente en evaluar el impacto ambiental y disminuir la contaminación, los ruidos de sus fábricas, sus luces nocturnas, el tránsito pesado y movimientos de su logística, entre otros asuntos. Luego se comenzó a mirar un poco más allá y se inició una relación con el barrio. Principalmente con las instituciones educativas, de seguridad y de salud. El apoyo estaba más relacionado con donar fondos para alimentos, medicamentos y recursos para infraestructura, mobiliario y materiales de construcción. Poco a poco se comenzó a generar una participación más activa entre los vecinos y los colaboradores. De esa manera nació lo que hoy conocemos por Voluntariado Corporativo que fue creciendo y madurando para abordar diferentes temáticas y desafíos.

Con el tiempo las empresas comenzaron a ver que su impacto iba más allá de su zona de residencia y los barrios lindantes. Esto se advirtió al ver el alcance geográfico de sus productos y servicios, ampliando una vez más el radio de incidencia en la sociedad. Ya no sólo se aseguraban de la calidad de sus materias primas, su origen, cadena de producción, manufactura, etc. también se cuidaban los valores que transmitían dichos productos y servicios, su imagen, su reputación y sus mensajes publicitarios. Que poco a poco los consumidores estaban atento a todo esto y mucho más. Esto llevó a desarrollar estrategias específicas e invertir fondos para lograr un impacto positivo en toda su extensión y amplitud.

Desde entonces se han establecido nuevos sistemas de escucha, reclamos y necesidades, comenzando a generarse una serie de parámetros para cuantificar y dimensionar el impacto social, económico, ambiental e incluso reputacional. Se pudo visibilizar y ordenar las posibilidades y oportunidades que teníamos en frente para actuar en la comunidad. Se comenzaban a identificar diferentes campos como ser la participación activa de la comunidad, la educación y cultura, la creación de empleo y desarrollo de habilidades, el desarrollo y acceso a la tecnología, la generación de riqueza e ingresos, la salud, y finalmente la inversión social.

Hoy se desarrollan e implementan programas de RSE de una forma mucho más planificada y con mayor compromiso y conocimiento de las necesidades relacionadas con la comunidad y el conjunto de la sociedad. También se ha logrado mayor alcance y eficiencia al trabajar con aliados estratégicos donde por ejemplo las organizaciones intermedias aportan conocimiento, las de base la experiencia, otras empresas complementan el trabajo social y el estado provee de información, recursos y otros aportes claves para alinear el programa de RSE dentro de las políticas públicas. Todo esto genera actualmente una sinergia única antes no vista.

Y para concluir las inversiones sociales que contribuyen al desarrollo de las comunidades pueden mantener y mejorar las relaciones de una empresa con sus comunidades. Muchas veces están o no asociadas con las actividades operacionales fundamentales de la misma y ahí es donde tenemos que trabajar para encontrar en el ADN de la empresa los aportes vitales para esa sociedad y que les permita con la menor inversión social logar el mayor impacto.

Hemos asistido a una sana y natural evolución de la RSE donde hemos madurado y crecido juntos en un camino bien intencionado y donde cada vez más empresas se suman al compromiso con la comunidad pudiendo agregar valor, conocimiento, dar escala a los programas, replicar sus modelos exitosos pero sobre todo darles sostenibilidad en el tiempo. Desde que se inició el camino de las buenas prácticas hemos transitado hacia la responsabilidad e inversión social. Ahora es el turno del desarrollo sostenible en beneficio de todos. Es nuestro próximo desafío.

EXPERTO INTERNACIONAL Y CONSULTOR ASOCIADO DE STRATEGO