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13 de Dec de 2019

Economía

El desempleo juvenil se ubica en 57.1% hasta agosto de 2019, según Contraloría

Se estima que de cada 100 desocupados, 57 están entre las edades de 15 y 29 años. Especialistas consultados en el tema no respaldan estos datos, pero destacan que los resultados de la prueba PISA revelan el talón de Aquiles del progreso en recurso humano

Colón y Panamá Oeste son las provincias con mayor índice de desempleo.Archivo | La Estrella de Panamá

Hasta agosto del 2019, el desempleo de los jóvenes entre 15 y 29 años en el país fue de 57.1%, según la encuesta de mercado laboral de la Contraloría General de la República.

El documento detalla que la población desocupada en el país fue de 146,111 personas, presentando un incremento de 23.5% en comparación con el mismo período del 2018, cuando se registraron 118,338 desocupados.

En este contexto, la entidad también estimó que de cada 100 de estos ciudadanos, 57 tienen entre 15 y 29 años de edad, que comprende población laboral joven.

Sin embargo, René Quevedo, especialista en temas laborales, se mostró en desacuerdo con estos datos, y destacó que “las cifras no están infladas, solo que el uso del término 'desempleo juvenil del 57.1%' es incorrecto”. “La cifra indicaría que más de la mitad de los jóvenes están desempleados, lo cual no es verdad”, sostuvo Quevedo.

En su lugar, el especialista en temas laborales explicó que la tasa de desempleo juvenil a nivel nacional es de 18.1% (15-24) y 15% (15-29). “En agosto del año pasado eran 15.7% y 13.4%, respectivamente”, remarcó.

Por su parte, para el economista Aníbal Culiolis, la reducción del desempleo juvenil en el 2018 también “es bastante dudosa”. “Calificó los resultados de esta forma, porque durante la pasada administración se consideraban los trabajos temporales como formales. Y esta acción nunca debió ser así, porque era una forma para distorsionar las estadísticas”, acotó.

Para generar avances sobre el tema, el economista recomendó que se vinculen las políticas de empleos con las educativas que le permitan a los jóvenes prepararse para conseguir empleos y que puedan ser competentes en el mercado. “De este modo, formamos a las futuras generaciones con las capacidades y competencias para que puedan conseguir empleos con mejores salarios, más estables y productivos”, apuntó el economista.

Según Culiolis, en el caso de los jóvenes, no solo se trata de generarles la capacidad de obtener empleo, sino de fortalecer sus capacidades de emprendimiento.

“Con la nueva generación no solo hay que potenciar el uso de la tecnología, sino las habilidades de emprendimiento en temas de asistencia técnica, financiamiento, apertura de mercado, para que así generen proyectos propios”, acotó.

Además, Culiolis ahondó en que en Panamá hay legislaciones que se deberían evaluar y crear dentro del sector público y privado, para que se ofrezca a los jóvenes un primer empleo que goce de un salario justo y que contribuya a la formación dual. “El país está llamado a hacer una labor importante en este tema que en gran medida se ha desligado desde hace muchos años”, reflexionó el economista.

Efecto rebote de la deficiencia educativa

Por otro lado, los especialistas también coinciden en que el talón de Aquiles del progreso en recurso humano juvenil está muy ligado a la capacitación académica de los nuevos prospectos laborales. Y en ese sentido reflexionaron sobre los resultados del Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe (Pisa), presentados este martes, en el cual Panamá se posicionó como el número 71 de 79 países, en base a evaluaciones tomadas a 6,000 estudiantes de escuelas públicas y privadas el año pasado.

“Hay que ver la prueba Pisa como un fracaso no desde el punto de vista de la participación de los estudiantes, sino de toda la sociedad y de los gobiernos”, enfatizó Culiolis.

“Las cifras indicarían que más de la mitad de los jóvenes están desempleados, lo cual no es verdad”,

RENÉ QUEVEDO
ESPECIALISTA EN TEMAS LABORALES

Afirmó que en esta y otras pruebas que se realizan sobre ese mismo contexto y en donde se mide la capacidad del sector primario y secundario, se ve en gran medida las deficiencias que hay en matemáticas, pensamiento reflexivo y crítico.

“Ese estudiante que sale de secundaria como un analfabeta funcional no puede desarrollarse en el mercado laboral. Todas esas deficiencias que son detectadas en primaria y que terminan en secundaria, son aportes al desempleo juvenil”, subrayó.

Asimismo, recalcó que si las futuras generaciones no reciben los conocimientos, las herramientas, capacidad, competencia y el desarrollo del pensamiento crítico necesario, es probable que dentro de 10 o 15 años cada uno de esos grupos sean adultos improductivos que no van a aspirar a salarios dignos, solo aquellos de subsistencia.

“Todos esos problemas tienen sus orígenes en una educación deficiente y la prueba Pisa es una muestra de ello”, analizó el economista.

Culiolis rescató que la mala calidad educativa no solo está en las escuelas públicas, sino también en las particulares. “La deficiencia es notoria en las escuelas particulares, porque no tienen la mejor calidad y mucho menos en proporción al costo económico que ofrecen como una oferta educativa, ya que al final es un negocio”, expresó el experto.

Impacto por provincia

De acuerdo con la encuesta de mercado laboral, las provincias de Colón y Panamá Oeste registraron los más altos porcentajes de población desocupada. El listado lo lidera Colón (12.1%), seguido de Panamá Oeste (8.3%). Le siguen Panamá (8.2%), Bocas del Toro (7.8%), Chiriquí (6.5%), Coclé y Veraguas (4.8%), Darién (3.3%), Herrera (2.1%), Ngäbe Buglé (0.8%), Los Santos (0.6%), las comarcas Guna Yala y Emberá (0.5%).

Para Quevedo, en el caso de Colón el desempleo pasó de 8.6 a 12.1% en un año en el cual se perdieron 1,149 empleos y el desempleo juvenil (15 a 29 años) pasó de 16.4% a 23.8%, resultando en un aumento de 3,088 jóvenes, desempleados 2,224 de ellos (72%) menores de 24 años.

De hecho, dijo que “2,099 trabajadores con nueve o menos años de escolaridad perdieron sus trabajos, lo cual fue parcialmente compensado por la contratación de 1,169 técnicos con educación media, que se incorporaron al mercado laboral”.

El especialista en mercado laboral expresó que en Panamá Oeste se generaron 10,675 nuevos empleos entre agosto 2018 y agosto 2019, pero el desempleo pasó de 7% a 8.3%, por el aumento de la población económicamente activa. “Esto produjo una expansión del empleo a trabajadores con títulos universitarios de 55%, por lo tanto 1,927 trabajadores con escolaridad entre los 9 y 12 años perdieron sus trabajos”, manifestó el también docente.

Según el especialista, en ambos casos se resalta la estrecha relación entre el nivel educativo y la empleabilidad, debido que a nivel nacional, 84% de todas las personas que comenzaron a buscar trabajo el último año tienen 30 o más años, y el 60% de todos los nuevos empleos benefició a trabajadores entre 50 y 69 años.

“Este es un indicativo de que el sector productivo está demandando educación y madurez. Toda la expansión del empleo vino de emprendimientos, es decir, nuevos trabajadores independientes (39,911) y trabajadores familiares (16,956). Por su lado, el sector privado perdió 1,545 empleos asalariados en un año”, indicó Quevedo.

Además, mencionó que el desarrollo y manejo de oportunidades para la inclusión productiva de la población joven (particularmente con debilidades educativas), a través de la contratación de mano de obra de la comunidad y la compra de servicios a proveedores locales, se convertirá en parte importante de la gestión social de nuevos proyectos públicos y privados. “En su defecto, estas demandas comunitarias se convertirán en fuente de conflicto”, advirtió.

Quevedo indicó que la empleomanía en sectores con bajos requerimientos de escolaridad, como la construcción (9.8 años aprobados) se ha contraído. Por ejemplo, este sector perdió 23,214 empleo entre el 2014 y 2019, 16,962 de ellos (73%) el último año, a causa del término de obras de infraestructura.

“Esta situación forzó a estos jóvenes a buscar empleo en otros sectores con exigencias superiores de instrucción formal. Esto plantea un enorme desafío, que amenaza con agravar la ya desigualdad social en nuestro país”, puntualizó Quevedo.