Para Juan Camilo Nariño, presidente de la Asociación Colombiana de Minería (ACM), “una de las mayores restricciones que hoy hay para cumplir los acuerdos...
- 07/12/2014 01:00
La gran caída del petróleo de 2014 es asombrosa. Desde mediados de junio, los precios del crudo han caído aproximadamente un 40%, de 115 dólares por barril de petróleo Brent a unos 70 dólares por barril en la actualidad. Los precios de la gasolina en Estados Unidos cayeron casi un dólar por gallón, de 3.63 dólares en junio a 2.74 dólares a principios de diciembre. Esas reducciones indican una transferencia masiva de riqueza de los productores a los consumidores, que el economista Edward Yardeni calcula en aproximadamente 1.5 billones de dólares anuales. Aunque las implicancias plenas son un poco confusas —en parte porque no está claro si los precios se mantendrán— entre los probables efectos encontramos un incentivo para la débil recuperación económica global así como presiones políticas para los principales exportadores, entre ellos, Nigeria, Venezuela, Rusia e Irán.
¿Por qué se está produciendo esta caída? ¿Qué significa? Esto es lo que sé.
‘Se debe a la ley de la oferta y la demanda’. El colapso de los precios refleja demasiada oferta en busca de demasiado poca demanda. La mayoría de los analistas se han concentrado en la creciente producción, en Estados Unidos, de petróleo de esquisto, que aumentó en 3.5 millones de barriles diarios desde 2008, según la consultora IHS. Pero la expansión de Estados Unidos fue muy anticipada, expresa el economista Larry Goldstein. La verdadera sorpresa, sostiene, fue una demanda global menor a la que se esperaba. A principios de 2014, los pronosticadores predijeron un crecimiento de 1.3 millones de barriles diarios, expresa Goldstein. El crecimiento real fue de alrededor de la mitad de esa cifra, 700,000 millones de barriles diarios, lo que reflejó una debilidad económica no esperada en Europa, Japón y China.
‘El pequeño cambio en el equilibrio oferta-demanda causó cambios de precios importantes, porque la demanda de petróleo es ‘inelástica con respecto al precio’. Los excedentes o la escasez en moderación pueden provocar enormes cambios en los precios, porque las necesidades de los consumidores —en el corto plazo— son rígidas. La escasez produce rebatiñas para conseguir provisiones; los excesos producen caída de los precios para despejar el mercado. El consumo global actual de petróleo es de unos 92 millones de barriles diarios y la capacidad de producción disponible es de unos 95 millones de barriles diarios, dice Goldstein.
Los precios más bajos, si se mantienen, representan un enorme beneficio para el consumidor’. Todos los países que son importadores de petróleo neto (la mayor parte de Europa, Japón y China) se beneficiarían, pero Estados Unidos —debido a sus hábitos de manejo y de vuelos— se beneficiaría muy especialmente. Si los precios de crudo caen un promedio de 25 dólares por barril, las familias típicas podrán ahorrar 500 dólares en el próximo año, expresa el economista Mark Zandi, de Moody’s Analytics. Suponiendo que se gasten dos tercios de ese beneficio, la economía crecerá un 0.4% más velozmente (eso representa unos 70,000 millones de dólares en una economía de 17 billones de dólares) y generará 350,000 puestos de trabajo.
"Los recortes en la exploración y desarrollo del petróleo no contrarrestarían ese estímulo". En teoría, los precios bajos podrían causar que las empresas petrolíferas eliminaran proyectos nuevos que se volverían no rentables. Eso diluiría el efecto del gasto mayor de los consumidores. Pero para el petróleo de esquisto de Estados Unidos, la amenaza es modesta, sostuvo Daniel Yergin, de IHS, en el Wall Street Journal . Citó un estudio de IHS, basado en datos de pozos individuales, y halló que el 80% de los proyectos planeados para 2015 son rentables con los precios del petróleo entre 50 y 60 dólares por barril. (IHS supone que los precios se estabilizarán en 77 dólares por barril). En un plazo más largo, los precios bajos amenazarían los costosos proyectos de aguas profundas y del Ártico, dijo Yergin. Pero el efecto sería gradual.
‘La OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) no es un cartel operante’. Los carteles elevan los precios limitando las provisiones. Si los miembros de la OPEP —que representan un tercio de la producción petrolera global—formaran un cartel genuino, hubieran impedido el colapso de los precios. La OPEP no lo hizo porque, dice Goldstein, casi todos los miembros desean ‘producir todos los barriles que pueden’. Sólo Arabia Saudita, su mayor miembro, recortaría la producción para elevar los precios. Se negó a cargar sin la ayuda de nadie con los costos de ser un cartel.
No sabemos aún cuánto más pueden hundirse los precios o cuándo podrían elevarse. Para muchas de las naciones productoras, los ingresos del petróleo constituyen una porción considerable de los presupuestos gubernamentales. ¿Causará el cambio malestar social o inestabilidad política? ¿Incitará a algunos (Vladimir Putin) a volverse más belicosos para crear una distracción de una economía tambaleante? ¿Harán los daños que los miembros de la OPEP se comporten como un cartel real? La caída del petróleo es una historia importante en 2014. Podría serlo aún más en 2015.
THE WASHINGTON POST