Conflicto en Medio Oriente frena baja de tasas de interés en Panamá

El sistema bancario, consciente de estos riesgos, mantiene una postura prudente para preservar la solidez financiera y garantizar que el país siga siendo un destino seguro para depositantes e inversionistas

En medio del conflicto en Medio Oriente, las tasas de interés han mostrado un comportamiento marcado por la incertidumbre y la cautela, reflejando la estrecha relación entre los choques geopolíticos, el precio del petróleo y las condiciones financieras internacionales.

Panamá, al ser una economía dolarizada y sin banco central propio, absorbe de manera directa las tensiones externas, lo que explica la postura prudente del sistema bancario frente a la posibilidad de recortes en las tasas.

La economista Yariela Zeballos subraya que el país carece de una política monetaria autónoma, lo que lo hace dependiente de la oferta y demanda global y del uso del dólar.

En este contexto, dijo, las tasas locales no bajan de inmediato porque los bancos deben cumplir primero con los compromisos adquiridos con los ahorristas en depósitos a plazo. “Forzar una reducción de tasas sería contraproducente, pues podría incentivar la salida de capitales hacia mercados con mayores rendimientos, afectando la liquidez y la estabilidad financiera nacional”, mencionó.

Zeballos advierte que las tensiones en Medio Oriente, especialmente en rutas estratégicas como el Estrecho de Ormuz, elevan la incertidumbre y el riesgo de aumentos en el precio del petróleo, lo que repercute en transporte, energía y logística, presionando la inflación y el costo de vida en Panamá.

La economista Susana Vásquez coincide en que el aumento del petróleo eleva de forma inmediata los costos de combustibles y transporte, transmitiéndose rápidamente al resto de la cadena productiva. Este impacto fortalece expectativas de inflación más elevadas, lo que reduce la probabilidad de recortes inmediatos en las tasas de referencia internacionales.

Según Vásquez, aplicar tasas más bajas en un entorno de inflación importada sería riesgoso, pues estimularía la demanda interna sin resolver el problema de costos externos, deteriorando la asignación del crédito y enviando señales equivocadas al mercado.

Además, señala que Panamá, a diferencia de otros países de la región que ajustan política monetaria y tipo de cambio, refleja los choques externos principalmente en condiciones bancarias y costos financieros, lo que acentúa su dependencia de las tasas globales.

Patricio Mosquera aporta que Panamá importa prácticamente todo el combustible que consume, por lo que un alza del petróleo se transmite rápido a transporte, logística y generación térmica. Aunque no necesariamente implica una espiral inflacionaria, sí eleva el riesgo de que la inflación supere lo previsto.

Recuerda que el FMI proyecta para Panamá una inflación promedio de 1.4% en 2026, pero advierte que el choque energético podría alterar esa expectativa.

Mosquera enfatiza que la relación entre el conflicto y las tasas pasa por un canal claro: petróleo más caro, mayor presión inflacionaria y menos espacio para que la Reserva Federal recorte tasas. En marzo, la Fed mantuvo su tasa en 3.50%-3.75%, reflejando esa cautela.

Para Panamá, esto significa que las tasas activas difícilmente bajarán mientras el costo de captar fondos en dólares siga elevado. Una política de tasas más bajas, añade, podría abaratar el crédito antes de tiempo y comprimir márgenes, desalineando el precio del financiamiento respecto al costo real de los recursos, lo que endurecería más adelante la oferta de crédito.

Carlos Berguido, presidente ejecutivo de la Asociación Bancaria de Panamá, refuerza esta visión al señalar que la expectativa de una baja de tasas cambió drásticamente con la guerra en Medio Oriente. “El corte en el flujo de petróleo desde el golfo pérsico ha provocado un aumento vertiginoso en los costos, lo que se traduce en mayor inflación. En consecuencia, lo que antes era una expectativa de tasas a la baja se ha convertido en la certeza de que se mantendrán en niveles similares a los actuales”, dijo.

Berguido advierte que todo depende de la evolución del conflicto: si se prolonga por meses, el escenario podría incluso cambiar hacia tasas más altas. Recomienda a los consumidores reducir gastos y concentrarse en lo esencial, dado que el conflicto impacta directamente en los precios de combustibles y alimentos, aunque no ha tenido incidencia en el uso de tarjetas de crédito ni en la estabilidad del centro bancario panameño.

Los datos de la Asociación Bancaria de Panamá confirman esta tendencia. Al cierre de 2025, Panamá registraba tasas de interés en depósitos a plazo fijo de 30 días en 3.35%, y de un año en 4.88%, mientras que las hipotecas se ubicaban en 6.50% y los préstamos personales en 8.92%.

En comparación, Estados Unidos mantenía tasas mucho más bajas en depósitos de corto plazo (0.05%) pero más altas en hipotecas (6.49%). En la región, países como Honduras y Colombia mostraban tasas significativamente más elevadas, con depósitos a un año en 9.92% y 9.15% respectivamente, y créditos personales que superaban el 18%.

Estos datos reflejan que Panamá se mantiene en un rango intermedio, competitivo frente a sus vecinos, pero condicionado por las decisiones de la Reserva Federal y el costo externo del capital. Además, el promedio de la tasa activa en Panamá se ha mantenido en torno al 7% en los últimos años, mostrando estabilidad relativa, aunque con poca capacidad de ajuste autónomo frente a choques internacionales.

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