José Javier Rivera, vicepresidente del centro de conciliación y arbitraje de la Cámara de Comercio, Industrias y Agricultura de Panamá, habló en exclusiva...
El eco de las explosiones la de guerra en Medio Oriente ya resuena, implacable, en el bolsillo de los panameños. Con los futuros del crudo al alza tras los recientes choques entre Israel, Estados Unidos e Irán, el precio de la gasolina en Panamá inicia una escalada que amenaza nuestra estabilidad económica.La historia reciente nos advierte. Tal como ocurrió tras la invasión rusa a Ucrania en 2022, el impacto en las estaciones de combustible no es inmediato, pero sí fulminante. Las refinerías ya comienzan a trasladar sus costos, y si el tráfico en el Estrecho de Ormuz —arteria por donde fluye el 20% del petróleo mundial— se interrumpe, la crisis de precios será severa. Para la economía panameña, desde la empresa privada hasta la madre trabajadora más vulnerable, este encarecimiento es inflación pura. El autoritarismo de las dictaduras y el fanatismo del terrorismo global siempre pasan factura a las democracias. Mientras el mundo arde, Panamá no puede seguir a la deriva de un Estado que solo sabe recetar subsidios ciegos y clientelismo. Sortear esta tormenta exige un gobierno con la decencia de recortar su propia grasa. O despertamos, o el costo de llenar el tanque terminará por vaciar el futuro de la nación. El autoritarismo, las dictaduras y el terrorismo global siempre pasan factura a las democracias; hoy, ese costo lo asumimos al llenar el tanque. Sortear esta tormenta exige un Estado previsor, libre de corrupción y clientelismo, que proteja a sus ciudadanos de los caprichos de una geopolítica en llamas.