El Museo del Canal inaugura
‘El jardín de Mr. Brown’, una historia de resistencia y memoria

  • 21/03/2026 00:00
A través de fotografías de Tova Katzman, el proyecto invita a repensar la historia del Canal desde lo íntimo y visibilizar relatos que han quedado fuera de la narrativa oficial de la historia de la vía interoceánica

Al entrar en una de las salas de exposiciones temporales del Museo del Canal Interoceánico, usted se podrá adentrar en el rincón particular de Anselmo González Brown, un hombre afrocaribeño que, tras la reversión de la vía interoceánica, ocupó un terreno baldío en Diablo —antiguo enclave de la Zona del Canal— para transformarlo en un jardín de plantas medicinales y árboles frutales.

La fotógrafa Tova Katzman, fue testigo directo de las andanzas de Brown, quien documentó desde 2017 hasta 2025 – año en el que lamentablemente fallece Brown – la vida de un hombre que concibió un espacio que emerge como un gesto de soberanía personal, cuidado y conexión de la tierra en contraste con la velocidad del comercio global que se deja ver a pocos metros de ese idílico jardín.

La exposición – que se encuentra vertebrada en el cortometraje ‘La vida aguadulce de Mr. Brown’ – acompañado de las fotografías de Katzman y los versos de la poeta Shyanne Figueroa Bennet, formando así una exposición que invita a ver la vida de manera sosegada a diferencia de la velocidad con la que la vida contemporánea suele arrastrar al día a día del ciudadano.

Más allá de esa notable diferencia, la exposición ‘El jardín de Mr. Brown’ también invita a ver un punto de vista que hasta ahora no se ha explorado en torno al establecimiento de la Zona del Canal y las huellas que dejó en las personas que habitaron en ella y que, de una forma u otra, participaron en la construcción y puesta en marcha del canal interoceánico.

“Desde el Museo del Canal entendemos que nuestra labor no es únicamente preservar la historia, sino también cuestionar Trabajamos constantemente por abrir espacio a aquellas narrativas que han quedado fuera de los relatos oficiales y para reconocer que la memoria va y se siente plural y siempre hay construcción. En ese sentido, ‘El jardín de Mr. Brown’ se inscribe profundamente en nuestra línea de trabajo. A través de este jardín se nos propone una forma distinta de aproximarnos a la historia desde lo cotidiano, desde lo íntimo y desde la experiencia vivida. Este jardín obliga a mirar el Canal más allá de su infraestructura y a reconocer que su geografía sigue marcando vidas, memorias y pertenencias”, aseguró la directora del Museo del Canal Interoceánico, Ana Elizabeth González.

La titular del Museo del Canal añadió que en la historia de la creación del Canal interoceánico existen hoy en día límites visibles e invisibles que siguen a través de las historias como las de Brown, las cuales aún no han sido contadas y/o reconocidas, y que permanecen dispersas en los archivos completos, las memorias familiares y los silencios heredados. “Esta exposición no solo recupera una historia, abre la pregunta de qué otras historias estamos dejando fuera y cuál es nuestra responsabilidad como museo y como país”, resaltó.

Por su lado, el curador de la exposición Román Florez apuntó que el archivo fotográfico de Katzman y el archivo botánico de Mr. Brown – como era conocido – dialogan entre ellos mismos con la sutileza sobre los límites simbólicos que aún atraviesan el territorio de la antigua Zona del Canal y el resto de la geografía nacional. Asimismo, invitó al público a recorrer la exposición teniéndola en mente como una forma de explorar esa relación entre la naturaleza y las formas contemporáneas de habitar los espacios de la Zona del Canal.

Una leyenda

Tova Katzman llegó a la vida de Anselmo González Brown en el año 2017 cuando ella desembarcó en Panamá como becaria Fulbright donde desarrolló un proyecto de creación y de investigación artística. Los temas que suele abordar en sus obras son la geografía humana, la pérdida, el entorno construido y la relación de los cuerpos con los espacios acuáticos.

Durante más de seis años residió en el país desempeñándose como fotógrafa y videógrafa independiente, curadora y educadora, y formó parte de la fundación La Junta Colectiva, un colectivo de mujeres fotógrafas en Panamá. Katzman conoció a Mr. Brown cuando varios trabajadores del sector portuario le dijeron: “Si quieres conocer el verdadero canal, tienes que conocer a Mr. Brown”. Esa misma noche le llevaron a conocerlo.

“En ese encuentro me invitó a conocer los cambios en su jardín, porque ya se estaba dedicando a sembrar plantas medicinales y árboles frutales en ese espacio en Diablo. Tomé la invitación muy en serio y empecé a regresar cada mes, tanto como podía. Así estuve durante los últimos seis años”, comentó Katzman a este diario.

De esta forma, forjaron una amistad la cual se tradujo en la imposibilidad de no contener las lágrimas al recordar a su querido amigo el cual ya no está y que hoy es, junto con su jardín, el protagonista de esta exposición.

“Antes que nada, fue un gran amigo. Nadie esperaba su fallecimiento, porque él siempre decía que iba a vivir 100 años o que moriría en su bote, en el mar. Después de la pandemia decidió mudarse a su bote para estar más cerca de sus plantas y de los animales en ese lote. Antes tenía su apartamento en El Chorrillo, pero la pandemia hizo todo más difícil, especialmente por las restricciones, así que optó por quedarse en el bote. Para mí fue muchas cosas. Aquí se muestra como el personaje de un proyecto, pero hay muchos momentos que no se ven: conversaciones sobre la vida, enseñanzas, aprendizajes. A través de él pude entender ese territorio”, expresó.

Un orgullo familiar

Mientras conversa con La Estrella de Panamá, uno de los hijos de Brown, Aristides Noel González – al igual que sus otros seis hermanos y muchos de sus familiares que vinieron a la inauguración de la muestra expositiva el pasado martes – no puede evitar hablar con orgullo y emoción de quien en vida fue Mr. Brown. González tiene la convicción de que, hoy en día, su padre es un alma libre que vive a lo máximo.

“Mi padre fue una persona profundamente conectada con la historia del Canal, y trató de plasmar esa relación a través de su jardín, cuidando plantas y también a los animales que lo rodeaban. Él alimentaba iguanas salvajes que llegaban al lugar. Incluso aparecían animales como ñeques y conejos pintados. Los cuidaba, los alimentaba con lo que sembraba. Tenía un amor genuino por la naturaleza y por los animales. Él también buscaba transmitir el conocimiento heredado de su abuela, quien era de Jamaica y llegó a Panamá durante la construcción del Canal. Sentía que ese saber podía perderse con el tiempo.

Recuerdo una conversación en la que me hablaba de su preocupación por la plaga del marañón. Incluso, al inicio del recorrido del jardín, hay una planta de marañón que simboliza eso: su interés por preservar especies que estaban desapareciendo”, comentó González.

Brown era técnico en refrigeración y trabajaba – de forma independiente – para el Canal de Panamá tanto cuando estaba en manos estadounidenses como después de la reversión.

La transición no fue fácil para él, como para muchas personas. Su sustento dependía en gran parte de ese entorno laboral. Sin embargo, logró adaptarse. Se apoyó en la pesca, en el cultivo de plantas y en trabajos que le seguían llegando, incluso de antiguos clientes, muchos de ellos estadounidenses, algunos retirados del ejército, que confiaban en su trabajo.

Su motivación para realizar ese jardín era, adicional a la preservación de las especies en peligro, la difusión libre del conocimiento y de los remedios caseros que tenían el potencial de ser más efectivos que un medicamento como lo podría ser el aceite de tiburón, que lograba aliviar los síntomas de un resfriado.

Hoy en día, la familia de Mr. Brown sopesa continuar ese legado. “Nos gustaría, pero también entendemos que es un contexto distinto, con muchas variables. No queremos generar conflictos ni inconvenientes. Aun así, es algo que tenemos presente. Sabemos que a él le habría gustado que ese espacio se mantuviera”, sopesó.

En último término, González apuntó que el jardín en sí mismo también era, de cierto modo, un espacio de resistencia en torno a la lucha por preservar su identidad y tradiciones, así como de libertad. “Él vivía en El Chorrillo, pero todos los días caminaba desde allí hasta Diablo, ida y vuelta, a las cinco de la mañana. Era parte de su rutina. Siempre decía que cada persona debe vivir como le funciona. Era un alma libre. Y lo sigue siendo, de alguna manera”, concluyó.

Aristides Noel González
Hijo de Mr. Brown
Siempre [Mr. Brown] decía que cada persona debe vivir como le funciona. Era un alma libre. Y lo sigue siendo, de alguna manera.”
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