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- 22/06/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️La construcción, los empleos y el desarrollo local van de la mano en la economía. Considerando que la construcción de proyectos residenciales y no residenciales generan un efecto multiplicador en la economía, de manera positiva, y promoviendo la creación de puestos de trabajo, los cuales hacen falta en este periodo, para impulsar capacidades y desarrollo local.
Si evaluamos, el sector de la construcción, como uno de los motores más importantes del crecimiento económico de Panamá, vamos a encontrar la importancia de políticas públicas para promover el sector, de modo que este incida en el crecimiento de la producción interna y los trabajos, a nivel nacional.
La construcción no solo es clave por su aporte directo al Producto Interno Bruto (PIB), sino por su efecto multiplicador en el empleo, el consumo y el desarrollo local, impulsando otros sectores como comercio, turismo, logística y servicios en general. Sin embargo, los datos reflejan una realidad más compleja: el sector sigue enfrentando dificultades para seguir creciendo.
En 2025, la economía panameña creció alrededor de 4.4%, manteniéndose un crecimiento positivo, siendo uno de los más altos a nivel de la región. No obstante, este crecimiento refleja ciertas disparidades, reflejando sectores como: transporte, logística y servicios financieros, que impulsaron la expansión, en comparación con otros sectores, como por ejemplo, la construcción que mostró un crecimiento más moderado, cercano al 2.7% anual.
Si observamos el valor de las construcciones, adiciones, reparaciones en los principales municipios del país – en el valor declarado en los permisos de construcción - encontramos que 2024 se registraron $980.6 millones en dichos permisos, mientras que en el 2025 esta cifra alcanza los $974.5 millones, reflejando una disminución considerable en esta actividad económica. La baja más considerable, proviene del interior del país, principalmente en el valor declarado en los permisos de construcción en Aguadulce, Chitré, David, Chorrera, Santiago, los cuales tuvieron una disminución acumulada de 43.2%, cuando se compara el año 2025 con el año 2024. Este valor es clave, ya que también representa recursos que se pierden a favor del municipio.
En este mismo sentido, los proyectos residenciales a nivel nacional, reflejaron la mayor disminución en los valores de los principales municipios, estos proyectos donde se incluyen iniciativas de vivienda, reflejaron una baja de 5.9% anual.
Cuando comparamos el área de construcción encontramos que en el año 2024 se construyeron 1.6 millones de metros cuadrados de construcción, mientras que en el año 2025, se lograron construir 1.4 millones de metros cuadrados, representando una caída de 11.9%. La mayor reducción también la tiene el sector residencial, con una disminución del 25.2%.
Cuando nos referimos a la construcción, también tenemos que enfocarnos en los empleos. Tanto en los empleos que se generan en esta industria, así como también en todo el país, porque el dinamismo del mercado laboral, será clave para ese acceso de viviendas de la población, reconociendo que la venta de viviendas ha reflejado una caída del 55% en los últimos dos años.
El peso de la construcción es significativo para el crecimiento del país: este sector aporta más del 15% del PIB y emplea a más de 150 mil trabajadores, lo que debe medirse como un indicador clave para el fomento de plazas de trabajo, que permitan promover la competitividad del país. Es decir, cualquier variación tanto positiva como negativa en este sector, tiene un impacto directo sobre miles de hogares y sobre la estabilidad del mercado laboral.
Pero el problema no es solo de crecimiento en los sectores económicos, sino de calidad y distribución del empleo, a través de una diversificación económica que logre permear a todas las provincias, y genere ingresos y capacidades para la población. En 2025, la tasa de desempleo se situó en torno al 10.4%, siendo uno de los más altos en la región, pero reflejando que la recuperación aún no logra absorber completamente la fuerza laboral
Más preocupante aún es que el desempleo y la informalidad golpean con mayor fuerza a los jóvenes y las mujeres: dos grupos poblacionales que necesitan oportunidades de inserción laboral, y que pueden derivarse del sector de la construcción. Esto se puede observar a nivel de las provincias, donde se ha evidenciado una baja en esta actividad del sector secundario. A esto se suma un fenómeno estructural: la desconexión territorial del crecimiento. Mientras la ciudad concentra inversión, empleo y actividad económica, el interior del país enfrenta una realidad distinta. En 2025 se perdieron alrededor de 105,000 empleos en el interior, incluidos 60,000 en el sector agrícola (INEC, 2026). Esta brecha territorial no solo es económica, sino social y política.
A pesar de estos desafíos, las perspectivas para 2026 muestran una ventana de oportunidad, siempre y cuando las cosas se hagan de manera correcta y con visión de largo plazo. Se proyecta que el sector construcción podría crecer por encima del 5%, impulsado por inversión pública, reactivación de proyectos habitacionales y mejoras en el financiamiento. Pero para que esto se logre de manera sostenible, hay que impulsar los empleos y la mejora de los ingresos.
Dentro de las recomendaciones de políticas públicas, Panamá debe continuar sus esfuerzos de diversificación económica, considerando que no se puede limitar la fuente de generación de ingresos en las mismas actividades, y contemplando el potencial del sector construcción, que incluye tanto viviendas, como centros comerciales, plazas, galeras, oficinas, carreteras y vías peatonales.
Primero, impulsar un plan nacional de infraestructura con enfoque territorial. No se trata solo de grandes obras en la capital, sino de proyectos en el interior: caminos rurales, sistemas de agua potable, vivienda de carácter social, infraestructura logística regional bien establecida de manera estrátegica. Esto permitiría generar empleo en pequeños rincones del país, donde hoy no hay y peligra en aumentar los niveles de pobreza.
Segundo, fortalecer la vivienda de interés social, algo que se ha ido perdiendo en el país. Esto es clave con el apoyo y la partipación de los bancos y entidades financieras, que participen de este segmento, generando oportunidades para todos.
Tercero, promover la formalización laboral de manera urgente. La construcción puede ser un puente hacia el empleo formal si se incentiva la capacitación técnica, la certificación de oficios y la contratación formal. Esto no solo mejora ingresos, sino también la productividad del sector.
Cuarto, simplificar trámites y digitalizar procesos en todos los sectores, incluyendo la construcción. Reducir tiempos de permisos y aumentar la transparencia puede promover inversiones rápidamente. Panamá presenta una alta incidencia de burocracia. En muchos casos, el problema no es falta de proyectos, sino la lentitud para ejecutarlos y lograr los permisos corrrespondientes.
Quinto, apostar por la innovación. La adopción de nuevas tecnologías puede reducir costos, mejorar tiempos y aumentar la calidad. Esto es especialmente relevante en un contexto de presión sobre los precios y la rentabilidad. Sexto, articular al sector financiero. El acceso al crédito es fundamental para dinamizar la demanda. Sin financiamiento, no hay vivienda; sin vivienda, no hay construcción.
Finalmente, es necesario recuperar la confianza y el optimismo a nivel del país. Como bien se ha señalado, sin confianza no hay inversión, y sin inversión no hay empleos formales, que tanto necesitamos. Esto implica reglas claras e institucionalidad, estabilidad económica con transparencia y rendición de cuentas, y una visión de largo plazo que permita seguir fortaleciendo los sectores claves que generan trabajo e ingresos.