Costo de la vida: guerra e inflación, una combinación inevitable

  • 05/05/2026 00:00
El problema es que en una economía globalizada como la que vivimos el impacto no necesariamente será 100% positivo. Y es que, ya todos hemos visto como el precio de los combustibles se ha elevado significativamente desde el inicio del conflicto en Irán, obligando al Gobierno Nacional a destinar un fondo de $30 millones a subsidiar el costo del combustible a algunos sectores económicos clave, con el fin de evitar una ola inflacionaria que erosione, aún más, el poder adquisitivo de la población

Dicen que cuando estalla una guerra, la primera baja es la verdad. Pero muchas veces olvidamos que la segunda baja es la calidad de vida de todos los que habitamos el planeta. Y esto es verdad para las dos guerras en curso, la de Rusia contra Ucrania y la de Estados Unidos e Israel contra Irán y sus aliados en el Medio Oriente.

Cada vez que se inicia un conflicto bélico el costo de la vida se incrementa a nivel global. Sin embargo, en estos dos conflictos en particular, el impacto es directo e inmediato, ya que tienen implicaciones significativas en el precio del petróleo, y con ello en todos los niveles del mercado energético global.

En el caso de Rusia, uno de los principales productores de crudo y gas natural del mundo, su decisión de desatar una agresión militar contra Ucrania ha implicado sanciones económicas que limitan sus posibilidades de colocar su producción en el mercado europeo. Esto ha obligado al gobierno de Vladimir Putin a colocar gran parte de su producción con descuento en otros mercados como India y China, limitando sus ingresos y generando un incremento del precio del crudo y la energía en los mercados europeos, otrora sus principales destinatarios.

Mientras, el conflicto en Irán ha afectado no sólo la producción y comercialización de crudo y gas natural producido en el Medio Oriente, sino que además ha infligido un daño significativo a la infraestructura energética de la región, que según los analistas internacionales tardará mucho tiempo en ser subsanado, afectado a países como Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudita y Qatar, entre otros.

Esto con el agravante del cierre del estrecho de Ormuz y los ataques a buques de diversas banderas en la zona, lo que no sólo impide el flujo de crudo a Occidente y el lejano Oriente, sino que ha generado un importante incremento del costo del transporte marítimo y los seguros a nivel global. A lo que hay que agregar la ruptura de las cadenas de suministro, lo que ha obligado a las empresas navieras a utilizar nuevas rutas de transporte.

Si bien es cierto, en una primera lectura esto parece favorecer a Panamá, al convertir a nuestro país en una ruta segura para el trasiego de mercancías, incluyendo el Gas Natural Licuado (GNL) producido en el Golfo de México y que se destina mayormente a mercados asiáticos. De hecho, el Canal de Panamá ha elevado a 38 el número de tránsitos diarios, para responder a la creciente demanda generada por el conflicto en Irán, mientras que el costo de las reservaciones se ha elevado significativamente.

El problema es que en una economía globalizada como la que vivimos el impacto no necesariamente será 100% positivo. Y es que, ya todos hemos visto como el precio de los combustibles se ha elevado significativamente desde el inicio del conflicto en Irán, obligando al Gobierno Nacional a destinar un fondo de $30 millones a subsidiar el costo del combustible a algunos sectores económicos clave, con el fin de evitar una ola inflacionaria que erosione, aún más, el poder adquisitivo de la población.

Sin embargo, desde mi punto de vista es poco probable que se pueda frenar una ola inflacionaria con un apoyo tan limitado y focalizado para sobrellevar el incremento en el costo de los combustibles y la verdad es que la línea roja para que la población comience a manifestarse ante esta situación es que el precio de las gasolinas llegue a $5.00 por galón.

Además, hay que recordar que en Panamá el 90% de los alimentos viajan en pick up de las zonas productivas a los mercados más importante de consumo. Es una manera altamente ineficiente e inadecuada, porque el tamaño de los vehículos limita el volumen de la carga que puedan transportar y la carencia de un sistema refrigerado incrementa la merma en un país con lluvias constantes que generan altos niveles de calor y humedad.

En resumen, no sólo hablamos de mayores costos de transporte para los ciudadanos (recordemos que el subsidio al combustible es solo para transportistas selectivos y colectivos, el sector agropecuario, la pesca y el transporte logístico), sino también de un incremento en el costo de los alimentos y otros productos de consumo masivo, lo que elevará el costo de vida para la población.

De hecho, esta semana el Instituto de Estudios Nacionales (IDEN) de la Universidad de Panamá dio a conocer un estudio en que afirma que este año 2026 el costo de la vida para los panameños se elevará entre un 2% y un 12% en comparación con el año 2025.

El estudio, titulado “Panamá en tensión social: ocupación, empleo, salarios y costo de la vida al cierre del primer cuarto del siglo XXI”, sostiene que el crecimiento económico registrado en los últimos años no ha sido inclusivo y no se ha traducido en bienestar para la mayoría de la población.

Y es que, según el IDEN, entre 2019 y 2025 la mediana salarial aumentó apenas 4.7%, mientras que el costo de la vida se elevó más de 16%, lo que amplió la brecha entre ingresos y gastos familiares. Lo que se ha traducido en un déficit entre el salario medio del país, que es de $755.80 mensuales y el costo de vida, que se ubica en $1,075.92 mensuales.La pregunta que hay que hacerse, es la siguiente: si en condiciones normales el déficit entre la media salarial del país y el costo de vida ronda los $300 mensuales, a cuánto se elevará si el rally del petróleo se mantiene en los mercados internacionales.

Y aquí me parece importante destacar que cuando hablamos de un incremento en los precios del petróleo muchas veces ignoramos que muchos de los productos que utilizamos cuentan con ese producto como materia prima y no sólo los combustibles. Cuando hablamos de petróleo hablamos de plásticos, fertilizantes, lubricantes y todo tipo de productos sintéticos, pero también, del costo de la energía eléctrica.

Esto afecta fuertemente al sector agropecuario, que ha visto incrementarse los precios de los insumos necesarios para la producción, como fertilizantes y plaguicidas, algo que podría mitigarse con una donación acordada con el Reino de Marruecos, pero que no se disipará debido a las guerras antes mencionadas. Pero también a la industria manufacturera, que siempre ha resentido el alto costo de la energía eléctrica en Panamá y que en los últimos años se ha visto afectada por una merma en el consumo interno, generada por los altos niveles de desempleo, que actualmente afecta al 10.4% de la población.

De acuerdo con la Organización de Naciones Unidas (ONU) actualmente 266 millones de personas sufren inseguridad alimentaria aguda en 47 países, una cifra que se ha duplicado en diez años, una situación que se agravará debido al impacto de la guerra en Oriente Medio en los mercados internacionales.

Frente a este escenario se hace necesario contar con un plan de acción que permita mitigar el impacto de la ola inflacionaria que se registra a nivel mundial en el bolsillo de los consumidores panameños. En mi opinión, no hay que esperar un estallido social para adoptar algunas medidas que mitiguen ese impacto. Por ejemplo, facilitar la importación de alimentos y generar una mayor competencia, podría ayudar a los consumidores a reducir sus gastos. También se puede favorecer el teletrabajo como alternativa para el empleo presencial en aquellas áreas en las que sea viable. Y por supuesto, un horario de inicio y terminación de la jornada laboral escalonado, que evite los grandes congestionamientos que caracterizan las calles de la región metropolitana durante las horas pico.

Por supuesto, estas medidas no eliminan la necesidad de que el ciudadano tome las riendas de sus gastos y adopte sus propias estrategias de ahorro para evitar que la inflación merme su calidad de vida y la de sus familias. Evitar el consumismo, comprar lo justo y necesario, planificar su ruta al movilizarse en sus autos particulares, utilizar mayormente el transporte público, optar por el consumo de alimentos preparados en casa en lugar de comprarlos en la calle y reducir gastos hormiga, como la compra de botanas (snaks), café, bebidas gaseosas o dulces, también puede generar ahorros importantes.

En resumen, requerimos de políticas anti cíclicas que limiten el impacto de la inflación, pero también de un consumidor consciente del problema que afrontamos., si no queremos que las familias panameñas terminen en una crisis financiera de la que no muchas podrán salir.

En resumen, no sólo hablamos de mayores costos de transporte para los ciudadanos (recordemos que el subsidio al combustible es solo para transportistas selectivos y colectivos, el sector agropecuario, la pesca y el transporte logístico), sino también de un incremento en el costo de los alimentos y otros productos de consumo masivo, lo que elevará el costo de vida para la población”
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