- 28/04/2026 00:00
Luego de que el Consejo de Gabinete autorizó la semana pasada la importación de un contingente de 90,000 quintales de café oro o en grano para cubrir el desabastecimiento en el mercado local, el Ministerio de Desarrollo Agropecuario (MIDA) amplió información a La Estrella de Panamá sobre las estrategias a mediano plazo para que esta medida, recurrente cada año, deje de ser una necesidad estructural.
Durante la conversación, en la que participaron José Aníbal Rincón, viceministro de la cartera; el director nacional de Agricultura, Abel Aparicio, y el director nacional de Agronegocios, Gaspar Ortiz, el MIDA confirmó que la importación de 90,000 quintales de café oro responde a un patrón que se repite cada año.
“Esta es una práctica que por desgracia es regular cada año, porque la realidad es que nosotros como país no somos autosuficientes para la alta demanda que tenemos de café”, señaló Rincón.
El reconocimiento oficial indica que el país enfrenta un déficit estructural entre producción y consumo, impulsado tanto por el crecimiento del mercado como por limitaciones en la productividad agrícola.
Según las autoridades, el aumento del consumo interno ha sido evidente en los últimos años, con la expansión de cafeterías y comercios dedicados al café, lo que ha elevado la demanda por encima de la capacidad productiva nacional.
En ese contexto, el mecanismo de contingentes arancelarios por desabastecimiento, con un arancel de importación de 3%, se mantiene como la vía para suplir la falta de materia prima a la industria procesadora.
No obstante, el MIDA insiste en que el foco del problema no está en la superficie cultivada, sino en el rendimiento por hectárea. Abel Aparicio explicó que la producción “es bastante baja por hectárea”, uno de los principales retos del sector.
“El problema no es la cantidad de hectáreas sembradas, sino la cantidad de quintales por hectárea que nosotros cosechamos”, afirmó Aparicio.
Las cifras expuestas a este medio revelan la magnitud del desafío. Mientras algunos productores obtienen entre seis y ocho quintales por hectárea, el potencial productivo podría alcanzar entre 40 y 60 quintales, e incluso más bajo condiciones tecnificadas.
Gaspar Ortiz detalló que esta brecha responde, en gran medida, a deficiencias en el manejo del cultivo. “El rendimiento está dado por un problema de falta de conocimiento de los productores en el manejo del cultivo”, indicó.
Entre los factores señalados se incluyen prácticas como el manejo de sombra, fertilización, poda y renovación de plantaciones, aspectos que el MIDA busca mejorar a través de asistencia técnica y capacitación.
Como respuesta, el Gobierno impulsa el Plan Nacional de Café Robusta, una estrategia que articula esfuerzos institucionales para elevar la productividad y reducir la dependencia de importaciones.
El plan contempla capacitación técnica, financiamiento, seguros y fortalecimiento de la comercialización, además de la introducción de materiales genéticos de mayor rendimiento.
El enfoque en café robusta responde a que este tipo de grano se cultiva en zonas de menor altitud y permite mayores rendimientos por hectárea, a diferencia del café arábica de especialidad —como el geisha— que se produce en áreas elevadas y montañosas, tiene menor volumen, pero mayor valor en mercados internacionales. Mientras el robusta apunta a cubrir el consumo interno, los cafés de especialidad o gourmet mantienen su orientación hacia la exportación.
Ortiz explicó que ya se han capacitado técnicos a nivel nacional con apoyo internacional y que se trabaja en proyectos piloto, como el establecimiento de 100 hectáreas de café robusta en la provincia de Colón con igual número de productores.
“Estamos claros de que esos 90 mil quintales debemos producirlos en Panamá”, afirmó Ortiz.
El funcionario también destacó que el objetivo es lograr la autosuficiencia y eventualmente generar excedentes para exportación. “Nuestro objetivo es que no tengamos que importar”, subrayó.
A pesar de ello, el propio MIDA reconoce que el camino depende de mejoras sostenidas en productividad. Incluso, estiman que un aumento de entre siete y ocho quintales por hectárea en las 14,500 hectáreas cultivadas sería suficiente para cerrar la brecha actual.
El plan también incluye la introducción de clones de café robusta con alto potencial productivo, capaces de alcanzar hasta 60 quintales por hectárea sin riego y más de 100 quintales bajo condiciones controladas.
Sin embargo, estos esfuerzos contrastan con la urgencia de medidas inmediatas como la importación, lo que evidencia una dualidad en la política agrícola: atender el déficit en el corto plazo mientras se intenta corregir las fallas estructurales a mediano y largo plazo.
El desafío, según las propias autoridades, no solo radica en aumentar la producción, sino en garantizar la sostenibilidad del productor. “Nada vale que ellos los ayudemos y, si no son sostenibles, van a abandonar el cultivo”, advirtió Ortiz.
Mientras tanto, la industria continúa dependiendo del café importado para sostener su operación, en un mercado donde la demanda sigue en aumento y la producción local aún no logra responder al ritmo requerido.