- 05/08/2015 02:00
Un parque de surf revolucionario, una tirolina vertiginosa y un trampolín en una cueva son algunas de las ofertas turísticas de Gales, que busca reinventarse como uno de los destinos de aventura de moda en Europa y olvidar el declive de la industria minera.
La última vez que una ola gigante chocó en Dolgarrog, los dos diques que protegen este pequeño pueblo en el norte de Gales, cedieron y 16 personas murieron ahogadas y trituradas por las aguas glaciares del Atlántico, en noviembre de 1925.
Noventa años después otro tipo de acontecimiento golpea esta aldea de 300 habitantes con la apertura del parque de surf que presume tener la ola artificial más alta del mundo en su laguna de 300 metros.‘Una ola gigante destruyó este lugar y otra ola gigante va hacer que nos recuperemos', resume Owen Philip, un alfarero local, al observar a los surfistas tomar la ola en el Surf Snowdonia que abrió sus puertas el sábado.
Este centro es el primero en el mundo en proponer al público la tecnología española Wavegarden. Es el más reciente logro con el que cuenta la región de Snowdonia para promocionar su terreno de juego a escala real.
La región, que tiene un parque nacional, colinas agrestes y 15 cumbres de más de 3000 pies de altura (915 metros), es un paraíso para la escalada, el ciclismo de montaña o el senderismo.
Dolgarrog quiere convertirse en un lugar de culto para el surf, aunque actualmente cuenta sólo con tres locales comerciales, una peluquería, un restaurante de kebab y una oficina de correos.
‘Es justamente lo que me llamó la atención, ese lado completamente loco del proyecto', apuntó Steve Davies, ex coronel del ejército convertido en mánager de Surf Snowdonia. La laguna fue construida en el emplazamiento de una antigua fábrica de fundición de aluminio que, después de un siglo de actividad, cerró en 2007, dejando 200 empleados en una situación complicada que también es vivida por miles de obreros en esta región rica en minerales.