¿Qué hay por detrás de la venta de acciones?

  • 24/01/2016 01:00
El capitalismo siempre ha sido una lucha épica entre el riesgo y la recompensa 

El capitalismo siempre ha sido una lucha épica entre el riesgo y la recompensa, y la manera más fácil de comprender la actual agitación en los mercados de valores mundiales es reconocer que esos dos factores se han revertido. El riesgo creció, y la recompensa bajó. Los inversores reaccionaron vendiendo. El temor supera la codicia. Eso, por supuesto, aumenta el riesgo y las ventas. Es una vieja historia.

También puede ser engañosa. A pesar de la severidad de las ventas (en 2016, las acciones de Estados Unidos cayeron un 9% y perdieron $2.3 billones en valor, dice Wilshire Associates), muchos economistas dudan de que anuncien una recesión. ‘La agitación en los mercados no [está] justificada por la realidad económica', expresó a sus clientes Capital Economics, una firma consultora. Los economistas de Nomura, en un informe de enero, consideraron que este año las probabilidades de una recesión norteamericana son del 21%. El Fondo Monetario Internacional considera que la economía norteamericana y las economías del mundo evitarán un revés en 2016.

‘Los aspectos fundamentales del consumidor siguen fuertes', expresa Nomura sobre los Estados Unidos. ‘Es probable que la demanda embotellada de viviendas sostenga, en la construcción residencial, un crecimiento por encima de la tónica. … El sistema bancario está bien capitalizado'. (Esta última observación se refiere a grandes pérdidas sufridas por los bancos en la Gran Recesión, que causaron que muchos de ellos redujeran los préstamos).

En forma similar, el panorama de China no es el de una recesión. El FMI pronostica que el crecimiento económico del país en 2016 será del 6.3% lo que —aunque mucho menos que las tasas recientes del 10%— aún excede el de la mayoría de los demás países. ‘La economía de China se ralentizará, pero no se derrumbará', escribe el economista Paul Sheard, de Standard & Poor's.

Pero hay una interpretación menos tranquilizante: La venta de acciones global podría reflejar las deprimentes perspectivas de las economías de ‘mercados emergentes'. Son países de ingresos medios: China, Brasil, Rusia, México, Indonesia, India y demás. Juntos, representan casi la mitad de la economía mundial y, hasta hace poco, se esperaba que impulsaran el crecimiento económico global. Ahora, muchos de ellos (no sólo China) luchan con problemas persistentes. Mirando atrás, su rápido crecimiento económico anterior dependió, en gran medida, del auge fugaz de las materias primas y de préstamos insostenibles.

Si esa teoría es correcta, entonces la venta mundial de acciones representa una respuesta lógica a perspectivas económica reducidas. (En teoría, al menos, los precios de las acciones reflejan el valor actual de ganancias futuras). Lamentablemente, dos factores apoyan esa teoría.

Uno, es el petróleo. Desde mediados de 2014, su precio bajó de 100 dólares por barril a menos de $30. Tradicionalmente, los precios más bajos del petróleo suponen una gran ayuda. Los ahorros de los consumidores en la bomba pueden reforzar otros gastos. Pero esta vez, también se culpa a la baja de los precios de causar penurias y la caída de los mercados de valores. ¿Por qué?

Parte de la explicación es que los precios están tan bajos que docenas de exploraciones y proyectos de desarrollo nuevos se volvieron no-económicos. Las compañías petroleras cancelaron proyectos por un valor de $1.6 billones hasta fines de 2019, calcula la empresa consultora IHS. La pérdida de esos proyectos (y puestos de trabajo) representa una carga para la economía global y, en cierta medida, justifica la caída de los precios de las acciones. Pero quizás ése no sea el fin de la historia.

‘El petróleo es un síntoma', dice Roger Diwan, de IHS. Es un síntoma de decepción ante las economías de mercados emergentes. La caída de los precios del petróleo no refleja sólo un exceso de oferta. También es el resultado de una demanda débil. Puesto que el aumento de la demanda se origina principalmente en las naciones de mercados emergentes, éstos podrían ser más débiles de lo que se suponía. El petróleo podría ser el canario en la mina.

El otro hecho se refiere a los ‘flujos de capital' movimientos de dinero que entra y sale de países. Durante años, los países de mercados emergentes atrajeron miles de millones de capital, sobre la base de atractivas oportunidades de ganancias. Pero en 2014 y 2015, los países de mercados emergentes experimentaron fugas de capital netas de $846,000 millones, según cálculos del Institute of International Finance (IIF), un grupo de la industria. La fuga de capitales tiene muchas causas complejas, pero una de ellas es la preocupación sobre ‘el desempeño del crecimiento y la deuda corporativa' de los mercados emergentes, expresa IIF.

Los inversores abandonan las acciones y bonos de los mercados emergentes por temor a que las acciones caigan y los bonos no se paguen. Ya sus acciones están deprimidas. De picos anteriores, las acciones cayeron un 80% en Brasil y Rusia, un 50% en China y un 40% en India y México, según datos del IIF.

Nada de esto es concluyente. Quizás (como creen muchos economistas) la venta mundial de acciones es sólo otra instancia de una conducta irracional de rebaño, desconectada de un desempeño económico satisfactorio —aunque no espectacular— en todo el mundo. Pero hay un argumento razonable que sostiene que la venta es la manera del mercado de reducir las perspectivas de los mercados emergentes y las expectativas de un crecimiento económico futuro.

La caída de las acciones podría alimentarse a sí misma. La Gran Recesión fue un acontecimiento traumatizante. Porque fue tan profundo e inesperado, creó una aversión al riesgo tanto en los consumidores como en los gerentes. Con el aumento actual del riesgo y la caída de la recompensa, las empresas y las familias podrían reducir sus gastos sólo un poco y causar la recesión que tratamos de evitar.

ANALISTA DE THE WASHINGTON POST

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