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- 01/03/2015 01:00
Trabajo tanto en medios viejos como nuevos, y tengo un dilema. El año pasado, celebré mi 25° año en esta profesión, y me gustaría celebrar otros 25. Pero —como les sucede a muchos periodistas— no estoy seguro de cómo se verán los medios en el futuro.
Por eso era apropiado volver a esta ciudad, en que viví durante cinco años mientras escribía para el Dallas Morning News, a fin de dirigir la palabra a un grupo de jóvenes profesionales latinos quienes, de igual manera, no están seguros de lo que el futuro les depara.
Fui invitado por el Hispanic Scholarship Fund, con sede en Los Ángeles, la mayor organización que apoya a los hispanos en la educación superior. Fundado en 1975, el HSF provee de becas y servicios de apoyo a unos 5,000 estudiantes hispanos todos los años. El dinero viene de donaciones privadas y de contribuciones de corporaciones, y la organización ha provisto de más de $470 millones desde su incepción.
Yo soy ex-alumno del programa de becas, como también lo es uno de mis compañeros de cuarto de la universidad -Fidel Vargas, que es ahora presidente y director ejecutivo del fondo. Eso explica mi retorno a la organización y ahora, a Dallas.
Recientemente, el HSF lanzó una serie de eventos llamados LUNA (Latinos Uniting & Networking for Advancement.) La organización reúne a ex-alumnos de entre 20 y 40 años en una ciudad determinada —hubo eventos en San Francisco, Los Ángeles, Houston, Miami y ahora Dallas, más tarde Chicago y Nueva York - con el objetivo de darles una chispa de inspiración.
Como eso es lo que hago en mi trabajo, me invitaron a dar una charla en un par de estos eventos. Vine a Dallas con una pregunta y un mensaje. La pregunta es sobre una película nueva, que la mayoría de los asistentes conocía o había visto. El film de Disney, ‘McFarland USA’, cuenta la asombrosa historia verdadera de Jim White, un profesor de Educación Física de secundaria, que se convirtió en entrenador de carreras de larga distancia en una pequeña ciudad, mayormente latina, en las ricas tierras agrícolas de la California central -a una hora de distancia, de donde yo me crié. El equipo de corredores de White sabía más sobre la cosecha que sobre carreras. Pero en 1987, esos novatos -por medio de tesón, determinación y duro trabajo - desafiaron las expectativas y ganaron el campeonato del estado.
Una buena película nos hace sonreír, o llorar. Una gran película puede obligarnos a hacer ambas cosas al mismo tiempo. En esta historia, ¿qué es lo que no puede gustarnos? Sin duda, los latinos que conozco adoraron el film. Y el adjetivo que se usa frecuentemente para describirlo es ‘inspirador’. Eso me hizo pensar. Con todo lo que los latinos han logrado -en los negocios, en el mundo académico, en la política, en los deportes, en el mundo del espectáculo - ¿por qué necesitamos aún ser inspirados?
Así es que presenté esa pregunta a los jóvenes profesionales del evento de LUNA, y obtuve algunas respuestas interesantes. Una persona dijo que es porque ‘los latinos no se ven a sí mismos bajo una luz positiva’ con suficiente frecuencia en los films. Otra, dijo que la inspiración preserva ‘la esperanza de que nuestras vidas mejorarán’. Otra persona más me dijo que, la inspiración nos lleva más cerca de eso que todos anhelamos secretamente: ‘paz interior’. Otro asistente expresó que necesitamos estar inspirados para no olvidar de dónde venimos y ‘la lucha de los que vinieron antes que nosotros’.
Sin embargo, lo que escuché decir más frecuentemente esa noche es que la inspiración es un antídoto contra la complacencia, y es algo que se vuelve más necesario cuanto más tiempo está la gente en Estados Unidos. Los inmigrantes no deben preocuparse sobre sentirse cómodos. Generalmente están demasiado atareados sólo tratando de sobrevivir. Pero para sus hijos y nietos, muchos de los cuales obtendrán títulos universitarios y trabajos que producen manos suaves, mantener un sentido de propósito puede ser un desafío. Las películas como ‘McFarlandUSA’, me dicen, recuerdan a la gente que no debe contentarse con el punto al que ha llegado sino esforzarse siempre más.
Lo que me lleva al mensaje. Va a haber ocasiones en las que fracasarán, dije a mi público. Sus carreras tendrán altibajos, triunfos y decepciones. Tómenselo con calma, pero no se lo tomen con demasiada seriedad. Cuando caigan, levántense. Y recuerden: La vida no es un sprint. Es un maratón.
THE WASHINGTON POST