Oigan, la vida no es justa

  • 02/11/2014 01:00
No permitan que alguien les diga, ya saben, son las corporaciones y las empresas las que crean los puestos de trabajo

En la actualidad, la palabra más perturbadora en Estados Unidos es JUSTO. Es la exigencia con que un número mayor de ciudadanos está presionando a la nación, a la sociedad, a sus compatriotas, al gobierno y al sistema económico. Es el objetivo por el que todos nos esforzamos, y sin embargo parece que nunca alcanzamos —lo que sólo nos hace desearlo más.

En MSNBC, una cadena que alienta el resentimiento contra los ricos, el conductor del programa Ed Schultz, larga esa palabra en una promoción. ‘Podemos tener un nivel de proteccionismo, contando aún con un libre mercado’, dice Schultz. ‘Pero tiene que ser justo’.

Tonterías. El concepto mismo de proteccionismo es injusto —para los que uno deja afuera. Si los agricultores de manzanas en Yakima, Washington, deciden que no pueden competir con las manzanas de China y presionan al Congreso para imponer aranceles, eso no es justo para los chinos. Ni tampoco es justo para los consumidores estadounidenses, que pagarán más por las manzanas.

Muchos conservadores piensan que no es justo que sus impuestos paguen la asistencia social para el sector de bajos ingresos; muchos liberales piensan que no es justo que los ricos no paguen más impuestos.

Pero, como nos dijo el presidente Kennedy hace más de 50 años cuando le preguntaron sobre los reservistas que fueron llamados a Vietnam, buscar lo que es justo es una misión vana. Nuestras circunstancias personales son diferentes, por lo que todos no podemos ser iguales. Algunos tendrán comienzos más fáciles y otros tendrán que superar obstáculos.

Escuché la palabra ‘justo’ el mes pasado. Durante la sesión de preguntas y respuestas de un simposio sobre la inmigración patrocinado por la Universidad de Wyoming, una joven se identificó como una estudiante canadiense, que asistía a la universidad con una visa. Se quejó de que no le permitían trabajar mientras iba a la universidad, aún cuando sus compañeros de clase que eran ciudadanos estadounidenses podían hacerlo. De hecho, dijo, hasta los estudiantes indocumentados que asisten a la universidad podían trabajar bajo cuerda.

‘No es justo’, dijo. Ahí está. Supongo que ahí es donde yo debía estar de acuerdo con la estudiante y apoyar su queja. Eso es lo que los funcionarios electos hacen generalmente cuando los enfrentan con quejas, en las reuniones municipales. Miman a sus críticos, no los desafían y los dejan contentos. En lugar de eso, dije a la joven lo que ella necesitaba oír. ‘Nadie te prometió que la vida sería justa’, dije. ‘De hecho, tu situación es mejor que la de muchos otros estudiantes que tú piensas que están mejor. La vida es injusta. Acostúmbrate a la idea’.

La estudiante no se enojó. En lugar de eso, asintió. Pareció comprender. Quizás hasta estuvo de acuerdo. Entonces ¿de dónde sacó esa estudiante la expectativa de que la vida debía ser justa? ¿Trajo esa actitud de Canadá, o la adquirió aquí?

Quizás la sacara de escuchar los comentarios populistas de los demócratas liberales que se preocupan por la inequidad de ingresos.

—La senadora Elizabeth Warren de Massachusetts, estuvo recientemente en Northfield, Minnesota, asistiendo en la campaña del senador Al Franken. ‘El juego está amañado, y los republicanos lo amañaron’, expresó Warren a una multitud que vitoreaba. La senadora prometió enfrentar a los bancos y promover legislación, co-patrocinada con Franken, que permita que los jóvenes que obtienen crédito para pagar la universidad re-financien los préstamos de estudiantes.

—Janet Yellen, presidenta de la Reserva Federal, sonaba como un político haciendo su campaña cuando recientemente clamó contra la desigualdad de ingresos. Dijo que es algo que le preocupa enormemente y que quizás no sea ‘compatible con valores arraigados en la historia de nuestra nación, entre ellos, el alto valor que los estadounidenses siempre han dado a la igualdad de oportunidades."

—Hasta Hillary Clinton, quien siempre ha gozado de un fuerte apoyo de los bancos de Wall Street, sacó a relucir su lado populista recientemente, mientras hacía la campaña para Martha Coakley, demócrata, candidata a la gobernación de Massachusetts. ‘No permitan que alguien les diga, ya saben, son las corporaciones y las empresas las que crean los puestos de trabajo’, dijo Clinton en una concentración en Boston. ‘Ya saben la vieja teoría, del derrame económico. Que se ha puesto a prueba y ha fallado. Ha fallado bastante espectacularmente’.

El mensaje subyacente en este tipo de retórica es que el sistema no es justo. ¿Saben qué? Nunca lo ha sido. Y hasta cierto punto, no puede serlo. En 2016, imaginen qué refrescante sería si hubiera aunque fuera un candidato a la presidencia que tuviera el valor de decirlo.

THE WASHINGTON POST

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