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- 06/07/2026 00:00
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Agrega La Estrella en Google ↗️Risas inocentes se escuchaban desde el río: un grupo de niños jugaban sobre un flotador para saber qué tan rápido llegaban a la orilla. La escena se repetía una y otra vez. Era de envidiar, ese día las temperaturas y la humedad estaban altas por el calor, a pesar de haber llovido. De esta forma, estos niños usaron el recursos que tradicionalmente conocen para refrescarse.
El acceso que tienen es único porque son indígenas de la comunidad Emberá Druá, que está asentada a orillas del río Chagres, en el corazón del Parque Nacional Chagres. Un recurso natural que se alimenta de los bosques maduros, que representan el 88.6% en toda la Cuenca Hidrográfica del Canal de Panamá.
La comunidad Emberá Druá ha logrado consolidarse como un ejemplo de convivencia entre tradición y desarrollo sostenible. La Estrella de Panamá realizó un viaje para conocer la historia de esta comunidad. Partimos a unos 45-60 minutos en auto desde la ciudad de Panamá hasta el puerto de Corotú, en Caimitillo, Panamá Norte.
Ya en el puerto, conocimos a Benjamín, que pertenece a la comunidad Emberá Druá, para realizar el trayecto en piragua de más o menos una hora. Con su tradicional taparrabo y una vara, guiaba a su compañero a través de las corrientes del río. Para comunicarse, bastaban unos silbidos o un par de señales con la mano.
Una vez dentro de la red de bosques, Benjamín no desaprovechó la oportunidad para explicarnos cómo aprovechan estos beneficios para realizar actividades de turismo cultural y de naturaleza, en la cual dan un vistazo a los visitantes de su historia como comunidad y mostrando cómo desde su cultura garantizan la sostenibilidad y el desarrollo de su entorno.
A medida que avanzábamos comenzaban a aparecer las casas de quinchas ocultadas dentro de los árboles, piraguas ancladas a orillas del río y familias indígenas en los alrededores. Según el Ministerio de Ambiente, dentro del parque hay más de 25 poblados campesinos, de los cuales siete son comunidades indígenas emberá. Actualmente hay 13 Organizaciones de Base Comunitaria (OBC) y siete en área de amortiguamiento. Cada una centrada en diversos proyectos ambientales como apicultura, manejo de visitantes, avistamiento de aves, agroforestería y otras actividades ligadas al ecoturismo.
El jefe de la comunidad, Mateo Mecha Ruiz, recuerda que los primeros asentamientos se dieron en la ribera del río Chagres, donde las familias emberá encontraron un espacio para mantener vivas sus costumbres.
La lengua, la música con tambores y flautas, las danzas tradicionales y la elaboración de artesanías con fibras naturales son parte esencial de la vida cotidiana de estos pobladores. Estos elementos no solo preservan la identidad cultural, sino que se han convertido en la base de un modelo turístico que busca compartir la riqueza ancestral sin poner en riesgo el entorno. “Queremos que quienes nos visiten comprendan que nuestra forma de vida depende de la salud del bosque y del río”, afirma.
La comunidad ha entendido que su cultura es también su mayor atractivo. Cada visita se convierte en una oportunidad para mostrar al mundo la belleza de sus tradiciones: desde la gastronomía —considerada fuente de salud y bienestar— hasta los juegos ancestrales —como el tiro con arco y lanza— forman parte de los paquetes turísticos ofrecidos.
Conscientes de que habitan en un área protegida, los emberá han diseñado un modelo turístico que respeta los límites ambientales. Los visitantes llegan en piraguas artesanales construidas por los hombres de la comunidad y son recibidos con presentaciones culturales, recorridos guiados y talleres de artesanía.
Para los emberá, el turismo no es solo una fuente de ingresos, sino una herramienta educativa que permite a los visitantes comprender la importancia de conservar la selva y valorar la cultura indígena.
Andrea Lino Mansi, expresidenta de turismo y actual asesora técnica, subraya que la comunidad emberá Druá fue pionera en abrir las puertas al turismo indígena en Panamá. “Desde aquí nace el turismo, pero no para intereses familiares, sino como un turismo sostenible para toda la comunidad”, afirma.
Andrea recuerda cómo la comunidad pasó de llevar registros en cuadernos y usar beepers para comunicarse, a organizarse en cooperativas y aprovechar las redes sociales para promocionar su cultura.
Gracias a proyectos liderados por mujeres y al acceso a internet vía Starlink, la comunidad emberá Druá mantiene activa su cuenta de Instagram y logra atraer visitantes nacionales e internacionales.
“El turismo ha sido nuestra universidad. Nos ha enseñado cómo tratar a las personas, cómo organizarnos y cómo aprovechar los recursos de manera sostenible sin destruir el bosque”, señala Andrea.
El día a día en la comunidad emberá Druá está marcado por la organización colectiva. Cada miembro cumple un rol: gastronomía, danza, música, limpieza o logística. Cuando no hay turistas, se dedican al mantenimiento de senderos, limpieza de playas y reutilización de plásticos.
La artesanía, elaborada con fibras naturales y maderas caídas de manera sostenible, se ha convertido en un motor económico y educativo. Andrea destaca que gracias a los ingresos obtenidos pudo completar estudios en conservación del medio ambiente y derecho de los pueblos originarios, demostrando cómo el turismo puede ser una herramienta de desarrollo personal y comunitario.