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23 de Sep de 2020

Internacional

Rebeldes disputan en Siria una guerra asimétrica contra el gobierno

Con sus armas ligeras, los hombres del Ejército Sirio Libre (ESL, mayoritariamente formado por desertores) enfrentan a los helicópteros...

Con sus armas ligeras, los hombres del Ejército Sirio Libre (ESL, mayoritariamente formado por desertores) enfrentan a los helicópteros y blindados del régimen de Bashar al Asad, sin otra opción que recurrir a la guerra asimétrica: emboscadas, minas artesanales, infiltración y desinformación.

Sin contar oficialmente con un apoyo logístico extranjero, el ESL es un ejército de miserables cuyos combatientes compran las armas con su propios medios, cuando los tienen, o recuperan las de los soldados capturados o muertos.

"Tengo 12.000 hombres bajo mis órdenes pero sólo la mitad tiene un arma. Se pasan las kalashnikov entre ellos", declaró el jefe militar rebelde de la provincia de Hama (centro), Abú Ahmad, según su seudónimo de guerra.

Sus grupos de combatientes, bajo el mando de oficiales según el mismo sistema de grados que las fuerzas gubernamentales, tiene en el mejor de los casos algunos lanzacohetes y ametralladoras pesadas, y se desplazan en destartalados vehículos que nadie puede garantizar que funcionarán.

Dicen no tener ni cañones antitanques ni antiaéreos frente a los blindados y a la aviación de Asad.

"Incluso nuestros teléfonos satelitales están suspendidos por no haber pagado las cuentas. Nos comunicamos por walkies-talkies de escaso alcance y debemos crear cadenas de comunicación de una provincia a otra", comentó.

En tales circunstacias el ESL debe recurrir a la guerrilla."Utilizamos minas y franco-tiradores. Hostigamos y atacamos a los grupos reducidos de soldados para capturarlos o matarlos y para apoderarnos de sus armas", explicó.

En un video que muestra uno de los oficiales se puede ver varios vehículos todoterreno que van a gran velocidad por un gran ruta cuando una serie de explosiones bloquea la ruta por varios cientos de metros.

En otro se ve dos tanques T72 de fabricación rusa que llegan a un puente cuando éste estalla, precipitando al vacío a los dos blindados.

"Son los libios que nos enseñaron a fabricar minas caseras, con control remoto o placas de contacto, con (explosivo) C4 o con nitrato de amonio (un abono)", dijo un combatiente.

En el Yebel Chahchabu, una cadena de montañas áridas que domina la llanura agrícola de Hama, Abdalá Turk y sus 40 combatientes están instalados en una contrucción de hormigón.

"Cada día efectuamos operaciones. Rodeamos las vías cuando los efectivos son menos que nosotros. Los llamamos a rendirse por altavoces. A veces lo hacen o bien desertan, y a veces...", comentó, dejando en suspenso la última frase.

Su grupo actúa sobre todo durante la noche: "Conocemos muy bien los pueblos, las rutas, los caminos. No necesitamos equipos de visión nocturna, y de todas maneras no tenemos".

Cuando la operación tiene éxito, los rebeldes se apoderan de armas y municiones y destruyen los tanques. "Si los guardamos, los helicópteros vendrán pronto a destruirlos", explicó.

Pero cualquier ejército, sea oficial o rebelde no es nada sin un servicio de inteligencia. "Tenemos fuentes en el ejército de Asad y recíprocamente", confía Abú Yaser, encargado de ese servicio en el grupo de Abú Ahmad.

La infiltración alcanza a veces el más alto nivel: el ESL reivindicó el atentado del 18 de julio donde murieron en Damasco cuatro altos responsables de la seguridad.

En la continuación, los insurgentes lanzaron violentos combates en Damasco a pesar de su inferioridad material, esperando que la conmoción provocaría la caída del régimen, pero fue en vano.

La propagando juega entonces un papel esencial."Asad utiliza armas químicas" contra los sunitas en la provincia de Hama, acusaron Abu Ahmad y Abú Yaser. La guerra en Siria es también la de la información y la desinformación.