25 de Feb de 2020

América

HRW: diciendo la verdad incómoda

PANAMÁ. Hace poco más de un mes, el chileno José Miguel Vivanco –director para América de la organización Human Rights Watch— y su comp...

PANAMÁ. Hace poco más de un mes, el chileno José Miguel Vivanco –director para América de la organización Human Rights Watch— y su compañero, el estadounidense Daniel Wilkinson eran expulsados de Venezuela. El motivo: un informe de 267 páginas titulado “Una década de Chávez: Intolerancia política y oportunidades perdidas para el progreso de los DDHH en Venezuela”. En el informe, la ONG estadounidense acusaba a Chávez de violar la Constitución, constreñir los derechos humanos, discriminar a los ciudadanos por tener ideas políticas opuestas al gobierno y controlar el Poder Judicial.

EXPULSIÓN Y REACCIOS

Como queriendo confirmar la intolerancia que le atribuía el informe, el Gobierno venezolano reaccionó expulsando a los responsables. Nicolás Maduro, canciller venezolano advirtió tajantemente luego de la expulsión: “Ya basta, hasta aquí llegaron: todo aquel que pretenda inmiscuirse en los asuntos internos venezolanos recibirá el mismo tratamiento”. Vivanco y Wilkinson fueron escoltados hasta el aeropuerto Simón Bolívar, donde tomaron un vuelo a Sao Paulo.

Las reacciones no se hicieron esperar. Los sectores izquierdistas demonizaron a HRW, tildandolo de “último bastión de la derecha”, “agentes del imperialismo”, y demás epítetos. El reconocido periodista Hugh O'Shaughnessy escribió en la revista británica New Statesman que confiaba en su “olfato para reconocer una ONG que se ha echado a perder”, y consideraba que el informe de HRW “pudo haber sido escrito por un recluta inexperto del Departamento de Estado de EEUU”. A la semana siguiente, la revista publicó un artículo respuesta de Tom Porteous, director de HRW en Londres.

PRÓXIMA PARADA: COLOMBIA

Sería interesante conocer qué indica ahora el olfato de O'Shaughnessy ahora que HRW se ha metido en líos con el Gobierno de Colombia. El 16 de octubre, la organización publicó el informe “¿Rompiendo el Control?, obstáculos a la justicia en las investigaciones de la mafia paramilitar en Colombia”, un documento de 140 páginas que acusa al Gobierno de Álvaro Uribe de obstaculizar las investigaciones sobre paramilitares. Los ataques del presidente contra la Corte Suprema, las reformas constitucionales que le quitarían competencia a este tribunal y la extradición de jefes paramilitares son algunas de las amenazas que HRW identifica en el país vecino. Apenas conoció el informe, la Vicepresidencia colombiana emitió un comunicado en el que mostró su desacuerdo. Pero el Gobierno colombiano —conocedor del craso error que supuso la expulsión de HRW para la imagen de Chávez— fue bastante más tolerante, y se limitó a decir que “estas y otras falsedades(...), obedecen a problemas de comprensión de lectura de quienes lo redactaron, pues se niega a creer que obedezcan a malas intenciones”.

sin motivación política

La violenta represión de las recientes protestas indígenas —que incluso están acusando al Gobierno colombiano de “genocida”— han hecho a muchos recordar el informe presentado hace casi una semana por HRW. Aquellos que tras su informe sobre Venezuela se apresuraron a crucificarla parecen haber olvidado que ésta lleva 30 años dedicados a la defensa de los derechos humanos alrededor del mundo, lo que le ha otorgado un enorme prestigio.

Que después de Venezuela haya seguido Colombia —cuyos Gobiernos son extremos opuestos del espectro ideológico— probablemente no sea casualidad. Lo cierto es que, echada a perder o no, con su informe colombiano HRW ha demostrado que, más que ser bastión de la derecha o de la izquierda, prefiere ser bastión de los derechos humanos.