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19 de Feb de 2020

América

Señor presidente, bienvenido a Irakistán

PANAMÁ. El 27 de diciembre de 1979, 700 tropas soviéticas ocuparon la ciudad de Kabul, dando inicio a una guerra de ocupación que duró ...

PANAMÁ. El 27 de diciembre de 1979, 700 tropas soviéticas ocuparon la ciudad de Kabul, dando inicio a una guerra de ocupación que duró nueve años y que para muchos expertos fue un hecho clave en el colapso de la Unión Soviética en 1989. Después de nueve años de guerra, los soviéticos fueron forzados a retirarse del país por los mismos guerreros que, dos décadas después, son conocidos como “Al-Qaeda” o “talibanes”. Entonces, como peleaban contra los soviéticos, recibieron ayuda, financiamiento y entrenamiento por parte de EEUU, como corroboró en 1998 Zbigniew Brezinski, asesor de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, a la revista francesa Le Nouvel Observateur: “Al financiar la resistencia, no empujamos a los rusos (sic) a intervenir, pero conscientemente aumentamos las probabilidades de que eso ocurriera”.

(Des)afortunadamente, la historia se repite. A principios de mes el jefe de las Fuerzas Armadas británicas en Afganistán, Mark Carleton-Smith, declaró que “no vamos a ganar esta guerra. Si los talibanes accedieran a negociar, sería el tipo de progreso que terminaría con un conflicto como este”. Estas declaraciones, sumadas al recrudecimiento de la violencia (desde mayo mueren más soldados en Afganistán que en Irak) y a la crisis financiera que atraviesa EEUU han llevado a varios analistas a presagiar que EEUU sumará su nombre a la larga lista de imperios que han iniciado su ocaso en las montañas afganas.

Por otro lado está Irak. Una guerra que ha costado cualquier cantidad entre 566 billones (National Priorities Project) y tres trillones de dólares (Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía). Una guerra en la que han muerto alrededor de 1.2 millones de iraquíes y cerca de 4,200 soldados estadounidenses. Una guerra que levantó un escándalo de torturas que indignó al mundo entero. Una guerra, en fin, en la que nadie, ni los mismos soldados estadounidenses, sabe lo que están haciendo allí. Durante el segundo debate presidencial, al ser cuestionado sobre las cosas que no entendía, Barack Obama respondió: “no entiendo cómo terminamos invadiendo un país que no tenía nada que ver con el 11-S”. Más claro, imposible.

GUERRA BUENA Y GUERRA MALA

El criterio de Obama con respecto a las guerras que enfrenta su país se podría reducir a cuatro palabras: Afganistán Sí, Irak No. En un artículo publicado por el New York Times titulado “Mi Plan Para Irak”, el demócrata aseguró que “podemos retirar nuestras brigadas de combate a un ritmo que nos permitiría estar fuera en 16 meses. Luego de esto, una fuerza residual llevará a cabo misiones limitadas”. Obama no dio detalles de qué tan residual sería esa fuerza y qué tan limitadas serían las misiones, pero si aseveró que “terminar esa guerra [Irak] es esencial para poder cumplir nuestros objetivos, empezando con Afganistán y Pakistán. Proporcionaré al menos 2 brigadas de combate adicionales para apoyar nuestro esfuerzo en Afganistán”.

Este apoyo a la guerra en Afganistán —el demócrata ha llegado a decir en los debates que hay que “matar a Osama Bin Laden”— ha supuesto una decepción para muchas personas que esperaban que Obama pusiera fin a una guerra que, siete años después, luce tanto o más absurda que la de Irak.

100 AÑOS EN IRAK

Si la posición de Obama puede ser resumida en cuatro palabras, la de McCain puede resumirse en una: Victoria. Sea lo que sea que entienda el senador McCain por “victoria” en cualquiera de las dos guerras, ha logrado reducir la complejidad de dos invasiones –que llevan siete y cinco años— de manera admirable. Por supuesto, las palabras de Carleton-Smith parecen no importarle a McCain (ni a Obama, en todo caso). Tampoco el hecho de que, en palabras del periodista inglés Robert Fisk “el Talibán ya controla la mitad del país. [El presidente afgano Hamid] Karzai sólo gobierna dentro de su palacio, y con la ayuda de tropas extranjeras”.

John McCain considera inaceptable que su oponente demócrata piense en retirar las tropas de Irak. Para McCain esas tropas vendrían “derrotadas y humilladas”. En nombre de la victoria, McCain dijo en un mítin republicano en enero (New Hampshire) que “no le importaría” que EEUU pasara 100 años en ese país. A pesar de que luego matizó el comentario, pocos dudan de que el republicano hablaba en serio.

EL FUTURO

El panorama en Irak se torna complicado para las fuerzas norteamericanas. El borrador de acuerdo para regularizar la presencia extranjera en Irak tiene altas probabilidades de no ser aprobado por el Parlamento iraquí.

Por otro lado, el clérigo chií Muqtada al-Sadr goza de una creciente influencia y podría convertirse en una amenaza populista más pronto que tarde. Quien gane la Casa Blanca deberá hacer frente a la retirada de las tropas, ayudar a reconstruir el país y así intentar aminorar los efectos a largo plazo en una población cuyo pan durante cinco años ha sido la violencia, la humillación y el odio.

En Afganistán el desastre es aún mayor. Al menos la mitad del país ha vuelto a caer en manos del Talibán, que a la postre ha aumentado su popularidad entre los afganos. El Gobierno de EEUU, preocupado, ha nombrado a David Petraeus –a quien se atribuye la reciente disminución de la violencia en Irak— como Comandante en ese país. Pero no todos piensan en guerra. Recientemente, el Gobierno afgano y el Talibán sostuvieron una reunión en Arabia Saudita y hace dos días la agencia Reuters informó que los Gobiernos de Pakistán y Afganistán están dispuestos a negociar con los líderes del Talibán, en lo que parece la única salida —tal y como apuntó Carleton-Smith— a un conflicto que ya cumplió su séptimo aniversario.

“Desde estas montañas vencimos a Alejandro Magno, a los ingleses y venceremos a los soviéticos”. Éstas palabras, dichas por Sibghatullah Mojaddedi, actual líder del Frente Afgano de Liberación Nacional, terminaron por ser proféticas. Mojadeddi no incluyó en la frase, sin embargo, la vital ayuda que recibió del Gobierno estadounidense, que entrenó y dio armas a los insurgentes afganos —entre los que se encontraba un tal Osama Bin Laden— para expulsar al invasor soviético. Hoy, con los papeles invertidos, EEUU ruega que laprofecía de Mojaddedi no se vuelva a repetir. Cría cuervos y te sacarán los ojos.