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11 de Apr de 2021

América

La política de Estado

La inseguridad nacional se corresponde con una política de estado cuidadosamente planificada por el alto gobierno y sus asesores externo...

La inseguridad nacional se corresponde con una política de estado cuidadosamente planificada por el alto gobierno y sus asesores externos, especialmente cubanos. No se trata de errores, improvisaciones, ni de torpezas tan características del régimen actual. Estos factores pueden encontrarse en la ejecución diaria de la política, pero no en el diseño de la misma. No es casual la politización de la mal llamada hampa común. Mucho menos el grado insolente de impunidad que gozan los delincuentes o la destrucción desmoralizadora de las policías estadales y municipales, de la Guardia Nacional y haber convertido al resto de las fuerzas armadas en una caricatura de lo que deberían ser. Fríamente calculado ha sido alejar las reservas militares de sus funciones específicas, la creación de las milicias revolucionarias y el solapamiento de las mismas con unas fuerzas regulares disminuidas e inoperantes. Las estructuras del crimen organizado se multiplican en centros urbanos y zonas rurales, a través de grupos armados bien financiados y protegidos por el estado-gobierno en nombre de la revolución que pretenden imponer.

El impactante reportaje trasmitido por CNN, ampliamente comentado en varias entregas, elaborado por la televisión española, ayuda a entender las razones para este dantesco balance de unos 150.000 asesinatos, más heridos, secuestrados y extorsionados, también las consecuencias de las alianzas operativas con factores subversivos y terroristas del área, todo en boca de algunos de los protagonistas del drama. Por supuesto la famosa foto de El Nacional, reproducida por Tal Cual y otros medios impresos, ha tenido el valor de poner el tema de moda y al gobierno a la defensiva, apelando a la violencia institucional derivada de un poder judicial de plastilina, sin autonomía ni independencia.

El objetivo de esta política es mantener atemorizada a la población. El miedo es su aliado por excelencia. La defensa de la integridad personal, familiar y de los bienes impone medidas de seguridad que limitan hasta el derecho a la protesta, por temor a represalias de hecho o de ‘derecho’. La situación es más grave entre los más pobres, desamparados e indefensos. La rabia y la indignación, por la identificación del culpable, han empezado a superar los niveles del miedo paralizante. No puede disimular una responsabilidad exclusiva y excluyente. Hipocresía, arrogancia, cinismo, corrupción e incompetencia.