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27 de Nov de 2020

América

Carlos Andrés, Episodios de Historia Política Panameña

PANAMÁ. Desde hace más de sesenta años, Carlos Andrés Pérez se vinculó con nuestro país y nuestra familia. Aquí vivió un corto periodo d...

PANAMÁ. Desde hace más de sesenta años, Carlos Andrés Pérez se vinculó con nuestro país y nuestra familia. Aquí vivió un corto periodo de uno de sus primeros exilios, participó en la resistencia contra la dictadura venezolana que encarnaba Pérez Jiménez, difundía sus ideas a través del programa radial Venezuela Libre, y se hermanó en compadrazgo, y en ideales comunes con mi padre Carlos Iván Zúñiga Guardia, quien fue enlace de la resistencia civilista del Partido Acción Democrática de Venezuela.

En la década del cincuenta, llegaban a Panamá exiliados venezolanos, perseguidos que requerían apoyo. Venían a nuestro país dirigentes demócratas como Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Jóvito Villalba y otras destacadas figuras de la historia venezolana, a los que se les brindaba apoyo solidario por parte de jóvenes del Frente Patriótico, encabezados, entre otros, por mi padre.

Armando Rodríguez Trilla, José María Machín, Ángel Fariñas Salgado, Manuel Martínez, José Saa Zamora, Gonzalo Barrios, Luis Augusto Dubuc, Jaime Lusinchi, y principalmente Carlos Andrés Pérez, eran algunos de los nombres familiares dentro las decenas de amigos venezolanos que mi padre conoció en Panamá, Guatemala, Chile y Perú.

Cada vez que venía Carlos Andrés a Panamá, visitaba nuestro hogar. Tengo memoria de una visita realizada en 1958, cuando retornaba para Venezuela de su exilio en Costa Rica. Posteriormente lo recuerdo en 1967, para esa época controlaba la organización de su partido y le expresó a mi padre que se encaminaba a la Presidencia de Venezuela, la que alcanzó seis años después.

En 1970, a pocos meses de instaurada la dictadura militar en nuestro país, era el Secretario General del Partido Acción Democrática de Venezuela, y enterado como estaba de las vicisitudes políticas por las que atravesaba mi padre, quien fue encarcelado en el período que corría entre diciembre de 1968 y marzo de 1969, le envió desde Caracas el Informe de la XVIII Asamblea Nacional de su Partido, con una dedicatoria que es prueba fehaciente de los ideales comunes y el afecto que durante dos décadas consecutivas los unían ‘Para el amigo consecuente y sincero Carlos Iván Zúñiga, a quien esperamos ver muy pronto liderizando vigoroso movimiento democrático en la Patria de su angustia y su amor. Fraternalmente Carlos Andrés Pérez’ 5 de mayo de 1970.

Cuando asumió la Presidencia de Venezuela en 1974, mis padres fueron invitados a su Toma de Posesión donde se congregaron destacadas personalidades de América Latina. Allí tuvieron oportunidad de escuchar el discurso inaugural de su primer gobierno junto al nicaragüense Pedro Joaquín Chamorro, posteriormente asesinado por la dictadura Somocista, y Germán Arciniegas, el gran escritor colombiano. En dicho discurso se incluyó un párrafo, redactado por mi padre, sobre el apoyo a la lucha panameña en sus históricas reivindicaciones nacionalistas. Desde ese momento, Carlos Andrés señaló como uno de los objetivos de la política exterior de su gobierno, el apoyo a la causa panameña en materia canalera y se convirtió durante el periodo de 1974-1977, en adalid internacional de nuestra lucha por la recuperación del canal. Aunque las exigencias de la visión abrogacionista patriótica que liderizaba en nuestro país Carlos Iván Zúñiga, junto al Movimiento de Abogados Independientes, no coincidían con la perspectiva de éxito que Carlos Andrés tenía debido al momento político internacional de la época, siempre le respetó sus ideales nacionalistas, su oposición consecuente a los Tratados del Canal por darse en ellos la legalización de la presencia militar norteamericana, por la existencia de un Tratado de Neutralidad Intervencionista contrario a la neutralidad del Canal, y por lo extenso del plazo de reversión que se extendía hasta 1999.

Al poco tiempo de llegar a la Presidencia de Venezuela, Carlos Andrés Pérez visitó nuevamente Panamá y estuvo en nuestra residencia. Allí mi padre dejó clara su posición con respecto al gobierno militar que conculcaba las libertades públicas en nuestro país. ‘Un abismo nos separa’, le expresó. Evidentemente los intereses de la política exterior venezolana no coincidían con la urgente necesidad anhelada por mi padre de establecer un régimen democrático en Panamá. Sin embargo, Carlos Andrés coincidía en rechazar la violación de los Derechos Humanos en nuestro país y cuando la dictadura en 1976, expatrió a varios panameños, él les dio apoyo solidario a muchos de ellos. En ese mismo año, en septiembre, fui detenido por la dictadura de Torrijos junto a centenares de estudiantes que protestábamos contra el régimen. El presidente Carlos Andrés Pérez se comunicó con las autoridades panameñas y expresó su malestar debido a que esa imagen perjudicaba la campaña internacional que se venía desarrollando con su coordinación y apoyo. A pocas horas de esa llamada, todos los estudiantes fuimos puestos en libertad.

Carlos Andrés ejercía influencia sobre el régimen dictatorial panameño y para argumentar a favor de este acercamiento frente a las críticas de la oposición, él sostenía que promovía la apertura democrática en Panamá, y que de lo contrario, si abandonaba su influencia, Torrijos caería irremediablemente, en brazos de Somoza y las dictaduras centroamericanas.

Al poco tiempo de dejar la presidencia en 1979, visitó nuevamente nuestro país. Para sorpresa de muchos recorrió las calles de nuestra capital, como en la época de su exilio en la década del cincuenta, en compañía de mi padre. En esa ocasión se percibía un distanciamiento entre el régimen militar y Carlos Andrés. Él ya no era el Presidente de Venezuela y había perdido protagonismo, por lo que el régimen panameño no acataba sus posiciones con respecto a la crisis nicaragüense. Al enterarse que Torrijos mantenía comunicaciones telefónicas con Somoza y que a él lo trataban de manera distinta, se disgustó por este comportamiento ambiguo e inaceptable. En dicha oportunidad se fue molesto de Panamá. En ese viaje, Carlos Andrés reiteró que la apertura democrática en Panamá, tenía que producirse y así se lo hizo saber a Torrijos, ya que de lo contrario internacionalmente el régimen panameño sería aislado. Esto llenó de expectativas positivas a mi padre, luchador incansable por la democracia panameña.

En 1984, cuando se realizaron las primeras elecciones presidenciales en nuestro país después del golpe de Estado de 1968, mi padre continuó asumiendo su rol protagónico en defensa de la Democracia y la Justicia Social. Fue lanzada su candidatura presidencial y posteriormente, en 1987, encabezó junto a otros compatriotas la lucha contra la tiranía de Noriega desde la Cruzada Civilista. Carlos Andrés siempre vio con preocupación las sistemáticas violaciones a los Derechos Humanos en nuestro país y siempre estuvo atento para exigir a las autoridades panameñas su respeto.

Cuando arribó por segunda vez al poder en febrero de 1989, demostró su solidaridad con la lucha democrática del pueblo panameño. Recuerdo que lo llamé para informarle que la oposición había acordado llevar un candidato único a la Presidencia de la República y me preguntó de inmediato, ¿Carlos Iván lo apoya?, le contesté afirmativamente y desde ese momento organizamos el viaje a Caracas invitados por él a su Toma de Posesión y nos abrió las puertas para promover los vínculos internacionales de la Alianza Civilista con las fuerzas socialdemócratas y otras fuerzas políticas reunidas en Caracas. Allí, Carlos Iván Zúñiga y Arnulfo Escalona Ríos, junto con la terna presidencial formada por Endara, Arias Calderón y Ford, se reunieron con las más destacadas figuras de América Latina y Europa para desenmascarar a la dictadura panameña y restarle apoyo internacional.

El presidente Pérez nos recibió dos veces en el Palacio Miraflores. La presencia del grupo civilista en Caracas logró la suspensión del brazo político de la dictadura de la Internacional Socialista. Durante el año de 1989, Carlos Andrés buscó una solución negociada a la crisis panameña, y rechazó cualquier intervención militar de los Estados Unidos, en lo que coincidía plenamente con mi padre.

En 1991, nos vimos en la Primera Cumbre de Presidentes y Jefes de Estado de Iberoamérica en Guadalajara. Recuerdo que estaba ubicado en la mesa principal frente a nosotros, yo como Asesor Presidencial, estaba sentado detrás del Presidente Endara, junto al gran canciller panameño Julio Linares. Cuando Endara terminó su discurso en el que invitaba a los Presidentes y Jefes de Estado de Iberoamérica a la entrega del Canal en 1999, y declaró que no negociaría prórroga de la presencia militar norteamericana en nuestro suelo, Carlos Andrés nos saludó efusivamente y le expresó al Presidente Endara su gran complacencia por la posición del nuevo gobierno panameño.

Desde que Carlos Andrés dejó el poder en 1993, siempre encontrábamos canales de comunicación para enviarnos mensajes de solidaridad y afecto.

A principios del año 2002, visitó Panamá, se le veía optimista, lleno de proyectos. En esa ocasión le dijo a mi padre, ‘pronto regresaré a Venezuela’ y se lo dijo con tal convicción que mi padre presintió la cercana caída de Chávez. Al poco tiempo, Carlos Andrés preparaba sus maletas para retornar ‘a la Patria de su angustia y de su amor’, pero fracasó el intento de recuperación democrática y la vida a Carlos Andrés le jugó una mala pasada.

Un año después padeció un ataque cerebro vascular que le paralizó parte de su cuerpo.

Pocos meses antes del fallecimiento de mi padre, en el 2008, logré comunicarme con Carlos Andrés en su exilio en Miami y para nuestra sorpresa, conociendo su precaria salud, tomó el teléfono. Carlos Andrés, siempre efusivo, lo saludó con voz apagada. El diálogo fue breve, y larga la despedida. Luego de la conversación, mi padre nos comentó ‘también está muy enfermo’ y se quedó meditando. Evidentemente, ambos tenían la convicción de que sería la última vez que conversarían.

En distintas épocas de sus trascendentes vidas ambos trabajaron inspirados en ideales comunes. En la década del cincuenta, en la búsqueda de la democracia venezolana, posteriormente impulsaron el progreso democrático y social en sus países; dentro de sus circunstancias contribuyeron a la descolonización del Canal de Panamá y ambos lucharon por estructurar una América más libre y más justa.

Hace 55 años, Carlos Andrés Pérez, el joven exiliado venezolano, vino desde Costa Rica a anudar lazos de compadrazgo con mi padre Carlos Iván Zúñiga, joven político panameño, por sus luchas coincidentes y por su afinidad de pensamiento. En representación de mi padre y por el afecto que siempre le hemos guardado en nuestra familia, a mi padrino Carlos Andrés Pérez, elevaremos una oración por su alma el mismo día que sus restos mortales son despedidos por sus familiares y amigos en su querida Patria, en su Gran Venezuela.