24 de Feb de 2020

América

Ayotzinapa, “No habrá carpetazo”

Horas y horas de fuego hasta que los cuerpos y huesos de las víctimas sean irreconocibles y no se pueda extraer pruebas de ADN

La posibilidad de un carpetazo oficial a los sucesos trágicos de hace un año en el estado de Guerrero por el caso de los estudiantes desaparecidos de Atyozinapa es una amenaza real. De ahí que resulte oportuno el que el mandatario mexicano Enrique Peña Nieta, en la víspera de haberse cumplido el primer aniversario de la desaparición de los estudiantes mexicanos haya enfatizado: ‘No habrá carpetazo, el caso sigue abierto'. No obstante, a la luz de los nuevos datos que han surgido en el curso de las investigaciones oficiales las preocupaciones de la sociedad mexicanas están lejos de tranquilizarse.

Las autoridades de México han hecho circular innumerables documentos oficiales mediante los cuales constatan que el caso lleva, hasta el momento, unos 100 o más detenidos. La Procuraduría General de la República (PGR) mantiene en su página web un sitio para reproducir los comunicados del caso que sean importante reiterar.

El pasado 17 de septiembre la Policía Federal detuvo al jefe del cártel Guerreros Unidos, Gildardo (alias ‘El Gil') López Asturdillo, una detención que podría revelar detalles sobre lo que ya se presumía y existían pistas seguras que miembros de esta cártel de drogas que opera en este lado del territorio mexicanos están involucrados en la desaparición de los estudiantes. Hay mucha información pero pocas pistas concluyentes que satisfagan el rigor de lo que exige la ley, la familia y toda la nación a un año de los hechos de aquel 26 de septiembre de 2014 cuando unos estudiantes se montaron en un bus en dirección a la ciudad de Iguala, estado de Guerrero, para participar de una protesta que ‘incomodaba a las autoridades policiales y al Alcalde'. Seis fallecieron, 17 resultaron heridas y 43 siguen desaparecidos. Al principio las versiones oficiales resultaban contradictorias, pero un año después informes del PGR indican que los estudiantes fueron detenidos por fuerzas policiales y otros probables agentes no uniformados bien armados que, más tarde, habrían entregado a estos jóvenes a hombres del cartel Guerrero Unidos.

Los sicarios de los carteles de la droga, en su siniestro plan de afianzar fuerza y hacer de otras organizaciones políticas, institucionales y policiales, que no pueden ‘implicarse' en actos de violencia extrema, suelen ejecutar crímenes atroces. Impusieron los narcos la quema de cuerpos en incineradores improvisados en basureros, lejos de la vigilancia oficial de los municipios, pero que ‘todos saben' cuando ‘trabajan'. Horas y horas de fuego hasta que los cuerpos y huesos de las víctimas sean irreconocibles y no se pueda extraer pruebas de ADN para dar con los desaparecidos.

Ayotzinapa no es un caso aislado informan muchos. No podemos permitir que este caso que a nivel mundial está en el tapete de las preocupaciones de la ONU, Vaticano y casi todas las ONG y gobiernos se le de ni carpetazo y, mucho menos, caiga en el perverso olvido internacional pues podría ser el primer peldaño para un imperdonable olvido de los 43 estudiantes normalistas desaparecidos en México, ayer hace exactamente un año.