Temas Especiales

28 de Mar de 2020

América

En Corea del Norte, la esperanza no es una estrategia

En Washington hay una sabiduría convencional sobre Corea del Norte que alcanza a ambos partidos y a la mayoría de la opinión de las élites.

En Corea del Norte, la esperanza no es una estrategia
En Corea del Norte, la esperanza no es una estrategia

En Washington hay una sabiduría convencional sobre Corea del Norte que alcanza a ambos partidos y a la mayoría de la opinión de las élites.

Esto sería más o menos así: Corea del Norte es el país más extraño del mundo, gobernado por un dictador excéntrico con un raro corte de pelo.

Él es impredecible e irracional y no se puede negociar con esta persona. A la larga, este régimen extraño y cruel colapsará. Mientras tanto, la única solución es más y más presión. Pero ¿qué sucede si la sabiduría convencional se equivoca?

El régimen de Corea del Norte ha sobrevivido casi siete décadas y ha preservado no solo su básica forma de gobierno, sino también su dinastía familiar, de padre a hijo a nieto.

Ha persistido a través de la caída de la Unión Soviética y sus satélites comunistas, la Revolución Naranja, la Primavera Árabe y la desaparición de otras dictaduras asiáticas, desde Corea del Sur hasta Taiwán e Indonesia.

La Dinastía Kim ha sido capaz de alcanzar un éxito asombroso en su objetivo primario: sobrevivencia.

Por supuesto, esto es dado a que gobierna de una manera brutal y opresiva. Sin embargo, también lo hicieron varios otros regímenes, desde Rumania hasta Siria y Myanmar. No obstante, de alguna manera Corea del Norte ha mantenido su sistema.

Kim Jong Un es un hombre joven pero ha sido altamente efectivo preservando su autoridad. Ha asegurado el apoyo de los militares y ha rechazado o matado a cualquiera que amenazó su control en el poder; incluyendo su tío y supuestamente, su medio hermano.

Observemos al mundo desde la perspectiva de Corea del Norte. El régimen vio el colapso del imperio soviético y una transformación en China más desestabilizadora aún, que pasó de ser un alma gemela ardientemente ideológica a un Estado de comercio pragmático que se ha integrado con entusiasmo en los mercados mundiales.

Estos días, Beijing parece concebir a Pionyang como una molestia, y China ahora vota con frecuencia condenar y sancionar a Corea del Norte en las Naciones Unidas.

Además, el país más poderoso del mundo ha dejado claro que Corea del Norte está destinada a ser el cúmulo de cenizas de la historia.

Luego del 11/9, cuando Estados Unidos fue atacado por terroristas islamitas que emanaron del Medio Oriente, George W. Bush anunció que Estados Unidos no toleraría más un ‘eje del mal' que abarca Irak, Irán y Corea del Norte.

El secretario de Estado Rex Tillerson, dijo recientemente que la política estadounidense actual hacia Irán consiste en: ‘trabajar hacia el apoyo de aquellos elementos dentro de Irán que llevarían a una transición pacífica de ese gobierno'.

Y en cuanto a Corea del Norte, Donald Trump quiere que China ‘finalice con esta tontería de una vez por todas', lo que una vez más únicamente puede significar deshacerse del gobierno de Kim de alguna manera.

Entonces, el régimen de Corea del Norte ha intentado comprar seguros. Además en el ámbito de los asuntos internacionales, el mejor seguro es la posesión de una capacidad nuclear.

Pionyang sabe que posee un ejército lo suficientemente grande y el escenario de guerra coreano es tan pequeño y denso que una guerra convencional sería impensable, produciendo cientos de miles de víctimas y que millones de refugiados llegasen a raudales a China y Corea del Sur.

Corea del Norte ha calculado con exactitud, que China y Corea del Sur están más aterrados por el caos que seguiría a su colapso que de su arsenal nuclear.

Tal vez la mejor manera de analizar a Corea del Norte es como un gobierno inteligente, racional y calculador que está funcionando hábilmente dada su prioridad de supervivencia del régimen.

Más presión solo fortalece su resolución de comprar incluso más seguros. ¿Cómo manejarlo bajo estas circunstancias?

La primera manera de romper el bloqueo en la política estadounidense sería convencer a China de ejercer una presión real en su aliado.

Eso no sucederá sirviéndole al presidente Xi Jinping una torta de chocolate en Mar-a-Lago. Beijing está enfrentando una pesadilla comprensible: bajo sanciones y presión, Corea del Norte colapsa y el país unificado recientemente se convierte en una versión gigante de Corea del Sur, con un tratado de defensa con Washington, casi 30 mil tropas estadounidenses y posiblemente decenas de armas nucleares de Pionyang; todo en la frontera de China.

Ahora Washington tendrá que prometer a Beijing que en el caso de la unificación, retirará sus tropas, cambiará la naturaleza de su relación de tratado con la nueva Corea y, que al trabajar con China, eliminará el arsenal nuclear de Corea.

Pero la presión solo funcionará si también hay alguna razón para que Corea del Norte realice concesiones. Pionyang ha indicado en el pasado que busca un final formal a la guerra coreana (Washington firmó solo un armisticio en 1953), un reconocimiento del régimen y el levantamiento de sanciones.

Obviamente nada de esto debería ser ofrecido ahora mismo. Sin embargo, no hay daño alguno en hablar con Pionyang y buscar maneras de comerciar algunas de estas concesiones para la erradicación completa del programa nuclear.

Resulta una píldora amarga para Washington. No obstante, la alternativa es tener la esperanza de que China actuará contra sus intereses y aplastará a su aliado, o que Corea del Norte finalmente colapsará. Pero la esperanza no es una estrategia.