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16 de Oct de 2019

América

Torturas, el legado que la CIA busca borrar

La candidata de Donald Trump a la CIA, Gina Haspel, se comprometió a no reanudar el polémico programa de torturas creado durante la gestión de Bush hijo

La candidata de Donald Trump para dirigir la CIA, Gina Haspel.

Gina Haspel, la candidata de Donald Trump para dirigir la CIA, se comprometió a no reanudar el polémico programa de torturas que la agencia empleó tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, sin embargo evitó posicionarse como un contrapeso al presidente.

Haspel hizo estas declaraciones ante el comité de inteligencia del Senado que examina su candidatura antes de que sea designada como la jefa de la CIA.

‘Entiendo que mucha gente en el país quiera conocer mis posiciones acerca del anterior programa de detención e interrogatorios de la CIA', señaló la candidata.

Lo que preocupa a los senadores fue el papel que desempeñó Haspel en 2002 cuando ella supervisó una cárcel secreta de la CIA en Tailandia

En dicho centro penitenciario fueron interrogados dos sujetos acusados de pertenecer a la organización terrorista Al Qaeda: Abu Zubaida y Abd al Rahim al Nashiri.

El primero fue sometido 83 veces a la técnica de ahogamiento simulado y el segundo sufrió tres veces esa práctica, según informes hechos públicos por el Congreso estadounidense.

La técnica es conocida como ‘‘waterboarding” y es considerada por el Derecho Internacional como un acto de tortura; si bien Washington asegura que estos procedimientos fueron necesarios para luchar contra el terrorismo internacional.

El programa de torturas, creado durante el gobierno de George W. Bush, era conocido por el eufemismo ‘‘técnicas mejoradas de interrogatorio” y fue utilizado por la CIA, así como por las fuerzas armadas estadounidenses, contra prisioneros sospechosos de pertenecer a agrupaciones terroristas.

Además del waterboarding , otro de los métodos utilizados fueron la alimentación rectal, la privación del sueño, la obligación de mantener posiciones dolorosas, confinamiento en espacios pequeños, humillaciones sexuales, exposición al calor o frío extremo y amenazas psicológicas.

Dichas prácticas se emplearon contra prisioneros en cárceles como la de Guantánamo (Cuba) o la prisión de Tailandia en la que laboró Haspel.

Durante el segundo mandato de Barack Obama fueron desclasificados varios documentos de la CIA, en los que se reveló que al menos el 25% de los ‘‘interrogados” eran inocentes.