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25 de Feb de 2021

Mundo

¿Qué hacer ahora?

El terremoto en Japón y sus consecuencias pueden ser una premonición por lo que sucede en el mundo de injusticias que vivimos y mostrarn...

El terremoto en Japón y sus consecuencias pueden ser una premonición por lo que sucede en el mundo de injusticias que vivimos y mostrarnos quién tiene el poder. Las consecuencias de este fenómeno, de este aviso, son graves para la vida y la economía mundial cuyo eje central —USA, UE, Japón— están altamente endeudadas y descansan sobre un sistema anacrónico e injusto.

En la década de los 60/70 los estudiantes debatíamos sobre muchos temas, uno, inquietante, era la posibilidad de una tercera guerra mundial.

Varias causas, con un tema central, eran analizadas sin extremismos. Éramos jóvenes preocupados por lo que vendría. ¿Se enfrentarían los sistemas por sus intereses?, ¿capitalismo vs. comunismo?; ¿blancos contra negros, indios y mezclados? ¿O sería una guerra religiosa? Concluíamos a veces en que sería una mezcla de elementos, pero que vendrían guerras por el poder mundial y una guerra masiva de naciones, no lo dudábamos. No estábamos equivocados.

Se engaña a los pueblos con una retórica de democracia que no se practica. Se ha ido agrandando la brecha entre ricos y más pobres.

Las apariencias no engañan a nadie. Crecen las economías pero aumenta el desempleo, los vicios y el hambre. Las discriminaciones se viven a diario entre países, razas (?) y religiones. Estos errores, y otros, han ido agotando la paciencia y los deseos de cambio pacíficamente. Jesús puso la otra mejilla, pero defendió con energía la equidad y la justicia. Creyentes de otras religiones han dado muestras de paciencia y buscan la paz, pero no seguirán tolerando abusos y burlas por todas sus generaciones.

Ofrendan hasta sus vidas, que parece ya no valen nada, por lograrlo. Narcos y terroristas son apenas pequeños grupos, con miembros de varias creencias que son presa de un sistema sin espacios ni oportunidades. Existe mucha hipocresía y corrupción que impiden la práctica de una real democracia.

Los gobiernos tienen la obligación inalienable de respetar a sus pueblos, sin ocultar nada ni convertirlos en sus víctima y vasallos.

El caso actual del mundo árabe, sobre el cual vengo refiriéndome hace décadas, sobre como vincularlo al desarrollo global que podrá darse cuando terminen las dictaduras y monarquías oprobiosas, aunque ya se han dado pasos en Sur América en tal sentido. Gaddafi debe ser juzgado por su pueblo, así como occidente debe investigar y juzgar por crímenes de guerra y de lesa humanidad a los responsables de invasiones a otros países.

Existe una tendencia destructiva, física y de valores, en aras de la cual se destruyen países y culturas, apropiándose de sus espacios y riquezas.

Recientemente Libia se deshizo de armamentos por un acuerdo con occidente. Mientras, el G8 y principales aliados poseen, incrementan y especializan sus arsenales. ¿Que otro país imitará a Libia? ¿o acaso la idea es el efecto contrario y lograr más ventas para las grandes industrias de armas?

Todo el pueblo libio rechaza la intervención extranjera. Los ejemplos de Irak y Afganistán, vigentes, son escalofriantes y sin beneficios para esos pueblos. Involucrar a la OTAN en otra invasión sería desacreditar más estas fuerzas que ya cargan con miles de muertes de civiles, incluidos niños. Las excusas por estos hechos no son suficientes. Este tipo de ‘ayudas’ no alivian conflictos, los agrandan con balance nefasto. ¿Continuarán estas fuerzas estacionadas en Medio Oriente para intervenir en el resto de países? Como dicen, todas las opciones están sobre la mesa. Ni invadir, ni ahorcar ni ‘zonas de exclusión’ han aportado a soluciones, pero si han matado a miles de inocentes. ¿Se recurrirá a, nuevamente, dividir países? Se hizo con Corea, Vietnam y Europa del Este.

Otro elemento que no se está considerando es la ola emigratoria del resto de África que ya llega a nuestros países indoamericanos carentes de legislación y controles adecuados. Esto, aunado a la emigración asiática, desencadenará problemas sociales y de salud muy graves. ¿Qué hacer? Se impone rectificar, es posible, aunque mentes obsecadas se opondrán.