15 de Ago de 2022

Mundo

Radicalización de Pakistán

WASHINGTON. – Cualquiera sea su fuerza, las tropas estadounidenses no determinarán el éxito en Afganistán. Tampoco lo hará el Ejército N...

WASHINGTON. – Cualquiera sea su fuerza, las tropas estadounidenses no determinarán el éxito en Afganistán. Tampoco lo hará el Ejército Nacional Afgano recién formado.

Mientras las fuerzas estadounidenses se retiran progresivamente en los próximos tres años, el ejército de Pakistán con 600 mil efectivos se convertirá en la fuerza militar dominante de la región y tratará de dar forma a su futuro. Pero ese ejército está experimentando una profunda crisis interna de identidad, la más grave desde la fundación de Pakistán en 1947.

La manera en que se resuelva esta crisis va a determinar su futuro, el futuro de la guerra de Afganistán – y mucho más.

VÍNCULOS ISLAMISTAS

La noticia de esta semana de que un general de brigada paquistaní fue detenido por sus vínculos con un grupo islamita radical, Hizb ut-Tahrir, fue sólo el último de una serie de acontecimientos que sacudieron la nación.

En el último año, dos funcionarios paquistaníes de rango superior fueron asesinados, uno por su guarda de seguridad.

El mes pasado, militantes bien armados atacaron una base naval clave en Karachi, una operación que requirió asistencia desde el interior.

También el mes pasado, un valiente periodista paquistaní, Syed Saleem Shahzad, quien detalló la creciente presencia extremista dentro el ejército paquistaní, fue torturado y asesinado, casi con toda seguridad por el directorio del servicio de inteligencia paquistaní (que negó la acusación).

Y luego está el caso de Osama bin Laden, que estuvo cómodamente instalado durante años en un pueblo del ejército.

El ejército de Pakistán fue considerado tradicionalmente como una organización laica y disciplinada.

Pero la evidencia es ahora abrumadora de que ha sido infiltrado en todos los niveles por islamitas violentos, incluyendo entre ellos simpatizantes talibanes y de al-Qaeda.

A su vez, hay fuerte evidencia de un cambio básico en la actitud de los militares paquistaníes.

EMBAJADOR PAKISTANÍ

El mes pasado, el embajador de Pakistán en Estados Unidos, Husain Haqqani, fue invitado a hablar en la National Defense University del país.

Dirigiéndose a un grupo de oficiales, Haqqani preguntó a la audiencia: ‘¿Cuál es la principal amenaza de seguridad nacional para Pakistán?’ Ofreció tres categorías: ‘desde dentro (Pakistán)’, ‘India’ y ‘Estados Unidos’. Una pluralidad de personas votaron por la tercera opción.

El voto es consistente con un documento de WikiLeaks, un cable de 2008 de Anne Patterson, embajadora de Estados Unidos en Pakistán, donde expresa su consternación por el aumento de los niveles de anti-americanismo en la próxima generación de líderes de la elite militar de Pakistán.

En noviembre del año pasado, Dawn, un periódico paquistaní, describió un informe militar en el cual un alto oficial militar explicó a un grupo de importantes columnistas que los militares paquistaníes consideraban a Estados Unidos como una fuerza hostil tratando de perpetuar en Pakistán un estado de ‘caos controlado’ y determinado a ‘desnuclearizar’ el régimen.

La ideología islamista está reemplazando la estrategia.

Durante 60 años, el ejército de Pakistán se ha enfocado obsesivamente en su rivalidad con India.

Grupos de grandes dimensiones dentro de ese ejército parecen estar cambiando las obsesiones, y Estados Unidos está reemplazando a India como principio organizador en torno al cual el ejército de Pakistán basa sus intereses de seguridad nacional.

Si esto sucede, no sólo la guerra de Afganistán está perdida, sino que Pakistán también lo está.

(No tiene qué tan lejos caer; hizo su aparición anual en este año en la lista ‘Estados fracasados’ en el rango número 12, por encima de Yemen, en la revista Foreign Policy).

El embajador Haqqani explicó a su audiencia lo siguiente: ‘Si (la amenaza) realmente viene de Estados Unidos, entonces ya hemos perdido, señoras y señores, porque no se puede vencer a Estados Unidos en una confrontación militar.

(…) Seamos honestos, no tenemos los medios para confrontar a potencia militar número uno en el mundo, que gasta más en tecnología de defensa que las próximas 20 naciones en el mundo.

Ahí es donde creo que a veces terminamos teniendo lo que llamo un ‘debate emocional’.

Es más que emocional.

Es una indicación de que las ideas radicales islámicas – con Estados Unidos como el gran Satán- son ahora reflexivas para muchos en el ejército paquistaní.

Después de la incursión de bin Laden, el ejército de Pakistán envió al primer ministro Yusuf Raza Gillani a Pekín para tratar de adular a los chinos.

‘Hemos pedido a nuestros hermanos chinos que por favor construyan una base naval en Gwadar’, dijo Chaudhary Ahmed Mukhtar, ministro de defensa de Pakistán, y Gillani regresó triunfalmente alegando que había logrado el acuerdo.

Los chinos, sin embargo, fueron demasiado inteligentes para jugar ese juego anti-americano y humillaron públicamente a los paquistaníes contradiciendo la historia.

CAMINO DE PAKISTÁN

Pakistán está derivando hacia un agujero negro estratégico.

¿Acaso el país realmente cree que su mejor camino a seguir es siendo adversario de Estados Unidos, congraciándose con los militantes y convirtiéndose en un vasallo de China? Sus modelos a seguir ¿son Corea del Norte y Birmania? ¿O prefiere aplastar los movimientos jihadistas que están destruyendo el país, unirse a la economía mundial, reformar su sociedad y convertirse en una democracia real? Estas son las preguntas que Pakistán debe hacerse.

Estados Unidos, por su parte, habiendo desembolsado 20 mil millones de dólares para ayudar a Pakistán en la última década – la mayor parte para los militares– necesita hacerse varias preguntas sobre su posición al respecto.