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05 de Mar de 2021

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Italia cuelga de un alambre

Hoy miércoles el primer ministro italiano, Enrico Letta, expondrá al Parlamento la situación de máxima inestabilidad creada por la dimis...

Hoy miércoles el primer ministro italiano, Enrico Letta, expondrá al Parlamento la situación de máxima inestabilidad creada por la dimisión, el pasado sábado, de cinco ministros de su Gobierno. Todos los dimisionarios pertenecen al Pueblo de la Libertad (PDL), el partido de centro derecha, ‘propiedad’ del empresario y ex primer ministro Silvio Berlusconi, que gobierna desde hace siete meses en coalición con el centro izquierda de Letta.

Los ministros que han dado el portazo han dejado claro que lo hacen acatando las órdenes de Berlusconi, y éste no esconde que la razón última del chantaje al que está sometiendo al Gobierno, al presidente de la República y a toda Italia, es un intento desesperado de no perder la condición de senador, después de haber sido condenado a cuatro años de prisión por un fraude fiscal relacionado con su actividad empresarial. Para desgracia de Italia, y de Europa, ya que la situación de inestabilidad de ese país puede arrastrar a otros miembros de la zona euro, Il Cavaliere, como es conocido Berlusconi, controla a través de todos los medios a su alcance los designios de la política italiana desde hace tiempo. Un partido hecho a su imagen y semejanza que utiliza como un instrumento a su servicio, unos medios de comunicación que son directamente de su propiedad, y unas instituciones a las que maltrata y desprecia en interés personal.

Pero esta vez la situación es más grave que en ocasiones anteriores, e Italia se enfrenta a unos resultados imprevisibles. La prima de riesgo italiana ha superado a la española debido a la inestabilidad política, la UE demanda las reformas urgentes que necesita el país y que el Gobierno se ve incapaz de impulsar, y una nueva convocatoria electoral podría deparar un escenario aún más incierto.

El Parlamento italiano tiene un gran reto por delante: renovar la confianza a Letta para que constituya un nuevo Gobierno, impulse las reformas pendientes y modifique un sistema electoral que es fuente permanente de inestabilidad y de irresponsables juegos partidistas; o empujar a Italia, una vez más, a una situación kafkiana de consecuencias imprescindibles para toda Europa.

La cuarta economía de la Unión Europea intenta, como el funambulista que mantiene el equilibrio en alambre, no caer al vacío, y lo hace a pesar de la irresponsabilidad y la ausencia de cualquier sentido de estado o institucional del que fue un líder político, sorprendentemente, apoyado por las urnas durante demasiados años. En mi tierra decimos, de aquellos polvos, estos lodos.

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