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15 de Jan de 2021

Mundo

Dos españoles en Francia

Las municipales han situado a una mujer y un hombre de origen español al frente de la alcaldía de París y del Gobierno.

Anne Hidalgo ha conseguido su puesto en la capital derrotando al candidato de la derecha. Manuel Valls ha sido nombrado primer ministro por el presidente François Hollande, tras el histórico descalabro que los socialistas han cosechado en las elecciones municipales. Que dos personas que nacieron en España, de padres españoles, hayan llegado a las más altas magistraturas de la República francesa dice mucho de ese país y de su capacidad de integración.

Anne Hidalgo nació en San Fernando (Cádiz) y no obtuvo la nacionalidad francesa hasta 1973. Manuel Valls, hijo del pintor exiliado Xavier Valls, nació en Barcelona y obtuvo la nacionalidad francesa en 1982. Los padres de Anne fueron de aquellos emigrantes que abandonaron la España de los años 60 a la búsqueda de mejores oportunidades para su familia. El padre de Manuel emigró a Francia a finales de los años 40 y allí conoció a la madre de Manuel, de origen suizo. Miles de españoles abandonaron su país inmediatamente después de la guerra civil (1936-1939), durante la dictadura franquista y en los años 60 y 70. Los primeros en salir huían de la cárcel y de las represalias de los vencedores, los siguientes lo hacían buscando la libertad de la que carecían en España, otros salieron para proporcionar una vida mejor a sus familias. Cientos de miles de inmigrantes vinieron a América dónde, en general, fueron recibidos con los brazos abiertos. Otros tantos, como los padres de Anne y Manuel, emigraron a Francia, Alemania o Suiza. Aquellos españoles emigraban con una pequeña maleta atada con cuerda, desconociendo el idioma del país al que iban y con la referencia de algún pariente o amigo, del pueblo o del barrio, que les había precedido en la aventura. Fabricaron coches, ensamblaron lavadoras, asfaltaron carreteras y limpiaron casas. Con su sacrificio sacaron adelante a sus familias, dieron educación a sus hijos, mandaron divisas a su país e hicieron más grandes y mejores a los países de acogida.

Hoy sabemos que dos hijos de aquellos emigrantes han triunfado en Francia, pero hay otros cientos de miles de hijos e hijas de emigrantes anónimos que encontraron fuera de su país, lo que España no les quiso o no les pudo dar. Anne y Manuel son dos ejemplos de cómo trato Francia a los emigrantes españoles y también dos buenos ejemplos de cómo deberían tratar los países europeos a los emigrantes que hoy llaman a sus puertas.

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