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02 de Jun de 2020

Mundo

La burbuja futbolística

El Mundial de fútbol es un evento deportivo, es un espectáculo masivo internacional y es, sobre todo, un gran negocio

El Mundial de fútbol es un evento deportivo, es un espectáculo masivo internacional y es, sobre todo, un gran negocio, con ganancias reportadas por la FIFA de $631 millones en 2010. Hasta aquí nada nuevo. Sin embargo, la novedad de éste que viene es el fantasma de las protestas que recorre Brasil y amenaza la cuenta atrás del encuentro futbolístico.

¿Qué cambió realmente en Brasil desde que los organizadores y la FIFA lo consideraran como el país ideal para el Mundial? Realmente nada, las desigualdades estaban ahí. Pero la comunidad internacional estaba obnubilada por los logros del gigante latinoamericano, que forma parte de los BRICS, junto a las cinco naciones emergentes -Rusia, India, China y Sudáfrica- que tienen una escala de crecimiento económico capaz de variar el futuro geopolítico del mundo.

En la decisión influyeron elementos subjetivos poco transparentes que exageraron las expectativas que aportaría este encuentro deportivo en Brasil, y que como toda burbuja eco nómica, podría en los próximos días desinflarse o reventar.

La magnitud de las protestas tienen como escenario, desde el año pasado, unas 50 ciudades brasileñas y dan cuenta de lo que podría pasar. Además, las reivindicaciones (salario, techo, salud, educación, seguridad y transporte) seguirán un día después del Mundial. Lo saben los indignados que cuestionan los gastos, la corrupción y la construcción frente a las favelas de ‘estadios como catedrales’.

Las protestas se han extendido por todo Brasil a pesar del despliegue del mayor Plan de Seguridad llevado a cabo por el Estado brasileño, que ha movilizado 30 mil efectivos militares tan sólo en las fronteras. Otros miles de policías y militares cercan barrios enteros en las ciudades y las autoridades decretan la ‘ilegalidad’ de las movilizaciones. El contrapunto de esta ‘mano dura’ del gobierno es que Brasil no puede esconder que ha recurrido a la militarización del país para ‘vender’ una imagen de seguridad.

Rousseff apostó al Mundial de fútbol como la mejor plataforma de presencia geopolítica emergente. Pero podría no resultarle. Brasil pretendía que nuevamente el fútbol (lo había logrado cinco veces antes) ocultara los problemas estructurales no resueltos. Pero los coliseos brasileños abrieron la llaga de las desigualdades y dispararon las protestas en un año electoral.