26 de Feb de 2020

Mundo

Ferguson, una lección moral

Los disturbios y saqueos son sólo una parte del problema ocasionado por la muerte de un joven negro a manos de la policía

Ante la escalada de violencia social que se intensificó la madrugada del pasado viernes, las autoridades norteamericanas decretaron el estado de emergencia y el toque de queda en la ciudad de Ferguson, al noroeste de San Luis, del estado de Missouri. Pero las medidas, en vez de apaciguar a la población negra, han elevado la indignación luego de que el gobernador, Jay Nixon, aconsejara a los que protestaban que aprovecharan el toque de queda ‘para dormir’.

Esta declaración, aparentemente simple, revela la otra historia de los Estados Unidos, una nación que, según el gran historiador estadounidense Howard Zinn, explica que la historia oficial en su país no suele ser ‘muy democrática, reduce el pasado a los encuentros y desencuentros, heroísmos e infamias, de un grupo de elegidos, que por regla general son blancos’ .

Ferguson, escenario de las violentas protestas en EEUU, es una ciudad muy pobre, donde los negros suponen el 67 % de la población (21,000 habitantes), posee un alto desempleo del 9 % y un cuarto de sus ciudadanos viven por debajo del umbral de la pobreza. Es también un ejemplo de segregación racial, pues la administración es blanca, el 90% de la policía es blanca y nunca ha tenido un alcalde negro.

Los disturbios y saqueos son sólo una parte del problema ocasionado por la muerte de un joven negro a manos de la policía. En esencia, es un fenómeno que muestra que la sociedad estadounidense sigue partida en dos: poder, cinismo y frialdad por una parte blanca en Ferguson; indignación, rabia y dolor, por la parte de los afroestadounidenses. La síntesis está en las protestas por un joven negro muerto, Michael Brown, una simple caja de cigarrillos, el supuesto ‘móvil’ del robo, publicitado por la policía para justificar el crimen de un agente, y, finalmente, una nación atenta a los acontecimientos violentos, pero incapaz de comprender lo que realmente sucede.

La calle Florissant, epicentro de los disturbios en Ferguson, es únicamente ‘zona de miedo’ para las autoridades. Pero es también la imagen de historias paralelas que están sumergidas en muchas ciudades norteamericanas hasta que un crimen o un huracán —Katrina en Nueva Orleans— las haga emerger ante la opinión pública.