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27 de Jan de 2021

Mundo

Cuidemos la democracia

Desde el 2014 el país se polarizaba a extremos que hizo temer por la gobernabilidad en Venezuela

Al presidente venezolano, Nicolás Maduro, se percibe sin planes coherentes para salir de la peor crisis económica por la que atraviesa su país. Para una nación con excelentes recursos humanos y un predominio mundial en reservas de petróleo, la actual crisis, quizá la más grave en las última década del gobierno chavista resulta injustificadamente una pesadilla.

Desde el 2014 el país se polarizaba a extremos que hizo temer por la gobernabilidad en Venezuela. Además los enfrentamientos en la calle evidenciaron los factores que conducirían a una agudización de la economía en la medida que los temas de seguridad hacían imposible pensar en la estabilidad y confianza en el mercado. La inflación sigue incontrolada con un 64 % de índice anual, el más elevado del mundo. La semana pasado, según la última encuesta, Maduro registró 22 % de aceptación popular, el más bajo de su gobierno. El problema es que el 2015 será un año electoral, pues se realizarán elecciones parlamentarias.

Seguramente el gobierno chavista sufrirá políticamente las consecuencias de una economía catastrófica y que supuestamente desencadenó la caída a sus mínimos históricos del precio de crudo en las últimas semanas. Venezuela produce un promedio de 2.5 millones de barriles diarios, por cada dólar que baja el barril pierde 700 millones. No será fácil para Maduro esperar a que se cumpla el pronóstico de Arabia Saudita, que supone que en los próximos dos años el barril de crudo se estabilizará en unos 80 s 90 dólares. El presupuesto venezolana depende fuertemente del petróleo, pero recordemos que Venezuela aún con los precios del crudo arriba de los 100 dólares ha vivido iguales crisis económicas.

El presidente Maduro aseguró que cuenta con una plan para contrarrestar la crisis, y, mientras reiteraba que se trataba de ‘una guerra económica’ contra Venezuela, también explicó que había formado ‘El Estado Mayor de Recuperación Económica’, que él mismo dirigirá personalmente. Esta rimbombante retórica no resolverá el déficit fiscal de 15 puntos sobre el PIB, ni atenderá con urgencia el desabastecimiento real de la población, ni evitará la fuga de divisas. Crisis para diez años, afirman los expertos.